Definitivamente lo de hablar noruego tiene que ser cansadísimo porque nadie lo hace. Al menos en público. Nos metemos en un tren tos los seis, tres en la parte delantera de un vagón, tres en la parte trasera. A los de delante les ríñó el revisor por hacer ruido, a los de atrás fue un pasajeroSigue leyendo «Göteborg»
