Montenegro-Albania-Croacia

Kotor (Montenegro).  Vuelves a Croacia porque hace dos años te faltó Dubrovnik, y además te sobraron algunas Kunas que encontraste en un cajón y había que gastarlas y porque, qué leches, es la manera más barata de acceder a Montenegro. Así que, de momento, Dubrovnik lo ves desde el avión (que para eso fuiste muy listo en elegir ventanilla izquierda) y desde el Platanus (bus que une el aeropuerto con la ciudad). Si en el Platanus no aceptan tus Kunas pon cara de superindignado a la taquillera y luego sonríe y pon cara de tontito cuando te diga que eso que traes no son Kunas croatas sino Coronas Noruegas. Solo hay tiempo para llegar a la estación y pillar un bus dirección a Kotor,. Te sales de la UE, abandonas tu tarifa de móvil gratuita, así que apaga datos que entras en Montenegro. Y prepara paciencia para el control de salida de Croacia. Qué cansino es esto de las fronteras.

Ponte al lado derecho del bus y pasarás el trayecto atontaito con la nariz pegada a la ventanilla alucinando con el desparrame de postales que te ofrece el Adriático y las montañas. Y así, sin avisar, el bus se mete en una barcaza que atraviesa al otro lado de las Bocas de Kotor. Sin desperdicio el viaje, majestuoso.

Y ya estás en Kotor, la joya del turismo de Montenegro. Es Dubrovnik versión montenegrina, pero sin montenegrinos. Los precios son más de Holanda que de los Balcanes. Una pinta (elemento que hemos escogido en este blog para comparar precios) 5 euritos, el alojamiento en la ciudad antigua ni te cuento. Así que aquí, montenegrinos ni uno.

Kotor es como de cartón-piedra, tan arregladito, tan inmaculado, tan impecable que no sería de extrañar que pusieran una montaña rusa y lo convirtieran en parque de atracciones. Lo que no te cuadra es tanto gato callejero, y tanto gato en los magnetos, en las camisetas y en todos los kit básicos de souvenir. Ya cuando te enteras de que Kotor significa «gato» te empieza a cuadrar.

No te vayas de Kotor sin hacer la subida al castillo. Aunque abren a las 8AM no pasa nada si te ves por allí a las 7 porque amanece tempranísimo, no hay nadie que te prohíba pasar, y el bus hacia Podgorica sale a las 9:30, así que tira que te vas a la capi montenegrina:  Pogdorica.

Podgorica (Montenegro). El trayecto es, de nuevo, alucinante, atraviesas los Alpes Dináricos preguntándote donde le queda espacio a esta gente para plantar tomates o melocotoneros si solo hay monte. Previstas tres horas para ver Podgorica antes de que salga el bus para Albania. Llegas a Pogdorica y vaya birria de sitio, menos mal que el bus ha llegado con dos horas de retraso y no te vas a mover de la estación. Entras, preguntas desde qué andén sale el bus a Tirana, intentas salir de nuevo a los andenes y te cobran 2€. Porque sí. Y luego las risas, claro. Da la sensación de que buscan exprimir al turista como sea, y soy consciente de que esta gente lo ha pasado fatal con la guerra y que posiblemente eso les haya marcado la infancia y su carácter, pero tendrán superarlo, digo yo, y aprender a sonreír un poco, ¿no?

Tirana (Albania). Te montas en un bus albanés con destino a Albania. A los cinco minutos estamos parados porque se ha sobrecalentado, luego otra vez, luego la frontera…6 horas para 170 kms. Y no, los albaneses, de momento, de sonreír tampoco van sobrados, pero creo seriamente que no es la nacionalidad sino la profesión. En cada parada el conductor riñe con alguien como para quererse matar, y, aunque simpático no es, tiene otras destrezas muy chulas como conducir con el codo derecho porque su mano sujeta el móvil contra la oreja y con el otro brazo gesticula como si quisiera matar también a su interlocutor teléfonico. Mientras tanto, lo único que te hace sentir un poco en contacto con la realidad occidental es el reggeaton en español que lleva puesto todo el camino.

 Llegas a Tirana (con dos horas de retraso, por supuesto). A veces los datos macroeconómicos de un país no cuadran con la primera sensación al recorrer sus calles. Y te encuentras con una ciudad salpicada de bares y restaurantes llenos de albaneses y con mucha mejor pinta que la de tus prejuicios anticipaban.

A un minuto del Hotel Livia te encuentras con lo más destacable de la ciudad: la Plaza de Skanderberg, que no es una cerveza del Lidl sino el héroe nacional que impidió la entrada de los otonomanos en el S.XV, de poco le sirvió porque en cuanto murió entraron los turcos y se quedaron hasta principios del siglo XX. Bueno sí, le sirvió para que le hicieran una estatua.

En la Plaza, aparte de ver a Skanderberg en su caballo, se encuentra el Museo de Historia Nacional y el Teattro de la ópera. También la mezquita de Et’hem, que a veces está en obras y no la puedes ver pero que cuando tú vengas seguro que el chaperón está acabado. No tiene mucho que ver Tirana si lo que buscas son grandiosos monumentos, pero si disfrutas paseando por sus calles, por sus plazas y por sus mercados bebiendo cervecita barata (150 lek una pinta, 1,20€) y disfrutando de la autenticidad de una capital sin turistas, Tirana está bien chulo.

Berat (Albania). Si no distingues entre el albano-kosovar y el serbo-croata tampoco te fustigues mucho, a mí me pasa igual. Y como el taxista que nos lleva a la estación de autobuses solo chapurrea italiano le puedes hablar en español con acento italiano y verás qué bien os entendéis. Hoy nos vamos a Durres. Bueno…a lo mejor.

