TOULOUSE


Pues si, aquí estoy de nuevo, acabado el PALE me meto en el programa Leonardo da Vinci, para llevar a mis alumnos a hacer las prácticas a Burdeos, si es que encuentro empresa que  admita abrevar a mi ganao (qué elegante metáfora). Y como sé que tarde o temprano me van a pedir Memorias, Informes, y justificantes varios de mis actividades por Francia pues se me ha ocurrido resucitar el blog de Montreal. Así que si quieres acompañarme… estás invitado. 

¿Qué hago en Toulouse? Brevemente, cuando solicité la visita preparatoria a Burdeos tenía que hacer un presupuesto de mi viaje, así que miré el precio del vuelo Madrid-Burdeos, justo cuando Iberia tenía una promoción. Cuando me concedieron la Visita la promoción había acabado y el precio real es más del doble. Así que con lo que yo presupuesté me he tenido que buscar otra opción: Madrid-Toulouse con low cost y en tren hasta Burdeos. Así no me salgo de presupuesto y conozco Toulouse, ya que hago noche.

Te montas en el avión, te colocas en tu asiento, con día despejado las montañas nevadas de los Pirineos ofrecen una estampa impresionante, le ofreces un chicle a tu compañera de asiento, te dice que “oui”, y ya estás en Toulouse. El vuelo dura lo mismo que una clase en el Insti, en 50 minutos todo el mundo se levanta para ser el primero en salir al pasillo.

“Me han zaleao la maleta”, eso hubiese dicho si hubiese tenido interlocutor que lo entendiese. Una esquina abollada y una raja en el costado, ese es el balance del sufrimiento de una maleta en EasyJet. Me voy a reclamar los daños, fotrografían la maleta cuán reliquia, y me hacen un interrogatorio de media hora, qué cuando la compré, yo, angustiado: “hace tres meses, es su segundo viaje” (la tengo hace más de 5 años y ya ha recorrido unos cuantos países); que cuánto me costó: “unos 60 €, no me acuerdo” (se la regaló Caja Duero a mi padre)… al final asumen su culpa y me enseñan la foto de la maleta que me van a enviar a casa…y su precio: 63€. Si me llega algún día ya le hago una foto para que la veáis. 


Me voy al hotel y salgo pitando (metáforico) que tengo que ver la ciudad en una tarde. En tres hora me he despachao todos los lugares que me había indicado la rececpcionista del hotel  en un  mapa, y  aún he tenido tiempo para contaros tó esto, lo más interesante  que he aprendido es que Toulouse fue la capital de los republicanos españoles en 1939. Mira tú.  Y por lo demás…la ciudad no es fea, tiene calles chulas y algunos edificios bonitos: en la primera foto la Catedral de St.Etienne, en la segunda foto la Basílica de St.Sernin. Estando aquí la ciudad  se deja ver,   pero venir expresamente a Toulouse a hacer turismo, creo que no… a no ser que quieras que te regalen una maleta nueva. Si vienes hazlo a partir de estas fechas, con los Pirineos nevados, y ponte en ventanilla.

Y me voy a cenar y a tomarme una cervecina.

À demain ¡ 


21. "Québec, je me souviens"

Es mi último día en Montreal. La frase del título de este último post es lo que pone en las matrículas de los coches de Québec, y la hago mía. Este blog, que empezó siendo una forma de comunicación y una opción entretenida para hacer la Memoria del PALE, va a permitir que mis recuerdos no sean tan fugaces como en otras ocasiones. Así que sí: «Québéc, je me souviens» (yo lo recordaré con cariño, pero el sentido de la frase en las matrículas de los coches es que el imperio británico los invadió, y ahi siguen recordando, tos rencorosos).

En Montreal, como en cualquier ciudad del mundo, existe gente pidiendo en los supermercados, vagabundos en los cajeros automáticos, bocinazos en los semáforos, y algún gañán que tira el envase de la hamburguesa en el suelo…no es el paraiso impoluto e ideal que se nos pinta, ni falta que hace. El peor viajero es el que no percibe más allá de los estereotipos, y suelen ser irreales.

