11. New York City.

Me fui de finde a Nueva York, porque sí. No está lejos Nueva York, si tenemos en cuenta la inmensidad de Canadá y EEUU.
En la Escuela me hablaron de unos chinos que hacían un viaje de dos días muy barato, me fui al barrio chino y encontré la agencia. Suerte que la china hablaba inglés, francés y chino. Lo malo es que hablaba los tres idiomas a la vez, así que se oían cosas como: «Chulun person it´s woyanliu ça bon very kuung ¡», pero como se reía mucho (quizá, de mí) pallá que me fui.
El viaje resultó mucho mejor que lo que su precio preveía: no viajé en un sórdido camión de inmigrantes y el hotel estaba más que aceptable.
Siete horas de viaje entre montañas y bosques interminables, y, de frente: Manhattan.

Lo malo de la droga de viajar es que cada vez es preciso mayor impacto para que te sientas asombrado; pues flipé con New York. La visión vertical entre sus calles, las vistas desde el Top on the Rock (mítico rascacielos desde cuya terraza está hecha la primera foto, con el Empire State al fondo), los lugares que reconoces sabiendo que antes nunca habías estado allí, la multitud de la quinta avenida, la frenética actividad en Central Park…casi todas las tiendas regentadas por chinos.

La Estatua de la Libertad era el fin del paseo por el Hudson, pero el viaje resultó ser mucho más. Recordé en el paseo en barco que estábamos en julio, y que en julio hace calor. Mucho. Vi como algunos chinos bebían cerveza en la parte interior del barco, pasando de tó, mientras los occidentales corríamos de proa a popa para captar el mejor encuadre para la foto, «algo está cambiando», pensé.

En definitiva, el viaje ha estado genial. Aunque a la vuelta, un turista chino sacó una peli de su maleta y el chófer la puso. Dos horas de peleas con huesos que, muy explicitamente, se rompían , cuellos partidos, espaldas quebradas…y todos los chinos (y chinas) del bus emocionadísimos. Pa echarse a temblar.
La inquietante reflexión final me hizo estremecer: «éstos» están a puntito de hacerse los dueños del mundo. Un poco de miedo sí que me da.

10. La nuit..Festival International de Montréal.

El invierno dura seis meses. Me contaba un vecino esta mañana que durante los meses más fríos ponen una bandera roja encima de un montón de nieve para avisar a las quitanieves (que deben ser como tanques) que hay un coche bajo esa bandera. Si yo me viera en la circunstancia de saber dónde he aparcado mi coche para ponerle una banderita salvadora…no lo quiero ni pensar. Estos datos son importantes para comprender lo que ocurre en verano.

Y es que hibernan. Van haciendo hucha, y es llegar julio y todo el mundo se tira a la calle, sin distinciones de días de la semana.

Durante 20 días se celebra el Festival de Jazz de Montreal (considerado entre los mejorcito de Norteamérica), donde hay actuaciones diarias, a cualquier hora, de grupos de jazz, pop, rock, reggy, salsa, hip hop…son gente conocida a nivel norteamericano, pero es que a mí me sacan de Sabina y ya me pierdo, ah sí , una noche actuó Steve Wonder.

El festival se desarrolla en el centro de la ciudad, con varios escenarios. TODOS los días hay miles de personas en los conciertos, es la única zona de la ciudad donde se permite beber en la calle. Pero ya te digo yo que este festival es un poco rarito…por ningún lado huele a marihuana.
Las fotos son de diferentes escenarios muy próximos unos de otros, son del miércoles ( único día que llevé cámara), pero el ambiente no difiere mucho entre un sábado o un lunes…siempre está petao.

Siento defraudar a aquéllos que pensaban que mucho trote por el día pero seguro que por la noche un aburrimiento…pues ya ves.

Y sí, duele y desespera no ver a Camela en cartel, pero, pasada la frustración inicial, cada noche es un acontecimiento…sobre todo anoche, que me cerraron el metro, no encontré taxi, y tuve que volver andando.