Llegas a la estación de bus (por llamar de alguna manera un parking polvoriento con furgonetas y autocares) y te ofrecen Berat. Y como nos suena y hace mucho calor cambiamos de planes. Dos horas dirección sur y ya estamos en Berat, ciudad Patrimonio de la Humanidad con 35º a la sombra y una fortaleza en la cima de un monte al que tienes que subir porque si no para qué has venido y todas esas cosas con las que te fustiga tu conciencia.

Berat se divide en tres barrios: el de Gorica (cristiano), de Mangalem (musulmán) y el de Kajala que es con el que más vas a sudar para subir a la ciudadela.

 Quitando los 35 grados, ha sido un acierto (casi involuntario) prescindir de Durres, ciudad portuaria que no parece nada interesante, al menos desde el bus. Por cierto, a Berat se la conoce como ciudad de las ventanas, lo digo por si tienes una fábrica de limpiacristales.

Kruja (Albania). Moverte en Albania por tu cuenta no es tan sencillo como tú te imaginas. Según tu destino tendrás que ir a una u otra estación de autobuses  en la que no encontrarás paneles ni información, ni andenes, solo una especie de recinto caótico, y preguntes por lo que preguntes tu autobús tardará mucho en salir pero tu interlocutor siempre estará dispuesto a llevarte en coche pagando 10 veces más. Nos han ofrecido llevarnos a Kruja por 30€ (30 kms, que traducido al albano es hora y media), en un minibús de línea nos ha costado 2’5. Además cuenta con que salir a carretera es salir a la aventura. A mitad del camino al conductor se le hace pesado ir en caravana así que ataja por un camino de tierra y grandes socavones y la excursión a Kruja se convierte en safari.

El pueblo está muy chulo, al castillo se accede por un mercado que te traslada a otros continentes, aunque desde que entraste en Albania tengas esa impresión. El castillo está totalmente restaurado y alberga el Museo de Skanderberg porque resulta que el tipo era Krujano (o como se diga) y entre eso y que Kruja fue la primera capital, da como resultado  que Kruja sea centro de peregrinación para albaneses de todo el país.

Tirana-Shkodra (Albania). De vuelta a Montenegro elegimos hacer parada y noche en Ulcinj, y con eso te evitas Pogdorica y descubres la ruta sur que bordea el lago de Shkodre, ciudad albana que le da nombre a este inmenso lago que comparten los dos países. Fácil, llegas a Shkodre, ves la ciudad durante dos horas y pillas el bus a Ulcinj. Eso era lo previsto…pero: llegas a Shkodre con considerable retraso, pierdes el bus a Ulcinj, te metes precipitadamente en un bus a Budva  (una vez dentro, nadie sabe quién y porqué ha tomado esa decisión) y repites la ruta de Pogdorica. Otra vez por los Alpes Dináricos sin quitar la nariz de la ventanilla del bus, otra vez el reggaeton hispano en la radio…pero esta vez, tipo listo, no entras en la estación y te ahorras los dos euros que te costaría salir.

Budva (Montenegro). No te preocupes que a veces con errores se acierta. Imagina, si puedes, las calas de Ibiza y la monumentalidad de Kotor, y añade un ambiente de terrazas interminables por todo su paseo marítimo…y con precio asequible. Si puedes evita el Hotel Kangoroo que huele fatal. El bañito en el Adriático que no falte, y se te pasa tan rápido el día en Budva que lo pones en tu punto de mira por si vuelves por aquí antes de que esto se llene definitivamente de turistas y cruceros (ya casi lo está). Como te da tanta pena abandonar Montenegro lo haces muy lentamente: tres horas en la frontera. Ya has vuelto a la UE, estás en Croacia, conecta los datos.

Dubrovnik (Croacia). Aunque fue el primer punto del viaje, es ahora cuanto vas a tener más tiempo de pasear por sus calles y darte un bañito en las transparentes aguas que bañan sus murallas. Y qué pena que pasaras totalmente de Juego de Tronos, porque aquí hubieras disfrutado mucho más si supieras interpretar todo el merchandising sobre la serie.

La ciudad es realmente impresionante, los precios también. Nos habían dicho que la mejor hora para pasear por la ciudad es por la tarde cuando se van los cruceros, pues no te creas mucho: la ciudad está petada mañana y tarde, tanto que hay calles divididas por la mitad por una cinta para que los que viene circulen por un lado y los que van por el otro, y con eso evitas que las masas se estrellen. Así que si no puedes con tu enemigo únete a él: ponte las bermudas, la gorra, y a hacer colas, a hacer fotos, y a hacer bulto.

Si echas cuenta una noche en un hotel de Dubrovnik sin desayuno te cuesta casi lo mismo que el de Tirana por cuatro noches y con buffet incluido, así que desde la monumentalidad de Dubrovnik y sus Juegos de Tronos y su puta madre empiezas a echar un poquito de menos la humildad y la autenticidad de Albania. No me extrañaría volverme a ver por allí algún día, ¿que no?

Dublín

Si pusiste mal tus apellidos al hacer la reserva de vuelo más te vale pensar para tus adentros que en qué estarías tú pensando mientras que para tus afueras pones cara de indignación total y le echas la culpa a la compañía o a alguien que pase por allí. Con eso te dejan pasar, pero bajo la amenaza de “lo-mismo-no-vuelves”, así que para la vuelta llegas con una antelación desmedidad por si tienes que indignarte otra vez. Y aquí me tienes dos horas antes en la puerta de embarque porque nadie se ha fijado en esa tontería de cambiarme de apellidos. Y como siempre, échate un poco de la colonia más cara para oler sofisticado. Si te echaste de mujer sin querer, échate el doble de la de hombre porque tiene que hacer dos funciones: primero tapar el olor anterior y luego lo de la sofisticación. No sé si me hueles pero yo me tengo mareaito.

