itud de la quinta avenida, la frenética actividad en Central Park…casi todas las tiendas regentadas por chinos. 11. New York City.
itud de la quinta avenida, la frenética actividad en Central Park…casi todas las tiendas regentadas por chinos. Blog de viaje con un puntito de humor. No esperes lecciones magistrales ni literatura ornamental, pero quizá te sorprenda. Pica un poco y, si te gusta, te quedas a comer.
itud de la quinta avenida, la frenética actividad en Central Park…casi todas las tiendas regentadas por chinos.

À bientôt ¡¡
Y llegó el verano. Resulta que mi casa está al lado del rio San Lorenzo, un gran parque fluvial recorre toda la orilla; gente pescando, paseando, en bici, patinando, haciendo piragüa… me recuerda a mi casa en Europa (queda fino esto, eh?). La diferencia con el Jerte es que el San Lorenzo lleva un pelín más de agua.
Realmente lo que tengo delante de mi casa es una especie de canal (que surge y desemboca en el mismo río) para hacer un es
pacio de ocio. El río en sí es bestial, pasan barcos de gran tonelaje y no está para estas tonterías domingueras.
estoy en la orilla, sino en mitad de otro puente y no recoge todo el ancho del río, no me cabía en el objetivo.Nos metieron a 40 personas en una sala donde cabían 20 para hacernos una prueba de nivel y asignarnos un grupo. Una señora de voz chillona comenzó a darnos las explicaciones en inglés. Preguntó si alguien no entendía bien, una única mano se alzó entre las 40 cabezas, la mía. Me dijo que si había levantado la mano es que le había entendido, le dije que sí…total, nos habían dado una guía informativa. A partir de ahí, la señora con voz estridente y chillona se puso a mi lado y cada cierto tiempo se dirigía a mí en francés con un volumen que superaba con mucho lo necesario para los 30 cms que nos separaban. Me visualizaba dentro de una escena de los Morancos (a falta de más cultas referencias).
«Pobrecito, qué mal lo está pasando», pensaban mis compañeros. «Que no me dé la risa, qué no me dé la risa», pensaba yo. Una colombiana que estaba frente a mí captó la interpretación exacta de mis pensamientos y se tapó la boca mientras sus ojos empezaban a lagrimear por la risa contenida. En esos momentos yo ya sabía lo que iba a ocurrir: en la siguiente embestida de Miss Voz-de-pito estallé. A partir de ahí no sé muy bien qué pasó, afortunadamente todo el mundo se echó a reir (fui una liberación para el pueblo llano), la mujer me dijo algo que no llegué a comprender pero dije yes, oui, que sí, y que of course, y no se volvió a dirigir a mí. La risa floja no se me fue y tuve que pensar en aquélla vez que perdí 20 euros para ponerme bien triste y no volver a liarla. Después de eso me hicieron el examen de nivel, y me asignaron aula, primera clase oral: eso es divertido.
Un catedrático de Universidad de Poesía Contemporanea sería mi profe (me dieron ganas de preguntarle que qué hacía dando clases de verano, pero me callé), vestido de catedrático, claro; con su melenita bohemia, con sus tic, sus gafitas de pasta, su voz seria, sus gestos de haber leído demasiado… chungo. Solo 4 alumnos, justo los que yo hubiera rechazado de entre los 40 iniciales: serios, dignos, con cara de empollones, con pinta de aburridos…
En efecto, aburridos. Nos dieron una hoja con frases polémicas, uno escogía una frase y luego se supone que había un debate. La tolerancia religiosa, la clonación humana, el efecto invernadero, eso escogieron. Exponían sus ideas sin una sola mueca, sin un solo gesto, como palos tiesos. Yo seguí las reglas, mi tema también venía en la lista que nos dieron: «Afin de ne pas salir la cuvette les hommes devraient uriner assis» (para no ensuciar el wc los hombres deberían mear sentados), qué mal lo pasaron los pobres hablando de este tema sin un solo gesto, sin una sonrisa, sin una mueca… Lo de hoy era provisional, espero que mañana me pongan con la colombiana que me leyó el pensamiento.

Québec es la capital de la región del mismo nombre, es exclusivamente francófona, lástima que contraté una excursión exclusivamente anglófona (sin saberlo, claro). El casco antiguo, Patrimonio Universal, te recuerda a cualquier ciudad centroeuropea, solo que más nuevo, pues está bastante «maquillado»…de tan nuevo y tan pulido parece cartón-piedra, como un parque temático. Pero sí, es bien chula.
Además, aquí puedes coincidir en un restaurante con dos señoras de Llerena que se pondrán como locas por el encuentro extremeño.
Por lo visto aquí hace más frio que en Montreal y en Toronto y se ponen mu chulitos diciéndolo, es como si en Alcohólicos Anónimos apostaran por ver quién bebe
más chupitos (qué didáctico). Por tanto frio, los franceses no le hacían mucho caso a este cacho del mundo y estaban más entusiasmados con sus territorios del Caribe, y los ingleses, siempre al quite, zurraron a los gabachos y se lo apropiaron. Si siguen hablando francés es porque no se permitían celebraciones católicas en inglés.
Y estos son muy católicos, tienen agua bendita en la Catedral en unos frasquitos muy apañaos. En cuanto los vi pensé, en plan aristocrático, en mi sobrinilla: no es del Jordán sino del San Lorenzo (que está menos visto), el cura va a flipar con el agua bendita canadiense, y si no se bautiza ya se la echaré yo por encima, que seguro que tiene poderes divinos para defenderla del frio -en plan pócima de Obelix- (no se me ocurre otra explicación para que en estas ciudades sobreviva la gente en
invierno). Ah, y aprendan en el Vaticano (si acaso allí me leen): los frasquitos son gratis, con un cartelito que dice que cada uno aporte a la Iglesia lo que le dicte su corazón. Y mi corazón me dictó…sí, lo que estás pensando.
probar la subvención: esto sí que es inmersión lingüística y cultural.
Sois unos cuantos los que me habeis escrito diciendo que no podéis hacer comentarios al blog, acabo de configurar la entradas de comentarios y no sé si lo he arreglao. Probad si quereis.
iga, puede ser muy bueno o muy malo; y como lo digo yo, pues ni fu ni fa). Por cierto, esta tarde nos hemos colao en el rascacielos más alto, hemos subido a la terraza, donde al parecer hay un restaurante, y, casi sin dejarnos salir del ascensor, una chica nos ha «recomendado» que nos fuesemos a cambiar de ropa para poder entrar (y eso que yo iba superelegante con mis bermudas y con mi camiseta del insti…la culpa de Rocío, fijo).
Quebec no es Canadá, al menos para Gaëtan y para la población francófona de Montreal. El desfile fue pelín patético, por allí pasaban todas las casas «regionales» de la ciudad representando a las distintas nacionalidades que aquí conviven, pero sin orden ni concierto…ni público (Rocío y yo y unos cuantos turistas más). Podéis ver en la foto de la izquierda unas húngaras, el cuñao de una de ellas con la bandera, un niño en patinete, y la que echa de comer al oso yogui (en el centro). Abajo los únicos que parecían haber ensayado los tiempos y los espacios.
Lo más bonito fue un coche que pasó con una gran bandera de Quebec, arrastrando por el suelo la de Canadá. Aplaudimos como locos (eso de hacerse los oprimidos políticos mola) mientras agitábamos frenéticamente sendas banderas de Canadá que nos habían regalao (así no ofendíamos a nadie, o a todos, no sé).