A pesar de eso, o como consecuencia de su esencia mundana, Montreal engancha. Quizá los rascacielos de Toronto sean más bellos; probablemente el conjunto histórico de la ciudad de Québec sea más impactante; pero… Montreal es contraste, también fusión. La mezcla entre lo histórico y lo moderno, sus calles multiétnicas, la espectacular naturaleza del lugar donde se asienta, su estilo americano con fondo europeo, dónde nadie se siente extranjero porque todos lo son…todo y más, hacen de Montreal la mejor opción para descubrir Québec, también Canadá.

De esta ciudad plurilingüe, tolerante y abierta, emblemática, latina y sajona; de esta ciudad amable para el viajero, segura para el turista, dinámica y tranquila; de esta ciudad que suena a jazz y a rock, también a salsa y a bachata; de esta ciudad histórica y vanguardista, educada y alegre; de esta ciudad cosmopolita y multicultural; de esta ciudad…me quedo con la simpatía y la cordialidad que durante 25 días me han regalado los canadienses (o quebequenses, según se mire) que he tenido la suerte de conocer.
No me quiero olvidar de mis compañeros de Escuela, con los que he viajado por muchos más países sin salir de Montreal; corroborando que, en el fondo, sólo nos diferencia el pasaporte. Y con ellos me llevo una casa en Austria, otra en Suiza, y dentro de unos años, probablemente, un Consulado.
Ni me olvido de vosotros, los que día a día me habéis acompañado en este viaje desde casa o desde la oficina, también desde la playa (me consta). En principio esto era para mi familia y para mis amigos, pero a alguien le pareció que era un derroche tan poca audiencia y me colgó por ahí por los cibermundos. Así que no tengo ni idea de quién me lee, en cualquier caso espero que mi viaje os haya sido resultado entretenido, para mí ha sido genial.

À bientôt, mes amis ¡ … Au revoir, Montréal ¡¡¡

20. Randonnée à vélo.

27º C . Es la temperatura de hoy: normal de esta época del año, la máxima desde que yo estoy aquí. Así que todo el mundo al río. Y yo, ya desoficiao, el primerito. Esta última excursión por Montreal la hacemos en bici.

a) En Montreal se pillan las vacaciones en invierno para irse al Caribe, b) por lo que dicen, este año no hay muchos turistas, y,c) está todo petao a todas horas. Conclusión: éstos, a la que pueden, se escaquean del curro, que te lo digo yo.


Con este tiempo el carril bici sufre un tremendo sobretráfico, asi que mejor cruzas a una isla y te plantas en el circuito de fórmula I «Guilles Villeneuve». Y en el circuito, fácilmente accesible, no hay niñatos en moto haciendo caballito, ni coches tuneados echando carreras, ni moteros quemando rueda…sólo bicis, patinadores, y Laura,  y un tal Héctor que está a punto de elevarse como el de ET de lo alucinado que está recorriendo estas pistas. No es tan diferente Canadá a nivel económico, pero en lo cívico…nos barren.

En mitad del circuito te encuentra una especie de piscina «natural»: han desviado un trozo de río y han echado arena, y darte un chapuzón te cuesta 7 dólares, creo que no incluye tumbona.

A pesar de todo, vivir en Canadá es más barato que vivir en España. Sí, por una barra de pan te cobran 1.80 $ y se quedan tan panchos, un trocín de queso no baja de 10 $; el litro de aceite de oliva 9 $;y una barra de 250 g de»choped» (que está asqueroso) cuesta 4 $. Como contrapartida, frutas y verduras son más baratas, y la ropa también. Las compras más caras a las que una persona normalita se enfrenta en su vida son casa y coche: pues aquí cuestan, más o menos, la mitad; así que con lo que ahorras tienes para compensar, de sobra, el mayor coste del supermercado. Para los que no compremos aqui ni casa ni coche pues nos sale menos apañao.
Y la excursión, para vosotros, se ha acabado antes de lo previsto. Me hubiese gustado enseñaros el Parque de Atracciones, el colosal puente colgante Jean Cartier (en la bici se siente vibrar, se menea por el denso tráfico que soporta), y una panorámica con la bici entre los rascacielos de Réné Levesque y Ste Catherine… pero dice el ordenador que no le da la gana de subir las fotos por no sé qué error interno. Pues hala.