Es viernes, dejo (con pena) la ciudad. Me voy de finde. Estaréis un par de días sin mis noticias, dedica el tiempo que me dedicas a limpiar los cristales de las ventanas o a cortarte las uñas, como tú lo veas.

À bientôt ¡¡

9. La Saint-Laurence

Y llegó el verano. Resulta que mi casa está al lado del rio San Lorenzo, un gran parque fluvial recorre toda la orilla; gente pescando, paseando, en bici, patinando, haciendo piragüa… me recuerda a mi casa en Europa (queda fino esto, eh?). La diferencia con el Jerte es que el San Lorenzo lleva un pelín más de agua.

Realmente lo que tengo delante de mi casa es una especie de canal (que surge y desemboca en el mismo río) para hacer un espacio de ocio. El río en sí es bestial, pasan barcos de gran tonelaje y no está para estas tonterías domingueras.

Y es que, tras el Amazonas, es el rio más caudaloso del mundo (ahí es ná ¡ ). Me he cogido la bici y he intentado llegar a las islas de Sainte Hélene y Notre Dame, lo he conseguido y (lo más difícil) he sabido volver a casa. He estado en la bici más de tres horas y me he quemao los brazos, el sol pega pero bien.

Sobrecoge la brutalidad de la fuerza del agua atravesando los puentes, me he quedado un buen rato como embobao (ahórrate el chiste evidente). En la foto final no estoy en la orilla, sino en mitad de otro puente y no recoge todo el ancho del río, no me cabía en el objetivo.

Lo malo de este rio es que está muy lejos del Segura, fliparían los murcianos con el peazo trasvase que se podría hacer ¡

8. Chutes de Montmorency (Cataratas de Mont…)

La primera impresión que tuve desde el avión al entrar en territorio canadiense es que estaba todo como encharcado. Nieve, ríos inmensos y lagos se distinguían perfectamente a 9000 metros.

Estas cataratas que veis en la foto superan en 30 metros de altura a las del Niágara, pero como no están en la frontera con EEUU son mucho menos conocidas. Si os fijais en el puente colgante que va por encima tendréis una idea más aproximada de sus dimensiones.

Los paisajes son espectaculares, pero, coño, es que no hay día que no llueva ¡ , una horita al menos. Esta tarde, pensando que no iba a llover, cogí la bici de Gaëtan y me fui al centro (esto lo hago como otros hacen rafting, es un chute de adrenalina ir con la bici entre rascacielos), en un momento se fue el sol …tanto llovió que la visera de la gorra se acabó por doblar. Cómo iría que hasta la Policía Montada del Canadá (montada en bici, no más) me hizo un cacho en una parada de bus para que me refugiara. He llegado a casa hecho un pingajo, justo cuando ha dejado de llover. Dicen que a partir de mañana se normaliza el asunto y que empieza a hacer buen tiempo, que por lo visto es lo normal en julio. Así sea.

La penitence

Para vuestra tranquilidad, tanto momento gozoso también tiene un contrapunto: cinco horas diarias de clase. Mi primer día ha sido… inolvidable. Por si no te has dado cuenta, las entradas al blog que no están numeradas no forman parte del blog oficial que entregaré como Memoria. Esta no está numerada.

Nos metieron a 40 personas en una sala donde cabían 20 para hacernos una prueba de nivel y asignarnos un grupo. Una señora de voz chillona comenzó a darnos las explicaciones en inglés. Preguntó si alguien no entendía bien, una única mano se alzó entre las 40 cabezas, la mía. Me dijo que si había levantado la mano es que le había entendido, le dije que sí…total, nos habían dado una guía informativa. A partir de ahí, la señora con voz estridente y chillona se puso a mi lado y cada cierto tiempo se dirigía a mí en francés con un volumen que superaba con mucho lo necesario para los 30 cms que nos separaban. Me visualizaba dentro de una escena de los Morancos (a falta de más cultas referencias).