La primera vez que estuve en esta ciudad dije que era de las capitales europeas más feas que había visitado, no te creas que vi mucho aparte de los bares de Temple Bar, así que no le hice mucho caso a mi opinión y me vine 15 días para corregirme. Sí, es verdad que no es tan majestuosa como otras capitales pero no le faltan sitios chulos, es más pequeñita, y los bares siempre están superanimados. Bueno…no todos, si te vas a mi barrio (Rialto) te puedes tomar una pinta por la mitad que en el centro y aquí los irish-irish, no los guiris de las zonas turísticas, están callados con su Guiness en la barra escuchando las noticias o viendo algún partido. Así que cuando entres en un anímadísimo bar donde todo el mundo canta y baila pregúntate si todos son turistas antes de colgarle a los irlandeses el sambenito de alegres y animados.

Ahora que te has tomado unas pintas monta que te llevo a recorrer la ciudad. Espero que te guste andar, las distancias son asequibles y el transporte público es deficiente y caro. Te llevo a la Christ Church, también conocida como la Catedral de la Santísima Trinidad. Si llegas y hay dos filas en la que en una hay que pagar 7€ y en la otra hay una excursión de Getafe, elige B. Aprovechando que sus verdaderos profes han entrado los primeros, métete entre el muchacherío y a la hora de pasar los tornos ponte el traje de profe entregado y, gesticulando bien para que te vea el de seguridad, motívales con un “venga chicos, id entrando”, mientras se miran entre ellos pensando “quién-es-este-tío”. Mientras pasas por el torno abierto para grupos caen en la cuenta: “se ha colado, tú !”, se decían mientras me sonreían agradecidos por esa clase magistral que acababan de recibir. La otra catedral es la de Saint Patrick por la que paso todos los días para volver casa, pero sin los de Getafe no es lo mismo.

Mientras despotrico del tráfico tú date una vuelta por, O’Connell Street, la principal arteria de Dublín. La calle comienza sobre el río Liffey, en el puente O’Connell (un puente más ancho que largo), y finaliza en Parnell Street. Por esta zona los semáforos duran en verde 6 segundos, por mi barrio dos. Es imposible llegar al otro lado con el muñequito verde encendido, razón por la cual, muchas selecciones olímpicas de los 100 metros libres vienen a ejercitarse a los semáforos de Dublín. Los pitidos son constantes en los cruces, los pasos de peatones casi inexistente, a veces, cuando cruzas entre los coches, te da la sensación de estar en otras latitudes. Eso sí, los precios son del primerísimo mundo: casi tres euros el bus urbano por trayecto. No hay metro y las dos líneas de tranvía no se cruzan entre sí, no sé si lo hicieron sin querer o para hacer de reir…y en fin, que el transporte es un desastre. Si vienes por dos días casi mejor es que te montes en un bus turísticos y te garantizas todo el recorrido y una buena clavada de esas que escuecen, pero será otro  bonito motivo para el recuerdo.


Supongo que mientras yo hablaba tú habrás llegado a Temple Bar, que no es un bar, sino un barrio, y ya te habrás mezclado con otros guiris a tomarte una pinta por 7.5 €. Venga, de un trago, que te llevo a Grafton Street, una de las calles peatonales más importantes y concurridas de toda la ciudad donde puedes tocarle las tetas a Molly Malone si quieres volver a la ciudad, ya sabéis que estas supersticiones son científicamente demostrables y por eso esta frutera tiene esas tetas tan brillantes. Y porque su escote tira más que su carreta, que sepas que la canción de Molly Malone es el himno de Dublín.

 Sigue la ruta y date un  respiro en St Stephens Green. Construido en 1664, es uno de los parques públicos más antiguos de Irlanda, no se hizo como parque sino como abrevadero de ovejas y eso era muy apreciado por la burguesía y por eso el parque está rodeado de casas señoriales…ya sé que no te cuadra pero te juro que yo entendí eso, reclamaré a los de la academia de inglés.
Si aún te quedan fuerzas vete al otro lado de la ciudad para adentrarte en Guinness Storehouse, la fábrica de Guinnes, el símbolo de la ciudad junto con el trébol y un señor vestido de verde de cuyo nombre no puedo acordarme. Sí, no ha sido como lo de las ovejas, has entendido bien: la entrada cuesta 20€ pero el señor de la taquilla no tiene culpa para que tú le mires con esa cara de tonto que se te ha quedado. Menos mal que incluye una cañita en el último piso y las vistas son chulas.

Ya que estás cerca, pilla una bici en dublinbike que te vas a Phoenix Park, el parque urbano más grande de Europa. No siempre ocurre, pero a veces pasa que llegas al parque y se pone a nevar, algo no demasiado corriente en Dublín. Nieve sí, pero ni ciervos, ni venados ni otros bichos que te dijeron en la Escuela, así que cuando te aburres de dar vuelta por el bosque vuelves a la ciudad. Mejor deja la bici aparcada porque ya con un par de ocasiones comprometidas ya te has convencido de que eres un peligro para tí, pero también para los demás, conduciendo por la izquierda.

Has llegado al Castillo de Dublín, pero si quieres ver la parte vikinga tiene que ser con guía y después de las 16h no hay así que te hacen un vale que todavía conservo en el bolsillo, si vas a ir te lo doy y te ahorras la entrada. Y si tienes tiempo entre pinta y pinta date una vuelta por la Galería de Francis Bacon, el Museo de la emigración irlandesa y el Museo Nacional. Tampoco te va a pasar nada si sigues en el pub, ya te lo digo.

Y desde el aeropuerto te das cuenta que no has visitado Kilmainham Goal, la cárcel más famosa del país reconvertida en museo de la independencia. Si no es por las tetas de la Malon será por esto, pero volveré.