Hoy tengo cena en casa con los amigos de Gaëtan, es muy entretenido porque hablan en québecois (que es al francés, como el español de Chiclana). En cuanto me ven la cara de «pero-qué-jerga-es-esta?» me dicen varias veces «desolé, desolé» y se esfuerzan por pronunciar con un francés estándar (imaginad al de Chiclana simulando ser de Valladolid). Pero enseguida se alteran porque se ponen a hablar del doble anacronismo que padecen: colonialismo y monarquía. En los billetes y monedas aparece la Reina de Inglaterra, es la Jefe de Estado, y a ellos (tan franceses y tan republicanos) les irrita bastante. Y se alteran. Y empiezan a hablar como los de Chiclana. Y yo les miro con cara de lelo, aunque, con tanta inmersión, estoy a punto de decir «pishaaa» en francés-gaditano.

Voy a hacer una tortilla de patatas, alta cocina española. Espero no hundir la gastronomía patria.

19. Niagara´s Falls.

Las Cataratas de Niágara representan la imagen más conocida de Canadá.La palabra Niágara quiere decir, para el indio que le puso nombre, «trueno de agua»… y vaya si truena ¡.

El rio Niágara hace de vaso conductor entre los grandes lagos (Erie y Ontario), y separa Canadá y EEUU, a ambos lados de la frontera nos encontramos con una ciudad del mismo nombre: Niagara´s Falls.

La ciudad en la parte canadiense tiene 80.000 habitantes y está concebida como un gran parque temático en torno a las cataratas. En mitad de una calle, como si fuera una casa más, te puedes encontrar el tren de la bruja; o en una plaza una lanzadera. También han hecho una torre tipo CN (mucho más baja, claro) como observatorio: ves las cataratas como si estuvieras en el mirador de las mismas, pero mucho más alto y pagando. Y para acceder al rio no hay manera de encontrar una verea sin pasar por taquilla.
El crucero por las cataratas es, entre todas las posibilidades de gastar dinero, la más interesante. Primero te dan un chubasquero azul que todo el mundo se pone enseguida para meterse en faena. El ejército de fumigadores toma posición en el barco. Primero las cataratas en el lado yanqui. Están chulas, pero no las disfrutas mucho porque a poca distancias ves el superchorro del lado canadiense y quieres llegar al lío lo antes posible. Y quieres llegar para que el barco se acerque tanto al chorro que todos los fumigadores azules quedan totalmente calados: la catarata provoca viento y lluvia pulverizada por el impacto del agua sobre el agua. Te encuentras como en una tormenta en mitad del mar a puntito de naufragar, pero los fumigadores reímos y gritamos, y sacamos nuestra cámara de foto para intentar captar una imagen imposible y la volvemos a guardar rápidamente totalmente mojada.

La siguiente superaventura en guirilandia consiste en ver las cataratas desde abajo. Para justificar el desembolso adicional nos visten de fumigadores amarillos. Se accede mediante un ascensor que baja a unos tuneles: unos te llevan a una plataforma a pie del chorro; otros terminan en un mirador de unos dos metros en el que ves, desde atrás, la cortina de agua.

Como la cortina de agua es tan densa no se aprecia absolutamente nada del exterior, por lo que quizá en vez de estar viendo las cataratas estás viendo el parabrisas de un autobús regado con varias mangueras. Pero en guirilandia no te puedes plantear estas cosas porque has pagado caro la superaventura. Y tiras fotos. Y te extasias mirando el chorro… aunque me hubiese divertido más estar en el lado opuesto, proyectando agua con una manguera a una pantalla de cristal viendo como los guiris hacían fotos con caras de pasmaos.

En Niagara Fall´s tienen otras muchas formas de sacar pasta, pero cada guiri según su bolsillo (y su sentido común) puede optar por la que mejor le parezca. Ciertos guiris, con generoso presupuesto y con muy escaso sentido común, se apuntaron a todo lo que los chinos ofrecían. Y no les dio tiempo a montarse en tos los cacharritos que habían pagado, y se la liaron a los chinos, y se montó una trifulca en el bus que bien pensé yo que los chinos nos iban a dar un último espectáculo de artes marciales en directo.