«Pobrecito, qué mal lo está pasando», pensaban mis compañeros. «Que no me dé la risa, qué no me dé la risa», pensaba yo. Una colombiana que estaba frente a mí captó la interpretación exacta de mis pensamientos y se tapó la boca mientras sus ojos empezaban a lagrimear por la risa contenida. En esos momentos yo ya sabía lo que iba a ocurrir: en la siguiente embestida de Miss Voz-de-pito estallé. A partir de ahí no sé muy bien qué pasó, afortunadamente todo el mundo se echó a reir (fui una liberación para el pueblo llano), la mujer me dijo algo que no llegué a comprender pero dije yes, oui, que sí, y que of course, y no se volvió a dirigir a mí. La risa floja no se me fue y tuve que pensar en aquélla vez que perdí 20 euros para ponerme bien triste y no volver a liarla. Después de eso me hicieron el examen de nivel, y me asignaron aula, primera clase oral: eso es divertido.

Un catedrático de Universidad de Poesía Contemporanea sería mi profe (me dieron ganas de preguntarle que qué hacía dando clases de verano, pero me callé), vestido de catedrático, claro; con su melenita bohemia, con sus tic, sus gafitas de pasta, su voz seria, sus gestos de haber leído demasiado… chungo. Solo 4 alumnos, justo los que yo hubiera rechazado de entre los 40 iniciales: serios, dignos, con cara de empollones, con pinta de aburridos…

En efecto, aburridos. Nos dieron una hoja con frases polémicas, uno escogía una frase y luego se supone que había un debate. La tolerancia religiosa, la clonación humana, el efecto invernadero, eso escogieron. Exponían sus ideas sin una sola mueca, sin un solo gesto, como palos tiesos. Yo seguí las reglas, mi tema también venía en la lista que nos dieron: «Afin de ne pas salir la cuvette les hommes devraient uriner assis» (para no ensuciar el wc los hombres deberían mear sentados), qué mal lo pasaron los pobres hablando de este tema sin un solo gesto, sin una sonrisa, sin una mueca… Lo de hoy era provisional, espero que mañana me pongan con la colombiana que me leyó el pensamiento.

7. Ville de Québec


Québec es la capital de la región del mismo nombre, es exclusivamente francófona, lástima que contraté una excursión exclusivamente anglófona (sin saberlo, claro). El casco antiguo, Patrimonio Universal, te recuerda a cualquier ciudad centroeuropea, solo que más nuevo, pues está bastante «maquillado»…de tan nuevo y tan pulido parece cartón-piedra, como un parque temático. Pero sí, es bien chula.

Además, aquí puedes coincidir en un restaurante con dos señoras de Llerena que se pondrán como locas por el encuentro extremeño.

Por lo visto aquí hace más frio que en Montreal y en Toronto y se ponen mu chulitos diciéndolo, es como si en Alcohólicos Anónimos apostaran por ver quién bebe más chupitos (qué didáctico). Por tanto frio, los franceses no le hacían mucho caso a este cacho del mundo y estaban más entusiasmados con sus territorios del Caribe, y los ingleses, siempre al quite, zurraron a los gabachos y se lo apropiaron. Si siguen hablando francés es porque no se permitían celebraciones católicas en inglés.

Y estos son muy católicos, tienen agua bendita en la Catedral en unos frasquitos muy apañaos. En cuanto los vi pensé, en plan aristocrático, en mi sobrinilla: no es del Jordán sino del San Lorenzo (que está menos visto), el cura va a flipar con el agua bendita canadiense, y si no se bautiza ya se la echaré yo por encima, que seguro que tiene poderes divinos para defenderla del frio -en plan pócima de Obelix- (no se me ocurre otra explicación para que en estas ciudades sobreviva la gente en invierno). Ah, y aprendan en el Vaticano (si acaso allí me leen): los frasquitos son gratis, con un cartelito que dice que cada uno aporte a la Iglesia lo que le dicte su corazón. Y mi corazón me dictó…sí, lo que estás pensando.

Ah, y estos pedazos de puentes que atraviesan el rio San Lorenzo también están en la ciudad, y de ellos no sé decir nada más, pero la foto me quedo chula, así que a exhibirla.