(y ya en España, te das cuentas de que uno de tus compas en la Escuela, un chaval italiano, es youtuber de esos que van a los sitios de gorra solamente por el impacto que tienen sus videos. Como al final no me animé a ir con él a Belfast me metí en su canal para ver qué había subido y a) su vídeo está tan chulo que me he ahorrado dinero y he visto lo mismo, b) sigo impactado con el medio millón de  seguidores !!!!…Jaki, con esta mención en mi blog seguro que en unos días llegas al millón !!! pincha este enlace para conocer a Jaki)

Bosnia-Hezergovina, Mostar

Sí tienes por ahí 70€ puedes visitar Mostar desde Split en una excursión organizada. Si te parece un abuso y eres más de ir por libre vete a la estación de bus y pilla la línea regular de pasajeros que además te va a llevar por todos los pueblos de la costa dálmata. El bus circula entre la pared vertical de las montañas y el mar, aquí para un campo de golf no da. Por esta estrechez verás muchas casas al borde del mar lo que les acarrear tremendos problemas con los felpudos que, día sí día no, son arrastrados por la marea.

Recorres los primeros 24 kms en hora y media ya que circulas por un continuo paseo marítimo con sus señores con sombrilla en bandolera, sus puestos de sandías, y, lo normal, un coche en llamas al lado de los chiringuitos…qué disgustazo el de alguno cuando vuelva de tomarse la caña.

Abandonas la costa y empiezas a subir por unos acantilados que no puedes fotografiar porque la vista, y la conducción, te llevan paralizado desde lo del coche en llamas.

En mitad del monte puede ser que el autobús pete. No hace falta que señalices la avería ni nada, total, estando en plena curva qué va a pasar! Los pasajeros locales paran a los coches que pasan y se suben en ellos, parecen acostumbrados a esta maniobra.  Aparecen unos mecánicos no sabemos de dónde y arreglan la correa de distribución, por ejemplo. Solo por un rato. Llegas a un pueblo… y nada, que va a ser que no, que la avería ahí sigue. Si aparece una furgoneta en un estado lamentable pensarás que imposible, que ni de coña van a meter ahí a los 15 pasajeros que aún sobrevivimos. Vaya que sí. Cómo los guiris somos de otra pasta te lo tomas a guasa y así evitas pensar que las ventanilla no se abren y en cualquier momento alguien puede morir axfisiado (con más papeletas dos hermanos veinteañeros alemanes aplastados por las mochilas que de vez en cuando emiten algún sonido para que sepamos que siguen ahí).

Como entras en Bosnia sales de la Unión Europea. Inhabilita los datos del móvil si no quieres tener un disgusto, pero quitalo antes de la frontera porque antes de llegar puede meterse la señal bosnia  y ya la has preparao!. Has tardado 6 horas en recorrer 178 kms. Así que, para devolvértelo, has leído hasta aquí sin tener una sola información de Mostar.

Sí te pasa todo lo anterior tendrás poco tiempo para ver la ciudad y lo de bañarte en el Neretva déjalo para mejor ocasión. así que ves atravesando calles con edificios tiroteados, directos al Stari Most, el Puente Viejo. Algún mozo del pueblo espera a tirarse desde el puente a cambio de unas monedas para que los turistas aplaudan. Como tienes sentido de la ética te parece un poco denigrante. Si donde leiste «unas monedas» lo cambias por 25€ ya te parece un negocio en toda regla y supongo que el mozo estará de alta en autónomo y con epígrafe fiscal de saltapuentes, así que a esperar a que venga un político corrupto o un director general de algo para que el resto podamos aplaudir.

El Stari Most te suena del telediario porque los croatas lo dinamitaron y su reconstrucción ahí la tienes para recordarnos el sinsentido de las guerras y el grado de estupidez del ser humano. También te puede sonar porque los Mostari cobraban el pasaje del puente y son los que le dan nombre a la ciudad, que es razón mucho más serena que la anterior.

La guerra de Bosnia sigue muy presente en edificios y puestos callejeros, también los Cascos  Azules españoles que se hicieron cargo de la ciudad en los peores momentos. El eco de nuestros soldados se aprecia en la Plaza de España dedicada e ellos, y se escucha en el primer bar que pisas donde tienen puesto flamenco de ese CD que les regaló aquel teniente de Graná.

La sensación de estar en el corazón de Europa en un zoco típicamente árabe es otra razón por la que la visita merece la pena, recuerda que gran parte de los Bosnios son musulmanes. Aunque Mostar no está en Bosnia sino en Hezergovina que, aunque tú te creas que es lo mismo, son territorios distintos que comparte un mismo Estado al que normalmente llamas Bosnia, porque si lo dices entero son muchas silabas seguidas para esa gente con la que te juntas y quedarás como un pedante.

Cuando entres en la oficina de la estación de bus olvida que disfrutaste con la odisea del viaje de ida y pon cara de indignado total. Saca a relucir la vena jurídica (ésa que llevas desde la Facultad),  y exige que la vuelta sea gratis porque incluso en serbocroata se entiende que es lo justo. Y hala, de gratis pa Split!!!

Y de Split a Madrid. Y de Madrid, como siempre, al cielo: estamos en casa. 

Croacia (III), Split e Islas de Brać y de Hva

Llegamos a Split, etapa marítima y playera del viaje. La segunda ciudad croata en población es Patrimonio de la UNESCO por su legado romano y su casco histórico plagado de bares y restaurantes donde puedes pagar 7€ por una cerveza si eliges fatal, y aunque el sitio se llame La Bodega ni una tapina ni un ná.


También puedes ver aires acondicionados y ropa tendida en pleno casco histórico, y, por supuesto, mil y una agencia que te abruman con actividades náuticas y excursiones superinolvidables para agotar la semana que te queda y las kunas con las que pagas. Tras riguroso análisis financiero te decides por el transporte público que es unas 20 veces más barato y sin necesidad de compartir entrañable barquito con el imperio austrohúngaro y las huestes teutonas jartaitos de cerveza.

Con lo que cuesta alquilar una tumbona en las playas encementadas de Split (70 kunas) tienes para el viaje de ida y vuelta a la Isla de Brać en ferry (66 kunas) y, aparte de la isla, te vas quedando con la orografía de la costa dálmata. 