Ah, creo que no lo he dicho: las Cataratas son verdaderamente impresionantes. Cada diez años retroceden 30 cms debido a la erosión, así que no tardes mucho en venir, aunque…leyendo esto es como si hubieras estado, ¿a qué sí?

18. Ontario: Mile îles et Ville de Toronto.

Es salir de Quebec y encontrarte banderas canadienses cada cuatro metros. Ontario se reafirma así ante sus vecinos del sur (EEUU) y del Este (Québec y su afán independentista).

Dejando atrás la Canadá francófona los carteles ya son en inglés. Llegamos a un paraje conocido como Thousand Islands: las mil islas, en mitad del rio Saint Lawrence (nótese el elegante cambio de registro idiomático para respetar la denominación del San Lorenzo, que en Quebec era Saint Laurence)…y antes de poder abrir la boca, los chinos ya te han montado en un barco.


El rio, a esta altura, hace de frontera natural con EEUU. Como es tan inmenso hay un montón de islas, de las cuales dos tercios corresponden a Canadá y 1/3 a EEUU. No os asustéis con el reparto: los yanquis se quedaron las más grandes. En general, son islotes pequeños, de propiedad privada, en algunos casos solo cabe la casa y si quieres tener un huerto tienes que pedirle un cacho a tu vecino de isla para que te deje plantar unos pimientos.

Las hay un poco más grande, como la de Celine Dion que tiene helipuerto pa chulearse de sus vecinos.
También puedes encontrarte viviendas en plan exin-castillo, muy sencillas, nada ostentosas ni horteras…y eso que en la foto no se aprecia todos los detalles de ornato del estilo «nuevo-rico».

En una isla nos encontramos con el puente internacional más chico del mundo, a los hijos del dueño les viene fenomenal: cuando quieren hacer botellón se van al lado de Canadá porque en USA tienes que tener 21 años para tomarte una caña; pero sí lo que te apetece es comprarte un revolver pues pasas el puente y lo pides con la wifi desde el cacho yanqui.
Y seis horas más de autopista y… TORONTO CITY.

Es la ciudad más grande de Canadá. Le quitaron la supremacía a Montreal cuando los quebequenses se pusieron tontitos con lo de la independencia y el tejido financiero y productivo se trasladó a Toronto. Es mundialmente conocida porque aquí juega José Manuel Calderón, el villanovense de los Raptors.

También es muy conocida porque mucha gente en España se pregunta qué es lo que se ve desde la torre más alta de Toronto. Pues aquí lo tenéis: «Torontontero» (dedicado a Dacal, y a todos los que me han contado el chiste en más de 12 ocasiones).
La torre en cuestión es la CN Tower, 550 metritos de altura y 12 grados de diferencia de temperatura entre el suelo y la cima. Tras dos horas de cola te meten en un ascensor que te sube «solo» a 360 metros en 56 vertiginosos segundos, y los oidos se te taponan.
Y llegas arriba y notas que la torre vibra, se mueve. Y se ven pequeñitos los rascacielos más bellos de norteamérica (eso dicen los torontanos de sus propios rascacielos). Y alucinas viendo que la vista se pierde en las aguas del Lago Ontario sin poder llegar a la otra orilla. Y descubres también que en algunas zonas el suelo es de metacrilato transparente, y constatas -una vez más- que los guiris carecemos de vergüenza y dignidad y, sin cortarnos, nos tiramos panza arriba para que nos hagan una foto donde se vea la calle. Jóvenes y ancianos, árabes y judíos, señoras repeinadas, africanos y chinos, grupos de amigos, familias enteras…todos por los suelos. Yo, por supuesto, también. Penoso.

Si quieres disfrutar de la CN Tower un poco más mira este video http://www.youtube.com/watch?v=V3tp9xTXkUk

17. "Cirque du Soleil" et Parcs Montréalais

Una de los mejores inventos de la ciudad en los últimos años, y, sin duda, el más rentable, es el Circo del Sol.

