¿Sabéis que en todos los asientos de los aviones de Air France que cruzan el charco hay pantalla individual?. Como no sé jugar con la play me pasé el viaje jugando al comecocos. Por fin Montreal, tarde claro. Mi «colocataire» (así se llama el apaño de alojamiento que me he buscado para mi estancia) se había cansado de esperar. Así que a la búsqueda de Gaëtan (así se llama el muxaxo).
«Huele a gazpacho», fue lo primero que pensé al pisar Montreal. No soy yo de percepciones más elevadas, bien que lo siento. Y aparte de esa revelación místico-culinaria, pues sí: llegué. Tengo casa, y el quebequés parece majo, me esperaba con una botella de vino.
Y para aquéllos que me escriben al email diciendo que no saben ponerse como «seguidor» pues… ná, que bastante tenéis con lo vuestro.