Las aguas cristalinas del Adriático te acompañarán durante toda la estancia. Nadar y bucear en estas aguas es adictivo y, como está calentita, puedes estar horas a remojo. Es como nadar en un acuario. Seguro que sabes de qué te hablo porque, por lo general, quien más y quién menos se ha caído alguna vez dentro de uno.

La Isla de Hvar está un poco más lejos (dos horas en ferry) y cuesta tumbona y media de Split. Llegas a Stari Grad, un pueblo superchulo con tenebrosas expectativas económicas porque es la hora de comer y no hay ni el tato en los restaurantes.

Vete a bañar a este nuevo acuario, sumérgete, persigue a los pececillos, sal a respirar, quítate las gafas de snorkel, frotate los ojos y sí, en efecto, la Séptima Flota encara la ensenada camino del puerto. La escena se abre a decenas de veleros y catamaranes cargado de turistas deseosos de poner los pies en tierra porque contrataron una travesía inolvidable y ahora juran que jamás volverán a meterse en un camarote y que cuánto mejor un hotel. Pues eso, por la tarde el puerto, el pueblo y los restaurantes petaitos.

Y nosotros a Split, dónde tienes dos opciones: quedarte por la zona de marcha, que es como Ibiza, o retirarte a casa a beberte una Ozujsko con la gente del barrio. Para no condicionarte callo nuestra elección.

Próximo post: Bosnia-Hezergovina, Mostar

Croacia (II), Parque Nacional de Plivitze

Para entender mejor este post necesitas un ejercicio previo: ve al cuarto de baño, tapa la bañera, abre el grifo todo lo que puedas y ponte a leer bajo la banda sonora de los Lagos (si no tienes bañera hazlo en el fregadero, no lo busques en el baño, suele estar en la cocina).

Aunque en 1949 la conservación de la naturaleza no era una prioridad ya se dieron cuenta los entonces yugoslavos que tenían que proteger esta joya y lo catalogaron de Parque Nacional. En 1979 pasó por aquí un señor de la UNESCO y dijo: «!me cagüen en la leche, qué chulo!», y lo declararon Patrimonio Universal de la Humanidad. No es para menos. Se te acaban los adjetivos y las interjecciones malsonantes para describir el recorrido por los Lagos. Las fotos te pueden hacer una idea, la realidad lo supera por goleada.

La zona accesible del Parque la componen una serie de Lagos unidos entre sí por más de 90 cascadas. Hay tres accesos, ten cuidado porque si te bajas en el primero y tu hotel está en el segundo ya la has liao; menos mal que en el crítico momento el conductor nos deja volver a subir al bus (la china del post anterior ya está sentada como una persona, que sé que te dejo preocupad@).

La entrada al parque incluye unos trenecitos y barcos eléctricos que facilitan varios recorridos según el tiempo de que dispongas. Si tienes dos días el primero lo dedicarás a andar al buen tuntún porque desde arriba ves los Lagos y, de pura ansia por llegar, decides que la señalización es incomprensible. Al segundo día ya te das cuenta de que la señalización es fácil, pero eres un cagaprisas, aunque improvisando hiciste lo mismo que hubieses hecho siendo consciente de lo que hacías.

La roca caliza y ciertos musgos y algas son los responsables de que la erosión esculpa estos paisajes de cuento. Te aseguro que el agua de la bañera que estás llenando no es tan transparente como aquí. Atontaito te deja los diferentes tonos de azul y verde que, según incida la luz, puedes disfrutar en el recorrido. Cuando se cae una roca o un tronco en el agua cierto tipo de alga lo engulle y da ese fondo blanco que luego la luz proyecta en diferentes colores (si eres químico -y me consta algún lector de esa calaña- perdón por la sandez científica que acabas de leer, pero eso interpreté yo leyendo un cartelito).

En el Lago principal de la entrada 2 puedes coger una barquita para decir que desde fuera parece más fácil y que menos mal que no te tocó vivir en tiempos de galeras.

Mejor sigue recorriendo senderos entre densos bosques de hayas y densidad preocupante de guiris. Supongo que acabarán poniendo aforo limitado para que el turismo masivo no colapse el Parque. De momento, y como sueles ver el lado positivo de las cosas, el tener tanta gente compartiendo camino te hace ir más tranquilo, que lo sepas: por aquí hay osos y lobos, pero no te costará encontrar a niños y ancianos que, supones, serían presas más fáciles llegado, como suele suceder, un repentino ataque.
Como esto se acaba, cierra el grifo ya y no me eches la culpa de la probable inundación, eres tú que lees muy lento.

Próximo post: Split, Isla de Hva, Isla de Brać.

Croacia (I), Zagreb

«Cinco ciudades que tienes que conocer antes de que el turismo las estropee», ahí estaba Zagreb, la primera de la lista en un artículo que leí hace poco. Y aquí estoy yo, a contribuir a estropearla con la enorme repercusión mundial que supone su inclusión en este blog.

Esta vez la inmersión lingüística será un poquito más profunda que en Hungría ya que en Croacia estaremos más tiempo. No te lo transcribo porque no escribo desde un tren sino desde un autobús donde el copiar y pegar del traductor es mucho más difícil. Lo básico que debes aprender en croata es: gracias, hola, cerveza, y yo-no-he-sido. Con eso creo que te podrás defender. Por cierto, llevo una china en mis pies. No una piedrecita en el zapato sino una china de China: hay overbooking en el bus y aquí no rige lo de los últimos serán los primeros sino que se quedan sin asiento y paquí anda tirá.

Me lías y no te saco por Zagreb, venga, va. La zona monumental de la ciudad es pequeñita así que en día te la puedes espabilar si por una vez me haces caso. Comienzas por un recorrido en»U» que forman tres grandes parques urbanos. El paseo descubrirás edificios imponentes con nombres impronunciables así que no te esfuerces. Desemboca en la Plaza de Ban Jelačić, centro neurálgico de la ciudad y ahí verás la estatua de Pizarro, que no es Pizarro sino Jelačić, pero para quedar entre nosotros mejor el nombre en trujillano.

Procura no acabar reventado en los raíles de los tranvía y dirígete al funicular que vas a subir al barrio de Gradec, el más antiguo de la ciudad. Mira qué bien, por 20 kunas (3€) ya estás en la Torre Lortckasc con la mejor panorámica de Zagreb y con un cañón que dispara toda las mediodías, en principio en conmemoración de una batalla, pasado los años para que los zagreños pusieran el reloj en hora justo a las doce (no es broma, lo pone dentro de la torre). Como ahora hay unos enormes relojes digitales en todas las plazas importantes, el cañonazo solo sirve pa indicar la hora de las cañas (esto quizá no lo ponga). Desde la Torre ves bien cerquita la Catedral y sigue girando un poco y ahí la tienes: la iglesia de San Marcos que con su tejado de azulejos es la imagen más fotogénica y reconocible de la ciudad.

Alrededor de San Marcos encontrarás varios edificios históricos que hoy son sede del gobierno, Ayuntamiento  y el Parlamento. También algunos museos, entre ellos el Museo de las Relaciones Rotas (sí, así como lees), que debe su éxito y su fama a la originalidad de hacer un Museo que descarga de dramatismo las rupturas haciendo un guiño a la vida que pa qué las penas.

Y para terminar una cañita en la calle Tkalčića, siempre animada…y bruscamente acaba este post. Estoy atravesando montañas con destino al Parque Nacional de los Lagos de Plitvice, me estoy empezando a marear de escribir en el móvil y bastante tiene la china con ir tirada en el pasillo, que no quisiera yo que se lleve otro espeluznante recuerdo a modo de tropezones de mi desayuno, así que hasta aquí llega Zagreb.

Próximo post: Parque Nacional de los Lagos Plitvice, en unos días.

Hungría (II), Lago Balatón

La línea 6 del metro de Budapest es la que vas a coger para llegar a la estación de trenes de Deli. Allí espero que encuentres al chaval que nos ayudó a coger los billetes a Siofok porque mira que las cosas han mejorado desde que estuve por aquí hace un montón de años, pero el húngaro  sigue sin evolucionar: no hay quien lo entienda.
Menos mal que en Siofok todo está escrito también en alemán, hecho que a ti te facilitaría tanto las cosas como a mí.

Tampoco entenderás el cartelito en un caserón abandonado que debía ser tu hotel, pero a «se vende» es la suposición más razonable. Sí, ríete, no tenemos alojamiento. Espero que Booking me calle la boca con una indemnización millonaria para quitar este párrafo y evitar que los millones de lectores de este blog se enteren de que alquilan alojamientos que no existen y te hacen buscar habitación un sábado de julio en el lugar más turístico del país.


Al lío, que tú venías a visitar el Lago Balatón y lo mejor que puedes hacer es alquilar una bici por la friolera de 20€/día…pues se las van a comer con patatas!, sobre todo si la primera tarde te pilla lloviendo y te facilita la decisión de descartar bici. Pero tú, si eso, da la vuelta completa que solo son 240 km de perímetro, un paseino pa ti.

El Lago es el mar interior para los húngaros y su lugar de vacaciones desde época soviética, fíjate que los apartamentos del «Un, dos,tres» húngaro los daban aquí. Los hoteles son de la misma época. Sin ir más lejos, en el nuestro puedes encontrar unas toallas buenísimas que compraron hace 50 años y ahí siguen dando su servicio. 

Venga, date un bañito a las 9 de la mañana a 20 grados porque debe ser un contraste placentero introducirte a 25 grados que, según la Wikipedia, es la temperatura del agua.Y una mierda!. Fría no está pero olvídate de la bañera calentita que pensabas encontrar. Y ya ni te cuento si vienes en invierno, que hemos visto fotos del lago completamente helado. Puedes animarte a venir en enero a patinar y a cazar osos. Ya tienes plan.

Próximo post: Zagreb, en unos días.

Hungría (I), Budapest

Si las temperaturas en España van a marcar récord histórico más vale que hagas las maletas rumbo al fresco, Budapest te podría valer. Cambia unos euros en el aeropuerto para llegar con algunos florines y quédate con ese regustillo amargo de saberte previsor y, al mismo tiempo un poco idiota porque sabes de otras veces que en los aeropuertos mejor ni tosas. El taxi lo hubieseses podido pagar en euros, pero ahí vas tú tó chulo a pagar con los florines y el taxista elige los más convenientes porque, según él, llevamos florines falsos, así que no te queda otra que cambiarlos rápidamente por cerveza, que en los bares no son tan tiquismiquis. Cuando te expliquen que al abandonar el apartamento has de dejar las llaves en el buzón pon cara de que lo entiendes a la primera porque si no te lo muestran gráficamente y luego no pueden abrir el buzón porque acaban de tirar la llave dentro y dime tú si se puede ser más tonto. 

Hay blog de viajes con información súper detallada de lo que puedes ver en Budapest, si es eso lo que buscas no pierdas más tiempo aquí. Yo solo te digo que tampoco te mates recopilando información, que si no quieres sorpresas mejor quédate en casa. Y dicho esto, tómate una pinta por poco más de un euro y aprende a pronunciar «konzonom» para dar las gracias. Sopesa muy seriamente gastar 28€ para un pase de dos días en un bus turístico y luego gástate 6 en un bono de transporte público. La red es moderna y eficiente y con Google map ya no tienes excusa para ver la ciudad desde la perspectiva (social y visual) de los budapeños (no creo que entre ellos se llamen así, pero tampoco creo que se asomen a este blog a quejarse en masa).


Ahora que ya sabes decir Konzonom y dominas metro, tranvía , buses y GoogleMap puedes lanzarte en barrena a descubrir esta imponente ciudad. Si subes al Bastión de los Pescadores (en la parte de Buda) tendrás unas vistas inmejorables del Parlamento (en Pest) que como sabes es el edificio más grande de Hungría y el más alto de la ciudad. 

Atraviesa el Danubio por el Puente de las Cadenas, que de por sí ya merece un paseo, y en un plisplás te ves en un tranvía camino del Mercado Central porque has leído no sé donde que si tienes poco tiempo no te metas en el Parlamento.

Y de tiempo andarás regular si quieres visitar la Basílica de San Esteban,  que es el edificio más alto de la ciudad y ya son dos los más altos así que no te fíes de internet y ponte a medir. Sin ser edificio, lo que está bien alto es la Ciudadela donde te venden unas buenas vistas, que sí, pero no te cuentan que subir hasta allí en pleno julio es convalidable con la ola de calor en tu pueblo . Si quieres algo más cómodo para encaramarte sube al Budapest Eyes que así dicho mola más que sí lo llamas noria.


La última noche que pasas en la ciudad suelen organizar una fiesta del copón en el Danubio a modo de despedida: láseres, drones, música , doscientos bailarines, fuegos artificiales, el Castillo iluminado, un señor que te riñe para que te levantes cuando suena el himno nacional y abanderados de 150 países portando su banderita. O para despedirnos o como ceremonia inaugural del Campeonato del Mundo de Natación, no nos quedó muy claro.

Próximo post : Lago Batalan, en unos días .


Copenhague

Si vienes al Báltico en febrero seguro que esperas paisajes nevados y un frío helador, así que si la temperatura no baja de cinco grados te sientes un poco defraudado. Y de nieve….una estafa de estampa invernal !, algún montoncito sucio en la acera y poco más.

Estás en la que dicen que es la ciudad más feliz del mundo, así que si dejas de quejarte te saco a la calle aprovechando que no llueve. Muy limitadito tienes que ser para no llegar del aeropuerto al Centro: sigue a la gente, monta en el metro y en 20 minutos estás en Nørreport, pleno centro, y de ahi a casa dos minutos andando. Pero te aviso por si vas a venir: no descartes que tu alojamiento no esté exactamente ahí y andes vagando por Copenhague echándome la culpa de tu torpeza.


Así que si te digo que la Torre de Rudentarn te queda al lado de casa que sepas que lo digo desde mi punto de vista. Esta torre fue construida como observatorio astronómico y hoy en día es el mejor mirador de la ciudad. Sorprendente que en vez de escaleras te encuentres un pasillo en rampa que da siete vueltas a la torre hasta llegar arriba. Y arriba un telescopio y las mejores vistas de Cophenhagen.
 
Ahora que has visto la panorámica de la ciudad ya eliges tú dónde quieras ir, imprescindible la calle Nivhan, muy fotogénica. Paseando al buen tuntún encontrarás el Palacio de Christiansborg, actual parlamento danés; eCastillo de Rosenborg, la Iglesia de Mármol, o quizás tu prefieras irte de compras por Strøget, que según cuentan, es la zona peatonal más grande de Europa (yo, te confieso, no la he medido). También puedes irte al Tivoli, el parque de atracciones más antiguo de Europa, o, qué ganas tenías, echarte una foto con la Sirenita mientras ves a un autobús de asiáticos bajarse, fotografiarse y subirse de nuevo al bus en no más de 10 minutos. Para leer batallitas de todos estos sitios quizá no estés en el blog adecuado, si te has creído que esto es una guía de la ciudad vas bastante desenfocado, aunque peores cosas has hecho en tu vida así que lo mismo sigues leyendo porque te mata la curiosidad.

 
Como veo que sigues aquí intentaré resultarte útil: una pinta de cerveza no la encuentras por menos de 9€, a bocajarro te lo digo para que no te llames a engaño, así que mejor pídete un cafetito que verás qué risa te da cuando traduzcas las coronas a euros y te des cuenta de que te acaban de soplar 5 € por querer evitar la cerveza. Asi que mejor tira de supermercado que son bastante más asequibles, y además es lo que hacen los copheganienses o como se llamen estas gentes. Al menos en Christiania, que, como sabrás, es ese barrio autosuficiente donde está permitido el trapicheo con drogas blandas y donde todo es reciclado y ecológico y alternativo y moderno y súper guay y súper buenrollo, y estupas budistas y banderines del Nepal; y garbanzos en la sopa,  en el humus, en la lasaña, en la ensalada o en cualquier cosa que pidas en una casa reciclada en restaurante vegano; y ese olorcito a porro por las calles, y que qué pena de rastas pa no desentonar! 

Supongo que con el rato que llevas aquí ya te habrás alquilado una bici, ¿verdad? Porque Cophenague sin sus bicis es como…jo, te vas a tener que inventar un símil ocurrente, a mi no se me ocurren más que ñoñerías u obcenidades: sin término medio me hallo sobrevolando Bruselas. La bici 10 € por 24 horas, para que veas que no todo es excesivo, además ni te piden fianza ni documentación ni nada: pagas y allá tu conciencia si decides devolverla. Esto podría ser el paraiso de los…uf, a puntito he estado de ofender a una minoría étnica !, ya si eso la ofendes tú en tu pensamiento si aún consigues aflorar alguno tras asimilar tantas ideas agolpadas.

En este puente carnavalero hemos visto ganar un concurso de disfraces a una chica vestida con un albornoz y una toalla en la cabeza, lo ostentoso y lo danés nunca van unido, la «hygge» consiste en eso: disfrutar de lo sencillo, esa es la «felicidad» danesa. 

Bueno, que te vas, pero no olvides reservar 35 coronas para pagar el metro hasta el aeropuerto. Procura comprar el billete previamente, porque como no hay tornos ni nada que te impida entrar, cuando te quieres dar cuenta ya estás subido en el tren con tus 35 coronas intactas (pero pasando un mal rato que ni pa qué porque los hay que pa estas cosas no valemos), así que, para gastar las coronas, te tomas un capuccino en el aeropuerto al mismo precio. Y te escaldas la lengua porque Dios te castiga… pero juro que ha sido sin querer, que no sabíamos dónde pagar. ¿Alguien colecciona monedas?, me siguen sobrando 35 coronas.

Praga

Podría empezar con lo de la Ciudad de las 100 Torres y tal, pero eso está muy manido así que, como nunca habrás estado (ni estarás), en la sala VIP de un aeropuerto voy a empezar por aquí. Una sala VIP es aquel sitio donde la gente no se atiborra a comer ni beber aunque haya barra libre, tampoco se hacen fotos como si fuera algo exótico, ni es sitio para surtirse de sobrecitos de Colacao para una semana.  Ahora te preguntarás qué hago yo ahí rompiendo esquemas. Pues eso, tú lo has dicho. Ya otro día te cuento como me convertí en Very Important Person, ahora vete a embarcar y regresa a tu mundo atravesando pasillos de gente corriente que chillan y ríen y pagan por sus refrescos.

Si al llegar a Praga pillas el AirPort Express (AE) te dejará a las puertas de tu casa, eso si fuiste list@ y te alojas en Namésti Republiky, si eres como sueles ser apáñatelas tu solito. Como estás en pleno centro y tienes varios días por delante puedes diseccionar la ciudad por zonas al mismo tiempo que diseccionas un Tldo, dulce omnipresente que es como la fusión entre los crêpes y las perrunillas, pero cocido a la leña.

 La primera zona Josefov, el Barrio Judío. Mientras encuentras la sinagoga española ya he encontrado yo la modernista Casa Municipal al lado de la Torre de la Pólvora por lo que ya pasas a la segunda zona: Staré Mēsto, la Ciudad Vieja.

 Camino de la plaza te encontrarás varios tours, la mayoría gratuitos: aunque no veas ni una sola nube verás muchos paraguas, varios con la banderita española, pero ya que estás aquí prueba con los white umbrellas que vas a practicar inglés. 
Y si te toca un guía australiano intenta disimular durante tres horas que te estás enterando. Cada paragüas es seguido por su rebaño. A veces cuando se juntan varios rebaños en las estrechas callejuelas la cosa se complica, y ya ni te cuento cuando la transhumancia desemboca bajo el famoso Reloj Astronómico de Praga en la Torre del Ayuntamiento: si, por un decir, al concejal de festejos se le ocurriera en este instante soltar una vaquilla la estampida sería letal de necesidad.
Para evitar que ese potencial riesgo te aplaste entra en la Torre que sé que te gustan las alturas. El edificio fue parcialmente destruido en la II Guerra Mundial, la reconstrucción es fiel por fuera, por dentro te vas a encontrar hasta semáforos que regulan el subir y el bajar por la sinuosa escalera de caracol de la parte superior. Mejor perspectiva que ésta para echarle una foto Nuestra Sra. de Tyn no vas a tener. 

Entre miles de tiendas de souvenir y cambio de divisas llegarás al Puente de Carlos, el más famoso de Praga, con estatuas milagrosas que si les besas los pies te conceden un deseo…como la Lámpara de Aladino. Si cruzas el Moldava ya estás en Malá Straná, que merece párrafo aparte, así que en éste te vas a enterar de que nunca fue buena idea cambiar divisas en el aeropuerto, en mi caso cambié solo 20€ para tener algo de dinero al llegar, pero en tu caso podrías cambiarlo todo (porque tú eres asíí) y te encontrarías que cada 10 metros hay una casa de cambios a un precio mucho mejor que en Barajas (evita también Money Gram y Western  Union, las comisiones no están mal si tienes hipo porque te lo quita, si no lo tienes no te merece la pena).
En Malá Strana, la Ciudad Pequeña, no te quedes sin subir al Monte Petrīn, es una colina que puedes subir andando si quieres tardar varias horas o puedes subir en funicular. Como sé que has elegido funicular no se te ocurra bajarte en la primera parada porque verías que el aparato sigue subiendo mientras tú ahí, con cara de tonto. Venga, espera al siguiente y p’arriba. «Hala, la Torre Eiffel», pues no vas desencaminado. La Torre Petrīn se construyó dos años más tarde que la de París, y guarda bastante parecido, y si a sus 60 metros le sumamos los de la colina puedes ver Praga como Montmatre desde la de París. 
Y si te parece te vas de Praga sin visitar Hradčani, el Barrio del Castillo, el más antiguo de la ciudad.

Aquí se comenzó a cocinar Praga allá por el S.IX. El famoso Castillo de Praga no es un castillo sino una enorme ciudadela repleta de conventos y palacios, además del castillo y la catedral. Puedes subir en tranvía, te evitarás un buen sofoco pero también te perderás muchas cosas por el camino, así que no me seas vago.

 La ciudadela es tan grande que los tickets lo venden para dos días, así que vete arrepintiendo por no haber subido en tranvía.

Si aún conservas los pies date una vuelta por Nové Mēsto, la Ciudad Nueva. Bueno, nueva, nueva no es, que la fundó el Emperador Carlos en el S.XIV. Aquí te vas a encontrar con el Museo Nacional (tapado con andamios), la Ópera Estatal, la Casa Danzante y el impresionante edificio del Teatro Nacional. 

Y ya, si te quedan fuerzas, vuelve a Staré Mēsto a pasear al buen tuntún, o alquila una bici, o pasea en barco por el Moldava, o hazte un tour en un coche clásico… a cada paso te encontrarás múltiples oportunidades para gastar dinero en esta caja registradora que es Praga donde puedes elegir entre museos y galerías de todo tipo: de arte moderno, de cera, del barroco, eróticos, románticos, de Apple (sí, sí, pa los frikis), del chocolate, de la tortura medieval, de piezas de lego, del cristal (de Bohemia, claro), de la ocupación soviética, de Kafka (el de la foto) y, como no, el de la cerveza, al ladito de casa y el único gratis…pues me pido éste !

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