Supongo que ver el Circo del Sol en Montreal debe ser algo así como ver una corrida (de toros)en Las Ventas. He sobrevivido perfectamente sin ver una corrida (de toros), y podré soportar con entereza el que se hayan acabado las entradas baratas y sólo queden las de 160 dólares (supongo que incluye barra libre y cotillón). Así que os enseño lo único que veré yo: la carpa.

Bueno, yo he visto algo más: es pasar por un parque y encontrarte actuaciones de equilibristas, malabaristas y acróbatas por todos lados (en la foto el Parc Lafontaine). Quizá estén en proceso de selección en el Circo, o quizá estén allí todo el día esperando a que yo aparezca con la bici para hacer el numerito, no sé, lo cierto es que es bastante gratis.

También vi en la Isla de Nôtre Dame el Campeonato Nacional de Natación. Entré a mear y acabé en tribuna, pero sin querer. La cara de «no-soy-consciente-de-lo-que-hago» abre muchas puertas. Nunca había estado en unos campeonatos de natación: vaya tostón. Y vaya mujeres recias ¡. Dejé la bici fuera, sin candado ni nada, sólo me quedé lo justo para oir por megafonía el ganador de nosécuántitos metros mariposa: David Bustamante, lo juro.
En mitad de la ciudad encontramos el Mont Royal, es un monte que hace las veces de parque urbano, o un parque que en realidad es una montaña repleta de bosque. Confieso que fui en bici pero el desnivel me pudo (y uno no está pa sufrimientos gratuitos) asi que volví a casa y pillé un bus. Desde Mont Royal la panorámica de la ciudad resulta inmejorable. Me dijeron que lo mejor era ver el atardecer, y así que allí me quedé recorriendo el bosque (en plan explorador intrépido y solitario) intentando fotografiar ardillas y muflones; están por todos lados: ardillas, muflones…y exploradores intrépidos y solitarios, ¡qué difícil sacar una foto sin tener 4 guiris detrás persiguiendo a un bicho ¡.
También fotografié el perro de una chica muy mona para hacerme el simpático. Y no voy a decir nada más para envolver a este blog en un halo de misterioso suspense.

15. Quartier latin, Vieux Montréal.

De lo de la cena, y demás, de anoche no pienso decir ni mú. Pero antes de nada quiero haceros partícipes de un terrible suceso que me ha conmocionado esta mañana: se me han acabado los sobrecitos de Cola Cao. Dejémoslo ahí.

Ayer tocó lo nuevo, hoy lo antiguo. El barrio latino nace en el Port-Vieux, lugar donde los franceses construyeron los primeros edificios.

¿Alguien se hubiera atrevido a decir que la foto de la izquierda es Norteamérica? Si la respuesta es sí, cierra el blog para no oir más disparates. Si la respuesta es no, puedes seguir leyendo, eres de los míos.


Como de arte no tengo mucha idea, tú ves las fotos y yo escribo lo que me parezca, como siempre.

La iglesia de la derecha es la catedral: Nôtre Dame, cómo no. He ido dos veces porque me han dicho que por dentro parece una discoteca, pero siempre me la encuentro con sesión «house» o algo así y no he podido entrar.

En esta plaza también te puedes encontrar a gente pidiendo y buscando en las papeleras: sí, en Canadá. Son los indios.

Ni indios ni esquimales pagan impuestos porque estas son sus tierras y hay que mantenerlos, y los blancos (y los negros, y los chinos…) están un poco hasta las narices. Los esquimales están más integrados y cuando vienen a la ciudad tienen un INEM para ellos solitos y los colocan enseguida, pero los indios pasan de tó. Los mantienen en unas reservas donde no hacen ni el huevo. Y se aburren. Y se chutan en vena el conservante de la mayonesa de sobre (supongo que alguno habrá acabado la ESO pa saber aislar y obtener el conservante de la mayonesa, de sobre, claro). Y acaban pahí tos pillaos. Incluso han tenido que poner vigilantes en los McDonalds porque por lo visto su mayonesa era la más cotizada. Así me lo ha contado mi profe, así te lo cuento yo.

Lo de la izquierda es un castillo con facultades milagrosas en mis excursiones en bici: cuando ya te crees definitivamente perdido en la ciudad aparece el castillo por alguno de sus lados y te reubicas con excelentes posibilidades de llegar a casa. Más de una vez he temido acabar en Oklahoma, pero al final siempre aparece el Château.

No existe ningún edificio antiguo que tenga la suficiente relevancia para ser considerado un icono de la ciudad, pero su conjunto, el sabor europeo del barrio latino, y la animación de sus calles, convierten a Montreal en destino turístico de primer orden en América. También hay un buen puñao de europeos, y chinos ni te cuento (el segundo barrio chino más populoso de Norteamérica es el de Montreal).

Aunque este año dicen que la cosa, para el turismo, no pinta bien. Entre la crisis y el (mal) tiempo están los hoteles medio vacíos. Pero las calles, os aseguro, siempre están a rebosar, pa muestra un botón: los Mc Donalds están abierto las 24 horas… pero mejor no pasarse con la mayonesa.

14. Ville Olimpique / île de Sainte Hélène.

Querido diario… uf, qué ganas tenía de decir esto ¡

Hoy toca excursión por el Montreal más vanguardista. El Estadio Olímpico es conocido por su torre, «L´Observatoire», que es la torre inclinada más alta del mundo, y no digo yo que no, pero podrían añadir que es uno de los funiculares más caros del mundo.
Subir por un brazo de hormigón que parece que no puede aguantar todo el peso del mirador causa bastante vértigo (me gustaría poner que acojona, pero quizá no sea apropiado para esta Memoria tan académica).
Bajo la torre se encuentra el Biodóme (una especie de zoológico con distintos habitats). Si os fijáis en los autobuses podéis haceros una idea de la altura. Además, debido a la inclinación, se podría escupir a la gente sin temor a ser visto.
Montreal tiene un buen puñado de edificios de arquitectura cara que son bien chulos ( ¡ qué precisión en la terminología técnica ¡).
El Casino está en la isla de Sta Helena, en mitad del San Lorenzo, y si quedas con tres personas allí posiblemente recibirás un mensaje de cada una de ellas diciendo «je viens d´arriver, où etes vous» (dónde coños estáis que no os veo -traducción libre-), y acabarás yendo solito al «Hémisphère» que es el edificio que parece una jaula gigante con el Museo de Ciencias dentro, y allí te darás cuenta que los otros tampoco se habían encontrado entre ellos porque van apareciendo por separado.
Y no me da tiempo de llevaros a más sitio porque es jueves, y tengo cena de despedida con la gente de la Escuela, sí , de DESPEDIDA, algunos se van el sábado.
Y, aunque me queda una semana aquí, qué mal me acaba de sonar esa palabra.

13. Language Studies Canada (LSC)

Así se llama mi Escuela. La Escuela imparte cursos de francés y de inglés. Te puedes encontrar cualquier nacionalidad y si quieres hablar español te vas a la puerta de salida que siempre hay alguno fumando.

Como cualquier guiri que se precie, tengo metido en el cuerpo el virus del buen rollito. El peor síntoma de la enfermedad es que todo se percibe con sonrisas, candidez y bondad (afortunadamente, este estado de gilipollez es pasajero). Así que lamento no poder despotricar de mis compas, como alguien sugirió.
La gran mayoría son menores de 25, pero también hay gente de mi edad, y mayores (es decir, al borde de la muerte natural según estadísticas de longevidad).
En mi clase estamos 12: un brasileño, dos alemanes, una mejicana, un neozelandés, dos chinas, un japonés, un suizo, el austriaco -casi de Almendralejo-, un pontevedrés, y un coriano. En la foto mis compas de mesa (querían salir en el blog),de izquierda a derecha: Marcio, Ciro y Max. El alemán -seguro que lo identificáis- es mi compa de tareas. Está en una casa con una familia y le echan de comer fatal, asi que yo le doy una chocolatina todas las mañanas y él comparte los libros conmigo y yo sólo llevo el boli (la raza aria no pasa por sus mejores momentos). Hoy se ha presentado en clase sin haber dormido y, aparte de la chololatina, le he tenido que comprar un café porque estaba sin dinero y con una resaca del copón. Cuando sea alguien importante (la criatura tiene 21 años, habla 4 idiomas y ha acabado la carrera de Relaciones Internacionales con el mejor expediente de su Universidad) espero ser recompensado…con un Consulado o algo así, no sé.

En la Escuela hay una cantina en la que hay restaurantes de comida rápida de distintas nacionalidades, tienen en común dos cosas: 1) en todos se come barato, 2) en todos se come fatal. Optar por comida local tampoco es aconsejable. La gastronomía no es el mejor reclamo para venir a Canadá: las verduras prácticamente crudas, demasiadas especias, mucha salsa rara, mucho picante…galipuches, en definitiva. No es extraño ver a la mayoría de europeos de la escuela optar, como mejor recurso, por una hamburguesa americana con su humilde ketchup y sus patatas fritas (quién me lo iba decir ¡).

Aunque la comida no sea reclamo, la hora de comer es lo más parecido a ir de cañas y hablar con gente de cualquier rincón de la tierra (y de la cantina). Para comer, de fijo tengo al austriaco, que es un crack haciendo el ganso, y a una suiza que todos los días come un plato de un país diferente para acabar diciendo: «mañana hamburguesa».

El austriaco y la suiza tienen un idioma común pero jamás dicen nada en alemán estando yo delante, hace un mes estuve en Cataluña y ….nada. El virus del buen-rollito acaba de bloquear mis recuerdos. Sorry.

12. Cadre de vie.

Esta gente está muy orgullosa de sus 40 grados bajo cero en invierno y a la mínima te lo sueltan, para explicarte, por ejemplo, que es superchungo entrar en una casa con metro y medio de nieve en la puerta, así que es muy típico en Canadá que la puerta principal de la casa no esté a ras de calle, sino que se accede por unas escaleras, como veis en la foto.

Durante el invierno la gente se refugia en la «ville souterraine» (ciudad subterránea) que no es más que una gigantesca galería comercial donde hay bares, cines, tiendas…y a la que se accede por las estaciones de metro. Y allí se pasan las tardes, esperando a que escampe.

En verano la ciudad es otra cosa, todo el mundo está en la calle y en cualquier parque hay gente tomando el sol: hay que amortizar como sea la toalla de playa. En algunos parques, para dar más aire playero, han echado arena y han puesto redes de voley, y así se piensan que están en Benalmádena.

Aunque este verano poco están disfrutando porque lo de que «llegó el verano» fue una falsa alarma y ya están planteandose si este año se van a saltar la estación (lo acaba de decir el hombre del tiempo de la televisión quebequés, y Gaëtan ha dicho «merde» varias veces, y yo he asentido con riguroso aplomo).

En el puerto fluvial han hecho terrazas de verano en plan discoteca-megapija, que están a rebosar durante todo el día (los dos días que ha hecho bueno). Y con esto, los más fantasiosos, piensan que están en Gandía.
Y también hay turistas. Éstos son introducidos en una especie de barco de tortura donde durante tres horas te dan vueltas por el rio, con música electrónica a 200 decibelios y bebiendo un potingue sin alcohol de color rosa o azul, a elegir. A mitad de trayecto, entre la corriente del rio y el subidón de azúcar del «ponche», ya estás preparado para vomitar, y si no lo haces es porque el ponche te ha costado lo suficientemente caro como para querer conservarlo en tus entrañas (la experiencia no es mía, me lo contó esta mañana, mientras comíamos, un compañero de clase austriaco -que más que austriaco parece de Almendralejo, y lo digo en sentido positivo-).
A pesar del clima (a todas luces, inapropiado para la vida humana) la calidad de vida es muy buena. Lo peor, por lo visto, la sanidad. Si te rompes un hueso, cuando te hacen la radiografía ya se ha soldado como le ha parecido y, con frecuencia, te lo tienes que romper otra vez para justificar la cita. Y si vas a urgencias te puedes dar con un canto en los dientes si te han atendido en menos de 4 horas, por lo que si estimas que puedes palmar durante ese tiempo es preferible que alguien te remate antes de subir a la ambulancia.
Afortunadamente no tengo fotos de los servicios médicos, ni las tendré.
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