6. Colocation

En Canadá, y en casi todos los paises desarrollados (de mente, digo), existe una forma de hacer turismo e inmersión cultural muy asequible. El invento tiene varias modalidades: a) propietarios que intercambian su casa por otra en otro país para disfrutar recíprocamente de alojamiento gratuito en las vacaciones; b) propietarios que se quieren ganar un dinero alojando a turistas (funciona como un piso compartido) o alquilan su casa en cuando marchan de vacaciones; c) y, por último, propietarios que ceden sus casas cuando quedan vacías a cambio únicamente de pequeños encargos: regar las macetas, atender a las mascotas, recoger el correo…

Yo estoy en la situación b). Mi «colocataire» (Gaëtan) conoce gente de otros lugares mientras se gana un dinerillo. Y yo, disfruto de una casa con todas las comodidades (incluido el uso de bicileta, libros, CD, ordenador, DVD…) ; tengo un «tutor» en cuestiones locales cotidianas (sacar dinero, ir a una farmacia, sitios de interés…), además habla por los codos -esto debería eximirme de las clases de francés-. Todo por menos de la mitad de lo que vale una habitación de un hotel (…y 25 días metido en una habitación, seguro que agota). Señores de la Junta que me han de aprobar la subvención: esto sí que es inmersión lingüística y cultural.

Un par de fotos de mi casa. El salón en una, en la otra el jardín visto desde mi habitación (el jardín está plagado de ardillas…si yo supiera hacer los tirachinas que me hacía mi abuelo ¡)

5. VILLE DE MONTRÉAL

La palabra «Montreal» es la versión arcaica, escrita de forma simplificada, de Mont-Royal, un monte localizado en la ciudad, en el centro de una isla entre el río Saint Laurence y la Riviere des Prairies. Es uno de los principales centros industriales, comerciales y culturales de América del Norte…y para más información formal acudid a una enciclopedia.
La ciudad es muy bonita, es cierto, pero hablaré de lo que no me gusta, que es más entretenido. Es cuadriculada, pillas una verea por un lado y te sales del pueblo por el otro. Las aceras están encementadas, sin baldosas ni adoquines, por lo que algunos barrios tienen un look tercer-mundo muy logrado, quizá sea porque en invierno se llega a los 40 bajo cero y deben explotar todas las tuberías y están hartitos de levantar baldosas (información no contrastada). En las guías de viaje aparece el metro de Montreal como un símbolo de modernidad… pues yo no he visto metro más cutre.
Las iglesias de época colonial se mezclan con los rascacielos, pero además, al laito al laito, creando un impacto visual que rompe el equilibrio (que esto, según quien lo diga, puede ser muy bueno o muy malo; y como lo digo yo, pues ni fu ni fa). Por cierto, esta tarde nos hemos colao en el rascacielos más alto, hemos subido a la terraza, donde al parecer hay un restaurante, y, casi sin dejarnos salir del ascensor, una chica nos ha «recomendado» que nos fuesemos a cambiar de ropa para poder entrar (y eso que yo iba superelegante con mis bermudas y con mi camiseta del insti…la culpa de Rocío, fijo).

4. Fiesta Nacional de Canadá…en Quebec

La región de Quebec no es Canadá, al menos para Gaëtan y para la población francófona de Montreal. El desfile fue pelín patético, por allí pasaban todas las casas «regionales» de la ciudad representando a las distintas nacionalidades que aquí conviven, pero sin orden ni concierto…ni público (Rocío y yo y unos cuantos turistas más). Podéis ver en la foto de la izquierda unas húngaras, el cuñao de una de ellas con la bandera, un niño en patinete, y la que echa de comer al oso yogui (en el centro). Abajo los únicos que parecían haber ensayado los tiempos y los espacios.

Lo más bonito fue un coche que pasó con una gran bandera de Quebec, arrastrando por el suelo la de Canadá. Aplaudimos como locos (eso de hacerse los oprimidos políticos mola) mientras agitábamos frenéticamente sendas banderas de Canadá que nos habían regalao (así no ofendíamos a nadie, o a todos, no sé).

…Y una cerveza 6 dólares (mínimo), y no hay quién los baje de la burra.
Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar