Vilnius/ Lituania

Si Vilnius es Patrimonio Universal de la Unesco quizás no deberías hacer mucho caso a aquélla turista española que encontraste en Tallin y que te dijo que no merecía la pena. Pero tú sacas tus conclusiones. Y al llegar a Vilnius las confirmas: aquella  mujer estaba borracha. No solo porque la ciudad es bien chula, sino también porque desde que saliste de Finlandia los precios han bajado al mismo ritmo que la latitud, y lo que en Helsinki costaba 7 aquí cuesta 1,5. Pues claro, me refiero a la pinta de cerveza.

Lo primero que vas a hacer, porque sí, es subir hasta la Torre Geminidas, que levantaron en una colina en mitad de Vilnius para que tú pudieras tener una perspectiva genial de la ciudad. Aquí empezó, o acabó (según se mire), la gran cadena humana en la que participaron 2 millones de personas para unir las tres Repúblicas Bálticas y decirle al mundo que ellos no eran rusos y que querían su liberación. Y así fue como el mundo se enteró de la tremenda historia de sometimiento de estos tres países. Y así fue como alcanzaron su independencia y, en los años posteriores, lograron buenísimos puestos en Eurovisión y yo flipo con este dato pero es que están orgullosísimos.
Baja la colina y sigue una garganta natural que atraviesa la ciudad hasta encontrarte con la iglesia de Santa Ana, pregunta por la calle Literatu (o calle de los artistas) y vete a ver a un japonés echando fotos a cada uno de los ornamentos de las paredes de la calle. Ahora reflexiona sobre los antecedentes familiares y dramas emocionales que seguramente carga este ser para justificar tal comportamiento.

Pero ya sé que lo que verdad te priva es encaramarte a los sitios, así que vamos a la Torre de la Universidad para ver en panorámica todo el tinglado. No solo por eso merece la pena esta Torre, su interior hueco te sorprenderá con una impresionante estructura de madera y un péndulo de Foucault que si lo miras fijamente te hipnotiza y puedes olvidar al japonés del párrafo anterior. 
Deja de mirar al péndulo y mira el reloj que ya es hora de irse. Echa una última foto al Ayuntamiento de Vilnius bajo el paraguas que te «regalaron» en aquel hotel de Helsinki y que te ha acompañado por este periplo báltico, al igual que la braga alrededor de la cabeza para poder dormir (he dicho «braga», sin «s», pervertido!) en estas noches minúsculas, y una sudadera que ha conocido todos los suelos de las repúblicas bálticas y algún charco. Pese al frío anormal por estas fechas,  ha estado genial !

Riga / Letonia

Para ir de Tallín a Riga en tren tienes que pasar por San Petesburgo. Y qué pereza. Así que en Lux Bus, que es cómodo y te permite utilizar el viaje para hartarte de paisajes y para hacer este post. En cuatro horitas bordeando el báltico y atravesando densos bosques de…no sé, árboles, ya estás en Riga, la «Perla del Báltico», donde las estufas de las terrazas ya no son tan evidentes, aunque tan evidente a ti no te resulte que viajamos hacia el sur, pues para que lo sepas.

Si quieres vivir en un apartamento de lujo en una calle de lujo y por cuatro perras habla con Gundi, que además te enseña letón en un minuto. Los sonidos y las reglas de pronunciación son tan simples como las nuestras, así que incluso tú podrías leer el menú de un restaurante: el camarero te entenderá perfectamente aunque tú no sepas lo que estás diciendo (nada nuevo, también lo haces en tu idioma). Así que ahora que sabes letón mézclate entre los rusos. Verlos jugar al ajedrez en Vērmaez Dārzs es todo un espectáculo. Las partidas son con temporizador, cuando el tiempo escasea mueven las fichas tan rápido como trileros y te dan ganas de adivinar en qué mano tienen la torre, pero te callas por no romper el silencio. Nadie habla, nadie festeja, ni un triste «jódete cabrón!» ni un ná cuando se comen la reina. Pues yo así, de verdad te lo digo, no le encuentro la gracia.
Ese pirulo que ves en la foto es el Brivibas Piemineklis, el Monumento a los Libertad, muy venerado por los letones como símbolo de la nación. Los soviéticos no lo derrumbaron y en tiempo de ocupación se convirtió en agencia de viajes: tú ponías unas florecinas en memoria de los héroes de la patria y te ganabas, totalmente gratuito, un viaje a Siberia con todo incluido. Eso sí, solo ida. Al retomar su independencia en 1991 los letones, qué rencorosos, decidieron que a los que conservaran el carné del partido comunista no se les daba nacionalidad. Así que ahora hay 400.000 personas (de un total de dos millones) que tienen residencia pero no nacionalidad. Quizás  a ti, que eres un tiquismiquis, te parezca un atropello de los derechos civiles pero es una minucia sin importancia que no les ha impedido entrar en la UE.
Ven que te saque un rato por el pueblo no sea que ya no me asimiles tanta historia letona. Anda mira!,  aquí el trenecito turístico es eléctrico y con audio-guía. Y pa hacer «listening» te la pones en inglés. Y fechas y más fechas, y esa forma tan absurda que tienen los ingleses para decirlas que cuando logras colocar el número ya se te ha pasado el dato. Me pillé en Babia en varias ocasiones mientras el aparato reproducía que en nineteen tantitos ocurrió algo horrible. No me enteré de mucho, así que este párrafo te lo tragas sin aprender nada nuevo. 

TTras el (nuevo) fracaso del tren te vas al día siguiente frente a la catedral que a las once sale una visita guiada por la ciudad. Como es gratis te juntas enseguida con un buen grupo de todas las nacionalidades, el guía se curra la propina haciéndose el supersimpático para que todo el mundo participe y se sienta superrelajado…en inglés. Encógete y ponte en la fila de atrás para que no te saquen a la pizarra, a ver si con éste cuela lo que no cuela conmigo. Aunque si se pone a diluviar quizá sea mejor romper filas y abandonar la excursión. Si vienes por aquí no olvides que a las 11 tienes guía gratis, eleven o’clock.
No me lo niegues que sé que te gustan más los mercados que las exposiciones, pero mercados de los de verdad, de los del día a día de la gente, donde se capta la esencia de un pueblo con sus costumbres y peculiaridades. Tira, nos vamos al Centraltirgus, mercado central. Predominio aplastante del salmón, pero con mucha variedad de otros bichos que no te sé identificar, ahumados casi siempre pero también marinados y secos. Solo dos tiendas parecen no ser autóctona. Productos típicos españoles en la primera, un jamón de Azuaga a 499€ (eso sí, de pata negra auténtico), y la otra también española pero mucho más típica aún: cerrada y con un cartelito donde, presumiblemente, pone «se traspasa».
Durante mucho tiempo Riga fue la ciudad más importante de !Suecia!. También ha sido alemana, rusa, polaca… Y es que durante siglos han sido invadidos, sometidos, deportados, fusilados (ahora entiendes por qué les cuesta tanto sonreír), así que pásate por el Museo de la Guerra y verás qué historia tan azarosa han tenido estos pobres. Y si te han quedado ganas pásate por el Museo de la Ocupación (soviética). Familias enteras deportadas para trabajar levantando puentes, poniendo vías, picando minas, la (no) vida en los gulags donde vivías con una ración de pan y medio litro de sopa aguada en unas condiciones infrahumanas….una lección dolorosa que nadie quiere olvidar, una lección de historia y de Derechos Humanos pisoteados, una vergüenza brutal para el mundo plasmado en Museos. A ver cuando uno así en España, y de visita obligatoria, para que todo el mundo tenga claro que lo deleznable es injustificable, con independencia de la adscripción política de cada cual. En fin, relájate en el Vermanen Park que también está chulo y no encuentras calamidades.
Espera, no te vayas de Riga sin subirte a la terraza del Hotel Radisson que tiene las vistas más chulas de la ciudad: la catedral ortodoxa en primer plano, las iglesias, los puentes…eso los lunes. Si vas en domingo te cobran, en días de diario no, intuyo que las vistas en domingo son aún mejores. Quizás se vea Sevilla, vete tú a saber. 

Tallín / Estonia

Para qué te vas a bajar del barco con el mogollón, tú sigue echando fotos a Tallín y espera sin prisas a que se bajen todos para luego desembarcar tranquilo. Qué raro, parece que aún hay bastante trajín por los pasillos!…quizás se está empezando a llenar con nuevos pasajeros que hacen el trayecto inverso. Y ahora, ya sí, te entran las prisas. Y bajas a la quinta planta, y corres entre camarotes, y subes a la séptima y vuelves a bajar a contracorriente de los nuevos pasajeros, y qué sofocos entran cuando ya te imaginas de nuevo en Helsinki por no saber salir del barco. Desde aquí se lo digo a los de Viking Lines: o ponéis indicaciones de cómo salir o algún día os encontraréis familias que han proliferado dentro del ferry formando colonia que jamás pisó tierra firme y reclamando la soberanía sobre su único mundo conocido. Advertidos quedáis.

Ya puedes empezar a hablar estonio con tanta fluidez como hablabas finés. Menos mal que la mayoría de los estonios también hablan ruso, hecho que facilita mucho las cosas (para los rusos, digo). En tiempos de la URSS debía estar bastante abandonado, pero desde que el país retomó su independencia los estonios han puesto el casco histórico de Tallin como un pincel y ahora es Patrimonio Universal: Torres de Exincastillos, iglesias, palacios…es todo como tan de cuento que no extrañes si ves a un gnomo asomado en una buhardilla, un señor colosal en una fragua martilleando hierro candente en un yunque, brujas de distintas raleas, o unas vikingas cardando lanas (la foto, dónde leches tengo esa foto!). Ayuda bastante que coincida tu estancia con un curradísimo mercado medieval donde puedes aprender muchas curiosidades que olvidarás en poco tiempo, así que no sé si te va a merecer la pena.

Pero no todo resulta tan didáctico. Llámame como quieras, pero convencido estoy de que una forma entretenida y efectiva de conocer una ciudad es subirte al tren turístico. Aquí ni se te ocurra. Ni vistas (las calles son demasiado estrechas), ni audioguía ni explicaciones de ningún tipo, solo traqueteo infernal sobre los cantos rodados que forman el suelo del centro histórico que bajas de allí con convulsiones. Así que ahórrate los 6 euricos  de la guiri-estampa que no te van a venir mal: sí es cierto que esto es más barato que Finlandia pero por menos de 3 € no te tomas un café. 


La pinta de cerveza son 4 € (que sentí yo como si lo del café no te hubiese llegado), razón que justifica que los finlandeses utilicen Tallín como destino de despedidas de soltero y demás eventos etílicos-festivos. Así que la ciudad, aparte de ser chulísima, está repleta día y noche, términos no tan contrapuestos en estas latitudes: amanece a las tres y media de la mañana y fíjate en el cielo que hay en el reloj de la foto hecha después de cenar (los de la era digital que pregunten a sus padres por la hora que marca).Y todo esto sin persianas. Nunca lo entenderé, es salir de España y qué poquitas persianas venden. Debe ser que se empachan de luz en verano para suplir la carencia en invierno, como tú cuando prevés que no vas a cenar y te atiborras en la merienda como un animal en cebo.

A pesar de las persianas, no parece que vivan mal los estonios, la renta en Estonia se ha multiplicado en los últimos años, siendo el país que más se ha beneficiado (o mejor ha gestionado) los fondos europeos desde su incorporación a la UE, y ahora, aparte de turismo, es un referente en empresas tecnológicas, ¿a que no sabías que Skype era de aquí? ¿A qué no te pega la foto de los rascacielos en estas tierras?, ¿a que te parecería más adecuada la de una catedral ortodoxa?. Pues no se hable más, que se me acaba la batería: 


Helsinki

Pese a los malos augurios, ni los controladores aéreos franceses ni la tormenta perfecta nos dejaron sin volar (ni a mi casa sin toldos). Así que ya estás en Finlandia dando vueltas por el parking del aeropuerto sometido a las exigencias incuestionables del Google Map que es quien manda, para acabar preguntando, como antaño, a un ser vivo que es quien finalmente logra situarte en el andén correcto para ir al hotel. Estás en Finlandia, donde toda la gente es tan rubia y tan lista que pueden entenderse entre ellos en finés, algo totalmente inalcanzable para el resto de la humanidad.

La primera impresión en Helsinki (y la segunda, y la tercera…) es de ciudad austera, sobria, un poco gris. La influencia de sus vecinos rusos es bastante evidente. Que sepas que Finlandia fue fundada por los suecos, pero en 1807 fue invadida por los rusos y no recuperó la independencia hasta un siglo después. Eso no lo digo yo, sino un folleto turístico que pone al mismo nivel otros dos hitos históricos del país: la organización de las Olimpiadas en 1952 y, agárrate, el haber ganado Eurovisión en 2006. Como lo lees.

Si puedes liberarte del shock Eurovisiivo sígueme por la «Hija del Báltico» (sí, no ganamos pa sustos) que hemos encontrado los 10 top de la ciudad en una guía y nos acabamos de dar cuenta que, sin ser conscientes y andando al buen tuntún, ya has pasado por la mitad y te has quedado tan pancho sin estremecimientos ni nada. Incluida la vuelta completa a la península de Katajanokka Skattuden para ver barcos rompehielos entre un montón de mosquitos.

Las dos catedrales destacan sobre el resto. La Catedral Luterana es tan blanca que parece recién pintada, la Ortodoxa es de ladrillo rojo, ambas te recordarían a Moscú… a no ser que alguien te recordara que tú nunca has estado en Moscú, que será lo más probable.

Vale que por lo visto no es lo normal, pero con 14 grados y lluvia ya has descartado que esto sea el paraiso: si te tienes que tomar una cerveza en pleno julio bajó una estufa mal vamos. Y la buena fama de Finlandia como sitio ideal no deja de sufrir envites de la gente que la casualidad (y el idioma) pone en tu camino…

Primero la dueña de un «chiringuito» callejero al que en España no entrarías de puro cutre, pero ya sabes por otras veces que, cuando vas de guiri, lo «cutre» y lo «con-encanto» se diluyen en místico atontecimiento que nubla los sentidos y enajena tu discernimiento. Pues ná, que la moza quiere practicar español, así que le preguntamos que dónde podemos ir para ver algo chulo en Helsinki. Y nos manda a Laponia. Tal cual. Luego un madrileño que te cuenta que en invierno amanece a las 11 y oscurece a las 15h, y, como te pilla trabajando, solo ves la luz del día (normalmente grisácea porque está nublado)  los domingos. También una Sra argentina, dueña de una pescadería, coincide con el mal trago de pasar aquí un invierno, y como dejamos que se desahogue nos regala un buen paquete de salmón ahumado a 39€ el kilo. Y mira tú que a veces la generosidad recibe su recompensa en forma de paquete de jamón ibérico extremeño…y le entra una risa floja y un subidón existencial que aún le debe durar. A nosotros el salmón no. Estaba rico, rico.
Ves recogiendo que nos vamos. Sube al Ferry y echa una última ojeada a Helsinki y verás que también tiene su encanto. En dos horas y media estamos en Estonia. Nos vemos allí si eso.

Bratislava

 Ya supondrás que viajar a Centroeuropa a finales de enero requiere un poquito de abrigo, así que, unos días antes, miras la previsión meteorológica. Paradójicamente, más que dejarte frío te entra un sofoco repentino al ver los -23º que marca la previsión como mínima. Pero mucho más inquietantes los -11º que marca como máxima. Según se aproxima el día las previsiones van cambiando, y tú que ya te habías hecho a la idea de una nueva dimensión te defrauda un poco la desaparición de la borrasca que venía de Siberia.  Llegas a Eslovaquia con 5 graditos más que razonables.

Bratislava es una ciudad pequeñita y manejable, que no suele entrar en los circuitos masificados de las Ciudades Imperiales. Así que en la ciudad, al menos en enero, te la encuentras tal cual es, sin tener que evitar los palos de selfie de los turistas para que no te saquen un ojo . Además, quizás porque no se suele llegar con demasiadas pretensiones, la ciudad te sorprende muy gratamente.

El monumento más representativo de la ciudad es el Castillo de Bratislava, como se ve desde cualquier punto para qué te voy a contar cómo acceder a él. No te pongas tontito pensando qué autobús tienes que pillar, ves andando que aquí está todo a un paso. Y así, al buen tuntún, pasarás por la Plaza Lavne Namestie, por Puerta de San Miguel, y por la Catedral de San Martín. Y hala, en un día ya tienes vista buena parte de la ciudad.

Justo frente del Castillo aún un restaurante que hace de mirador al Danubio. Si no elegiste el eslovaco como segundo idioma haz lo que yo: señala un plato del menú y a ver qué pasa. Y pasa lo de siempre, que te arrepientes. En la foto parece rico, en la boca tocinaco salado y grasiento. Deja de quejarte y disfruta de la panorámica de lujo que te ofrece el mirador, además, y pese a que el sitio parece de lo más pijo, la cuenta es bastante asequible.

Al otro lado del Danubio aparece un platillo volante encima de la torre del puente que cruza el río, es el Novy Most. Seis euritos y ya estás a 98 metros de altura tomándote una pinta y disfrutando de las mejores vistas de la ciudad.

Como parece que ya vas cansadín, tira para el Slovak Pub, comida típica y buen ambiente…es parecido a una cervecería irlandesa pero a precios de tu pueblo.

Ya te estoy viendo camino del Palacio Grassalkovich, que es la residencia oficial del Presidente de la República. No tienes ni cita ni nada así que no pienses que vas a entrar. Lo ves por fuera y te pillas el bus que va hasta el Monte Kamzik, un lugar de recreo dominguero plan Casa de Campo. 

Baja en la parada de Koliba. Desde ahí sigue la señal que indica el telesillas que te subirá a la Torre de TV. Espero que no te importe, vas a caminar un poquito por el bosque. Pasa la torre de TV pero el telesillas que supuestamente te subía hasta aquí está aún más lejos. Si insistes, al final llegas. La chica que está a los mandos solo habla eslovaco, así que montas sin saber dónde vas. Bajas lo que habías subido andando pero por el otro lado de la montaña, llegas a ningún sitio y vuelves a subir. Cuando haces el guiri sin paliativos las risas son el único antídoto, así que a reír…y así no piensas en el balanceo de los asientos, ni en el crujir de los cables, ni en la rudimentaria seguridad del telesilla que nos transporta a ninguna parte en mitad de un bosque solitario.

Vuelves a la Torre de TV que te mostrará una nueva panorámica de la ciudad desde su restaurante. Eso sí, como no habías reservado, un camarero parece que te dice que p’abajo otra vez: el truco está en mirarle sin moverte, como si fueras tontito y no entendieras nada (quizá no tengas que esforzarte), y al final, por no llegar a mayores, te encuentran una mesa.

Baja a Koliba, pilla el bus, pasa otra vez por el Palacio Presidencial pero no te bajes hasta la última parada. Estás en el Memorial de Slavin, mausoleo en honor a los soldados soviéticos caídos en la II Guerra Mundial. Que ni fú, ni fá, pero las vistas vuelven a ser chulas.

Y así a lo tonto, te acabas de recorrer la ciudad, entre ñoquis y empanadillas eslovacas, alguna cervecina o varias, sin agobios, sin desmanes económicos…en fin, que te ha parecido una ciudad bien chula para hacer una escapada, ¿qué más quieres?…Pues quiero ponerme en la parte derecha del avión, si puede ser en ventanilla, para disfrutar de un alucinante vuelo atravesando los Alpes en todo su esplendor de invierno. Pues eso, colofón.

Roma.

Sí, medio mundo recorrido y nunca había estado en Roma. Imperdonable. Así que propósito de enmienda, vuelo baratito y tres días de carnaval por delante para solucionar la afrenta a, sin duda, una de las ciudades más impresionantes que puedes visitar.
Y como esta vez hago la crónica en riguroso diferido supongo pasará desapercibida para los viajeros virtuales que a veces me acompañan y, también, para el resto del mundo que ignora mi existencia y viven tan anchos y tan panchos sin ningún tipo de remordimiento; de lo que deduzco que este post no será muy leído, pero aquí quede para mis recuerdos.

Lo bueno de hacer la crónica unos meses después del viaje es que has olvidado las esperas, las colas, la birria de la habitación del hotel del primer día. Lo malo de hacer la crónica unos meses después del viaje es que tampoco recuerdas muy bien todo lo demás. Así que este post tendrá más fotos que letras, voy a preguntar por ahí a ver si alguien me echa una mano…

Y sí, por lo visto hay gente con memoria más generosa que se acuerda de la la Fontana repleta de andamios y de la pizza en la la Piazza del Popolo nada más llegar a Roma. Te levantas y te vas a ver un cañonazo a las 12 en punto de la mañana que marca el punto de salida para el maratón urbano que te llevará por toda la ciudad para no dejar de preguntarte cómo no habías venido antes.

Ya que es Carnaval te cruzas con una estampa que lo atestigua y te hacen un numerito en plena calle que…en fin, digamos que Roma tiene otros atractivos más notables.

La ciudad sorprende en cada esquina con algo que en cualquier otra ciudad sería muy destacable pero que en ésta se diluye ante la cantidad de estampas imponentes que inundan cada calle. Así que tú sigue viendo fotos mientras pasamos de día para irnos directamente a hacer cola para subir al a la Catedral de San Pedro.

Es una lástima que el Vaticano sea tan chiquitín que tan siquieras hayas advertido que el mapa acaba de cambiar para acoger, entre los visitados, al país más pequeño del mundo. Qué pequeño pero qué poderío, qué estampa desde la Cúpula, qué piernas más duras tras los más de 300 escalones. Como el Papa no aparece te tienes que conformar con el entierro de un Cardenal y…

…Y antes de que empiece a blasfemar y que la Guardia Suiza te eche del templo sigamos la ruta que aún tenemos que ir al barrio de Trastevere a pasear por sus callejuelas y a comer pasta (que debe ser como para un guiri ir a Malasaña a tomarse unas tapas), y a una iglesia en la que se suben las escaleras de rodilla, y a otra, y a otra…ah , y al Coliseum, claro.

Espectacular. Roma es espectacular. Y qué mejor que rematar la faena con otro espectáculo que Rynair gentilmente te ofrece. Como vas en ventanilla puedes ver que estamos a pocos metros del suelo, a punto de tocarlo, y de repente se encienden motores con gran estruendo, el reprís del acelerón hace que las cabezas choquen contra el respaldo, algunos gritos y muchas caras pálidas, el avión vuelve a tomar altura. Una azafata nos comunica amablemente que le gustaría indicarnos qué ha pasado pero que no lo sabe, cosa que tranquiliza un montón. Hay gente que no sabe apreciar estos detalles, pero yo disfruté de un paseo por la Castellana como antes nunca la había visto (para respetar el momento de tensión de algunos miembros del pasaje -entre los que se incluye alguno con generosa memoria- no saqué la cámara de fotos para no parecer frívolo en momento tan delicado, ahora que sé que íbamos a sobrevivir …!cómo me arrepiento!)

Atenas

Ya sé que estás con las ganas de saber el último parte médico del móvil turco. Pese a que todo indicaba que hoy abandonaría la UCI siento decirte que aún no lo han bajado a planta. Continúa su viaje dentro de una bolsa de plástico llena de arroz, supongo que en cuidados paliativos. Ya me dirán desde Estambul si le dan el alta o certifican su defunción.

Estás entrando en Atenas,  qué bonito ¿no?. Pues no. Los accesos a la capital griega tienen una pinta así como…cutre.El centro mejora un poco ,pero vamos, poco…un momento, se bajan polacos e italianos en la parada del metro, esta misma tarde vuelven a casa., hala p´al aeropuerto ¡ El resto seguimos…

Ya que estás aquí te tendré que llevar a ver la Acrópolis, que viene a significar la parte más alta de una ciudad, que vaya puñetera manía de hacer las cosas en el monte en vez de hacerlas en llano, no sé cómo no se les echaban encima los del comité de empresa.  Estamos a finales de octubre y hace calor. Tú, si quieres, te vienes en julio y me cuentas la experiencia, yo no pienso. Entre piedra y piedra no descuides las fantástica panorámica de la ciudad, que también entra en el precio. Y no vayas a pensar que en el recinto solo vas a ver templos griegos, lo primero que te encuentras es un teatro romano que es lo que ves en la foto.

Nuestros anfitriones vuelven a Panaitolio, los turcos a su hotel (bonito, tranquilo y caro). Nosotros al nuetro (barato, feo y en pleno centro). El español retorna como única lengua, qué descanso.

No te extrañe de la procedencia griega de la palabra»caos», es la esencia de esta ciudad. El desorden, la suciedad, el bullicio y la laxitud en el cumplimiento de las normas de tráfico te hace dudar de en qué continente te encuentras. No te fíes de los semáforos en verde y mucho menos de los paso de peatones (aquí se utilizan para aparcar las motos). Y todo esto contrasta con una hostelería muy cuidada: terrazas elegantes, atractivas y modernas, servicio amable y profesional, baños limpios… En fin, que la ciudad es un poco indefinible.

Vuelves a pasar de día, ya es sábado. Al principio te parece un poco guiriguilero (dícese del comportamiento de guiri), pero no te quepa duda de que es la mejor opción de ver todo lo visible en un solo día: te hablo del trenecito turístico. Quitando la Acrópolis y cuatro templos la verdad es que no hay mucho más. Quizá el barrio de Plaka, es la zona más turística, donde se concentran tiendas de cuero, artesanía, joyas y miles de camisetas, pero ninguna de «Extremoduro» (como se queja razonablemente una de mis alumnas). El Museo de la Acrópolis sí que te impacta, el edificio es imponente por fuera y por dentro, está prohibido hacer fotos pero yo ya me he vuelto un poco griego.

Y colorín, colorado pa tu casita te vas. Abandonas un país con mucho más atractivo natural de lo que uno esperaba (al menos en su parte continental) y donde los tópicos sociales y los estereotipos más han coincidido con lo que he vivido. Grecia es exceso, en lo bueno y en lo no tan bueno. Eso sí, en pocos sitios encontrarás tanta gente amable, hospitalaria, sonriente (a pesar de todo) y generosa…y les pones un Sirtaki y allá penas que diría el otro.

Si le dices al del hostal que te llame a las 6:30 él opinará que eso es muy tarde y que vamos a andar apurados porque hemos quedado a las 7 con los taxis que te llevarán al aeropuerto, así que decide que te llamará a las 6:15. Pero al final ni pa tí ni pa mí, te llama a las 5 para preguntarte si te has enterado que hoy se cambia la hora, y ganas te dan de matarlo. En el taxi una última experiencia, los dos coches  juegan a adelantarse en un pique permanente entre ambos: a 80 por pleno centro, esquivando a perros y saltándose semáforos y hablando por el móvil…así es Grecia. Espero que lo hayas disfrutado, a mí me ha encantado…. ah coño, que me iba sin enseñarte el Partenón:

Messolongui

En Grecia también hay cascos para las motos, pasos de peatones y normas de circulación, otra cosa es que se les dé el uso pertinente. 
En bares y restaurantes hay ceniceros en todas las mesas por lo que quizá te parezca improcedente preguntar si se puede fumar. Con sonrisa de anárquico por obligación tu vecino de mesa te dirá que fumar está prohibido, pero si te fijas en su rostro (y en la última bocanada de humo que acaba de expulsar) puedes leer: “estamos jodidos así que hacemos lo que nos sale los huevos” (dispensen ustedes este lenguaje soez, pero te aseguro que es la interpretación adecuada de su gesto). Y eso de hacer lo que nos dé la gana incluye que los chavales se levanten en el autobús y bailen en el pasillo la música choni-cani griega y que, en ocasiones, sean las mismas profes las que les arengan, también levantadas, desde las primeras filas. Entre la música, las voces y los chillidos de los alumnos hay veces que, si el sueño te vence, cuando te despiertas no sabes si estás en un autobús o en mitad de un coma etílico.

Por cierto, vamos camino de Messolonghi, capital de Etolia-Arcanania. La ciudad, famosa por su laguna salada, quizás te resulte inolvidable a tu regreso: los griegos han cogido dos sacos de sal, de unos 40 kilos cada uno, y mucho me temo que nos los van a regalar. Ello son así de espontáneo. Tanto que pueden invitarte a su casa a tomar un café y lo primero que te preguntan es cuánto ganas, luego,  sin venir a cuento, le preguntan a mi compa que por qué no está casada y luego, te lo juro, te enseñan su album de fotos de boda (de hace 20 años). A veces te parecerá que has retrocedido en el tiempo cuando ves los Cristos presidiendo todas las aulas o  cuando oyes a tus alumnas contando cómo esta mañana las han sacado al patio y se ha puesto todo el mundo a rezar en formación…y ellas  flipando, igual que tú al leerlo.

De Messolonghi no te vayas sin pasar por un restaurante de pescado para degustar diferentes platos. Y ya cuando casi no puedes más, los griegos te dicen que no pasa nada porque se deje algo: aún queda el plato principal. Y cuando ves llegar un pescado de dimensiones bacanales te dan ganas de salir a correr, pero ya ni puedes. Son excesivos en la comida y excesivos en su afán por agradar. El otro día tomando un vino pregunté, por quedar bien, que dónde podía comprarlo, «no te preocupes», me dijeron.

Esta mañana me han sacado del insti, me han metido en un coche, hemos atravesado dos pueblos, nos hemos metido por un camino agrícola y he acabado en la bodega que fabrica el vino que dije que me gustaba. Yo cuando me monté pensaba que me llevaba a un supermercado. El griego que te lleva no habla una palabra en otro idioma que no sea el suyo,menos mal que Kiss FM rompe el  silencio. La vendedora sí habla inglés y  te excusas con ella porque se ha empeñado en enseñarte toda la bodega pero tú debes volver al instituto para hacer actividades, y tú que no, y ella que sí,  y te dice que solo serán unos minutos, que no, que de verdad, que thank you pero que me tengo que ir. Da igual que tú no quieras, si ellos dicen que comas comes, si te quieren enseñar su bodega ya puedes decir tú misa ortodoxa…la vas a ver sí o sí.



Plevrona y Nafpaktos.

Entre comilona y comilona hacemos otras muchas cosas, no te vayas a pensar. Pero es ahí, con el vinito, donde la gente más se suelta. Tu compa de mesa te pregunta cómo ves Grecia, y uno, por no ahondar en la herida, le dice que mejor de lo que pensaba, y, sin querer oír más, te suelta que son muy pobres, y te empieza a contar las estrecheces que sufren, lo poco que ganan, que el litro de leche cuesta 1,20, que la gasolina sin plomo 1,67, y que no ven futuro ni de lejos…en fin. Hasta dónde llegará la cosa que algunas constructoras entregan el esqueleto de los edificios y si tienes dinero te acabas tu apartamento y entras a vivir, aunque ni el del segundo ni el del tercero hayan puesto ni un ladrillo en toda su planta. La palabra «crisis» y «drama» son la aportación del griego al resto de lenguas, con eso te digo todo. No dudo de las penurias que puedan sufrir pero también te digo que lunes y martes estaban petados los restaurante donde hemos cenado, y que acabo de pagar 3,5 € por una cerveza en una de las muchas terrazas del centro de Agrinio que, como sabrás, es la ciudad más grande de la región (100.000 habitantes) y donde está mi hotel.

Como los dramas también los tenemos en casa, pasemos a otro tema. A ver, te podría llevar a Kastraki que es una presa hidroeléctrica que a ti plim y a mí lo mismo. O quedarnos a pasear por Agrinio para entrar en su museo de escultura y hacer el tonto con los chavales…pero tampoco. Pasemos de día.  Sin comerlo ni beberlo (frase totalmente inapropiada para estos días) vas camino de Plevrona que tiene mejor pinta. Impresionante la frondosidad del bosque mediterráneo cargado de encinas, olivos, cipreses, pinos…es como un Monfragüe gigante. En eso que atraviesas un cañón y flipas aún más ante la inesperada y espectacular naturaleza griega.

Llegas a la fortaleza de Plevrona para disfrutar de de las piedras que los Troyanos dejaron después de arrasar la ciudad. El arqueólogo te cuenta y tú, a tu bola, vas imaginando la ciudad. Como no hice mucho caso al arqueólogo (no por falta de imaginación sino de léxico) te muestro el teatro, que es lo único identificable de entre las piedras.

Venga al bus, nos vamos a Nafpaktos que hace muy buen día de playa. Las profes griegas te advierten de que el agua está muy fría y tú, como no quieres pelea y los alumnos te tienen ganas, prefieres dejar el bañador en el bus y que se maten entre ellos. Error, el agua no estaba nada fría, y te quedas en la orilla muertito de envidia y hambriento de pelea.

Un paseito por el puerto antes de montarte en el bus. Niños que corren por los muelles, niños que se suben a las barcas atracadas en el puerto, niños que menean las barcas, niños cuyos profes dónde coños están.Verás como alguno acaba en el agua…Pues no, mucho peor: el Iphone de una niña turca acaba en el fondo del puerto. Las lágrimas no se hacen esperar (no sabemos si por el juguetito en sí o porque era de su hermano y la que le espera en casa es chica).

Griego que se lanza al agua en gesto heróico. Bucea que da pena, al fondo no llega ni de coña. Fracaso total. El bus nos espera mal aparcado en la plaza. Nos tenemos que ir. Tristeza brutal entre la chiquillería Para muchos es lo más trágico que han presenciado en su vida, el desconsuelo se contagia de unos a otros, sobre todo en la delegación turca que hacen piña con la víctima y se contagian las lágrimas.

Mientras los chavales entran cabizbajos al bus yo bajo con la bolsa de mi bañador en la mano. Ya sabes que en tierra no tanto, pero en el agua me reconozco cierta pericia. «Dadme 15 minutos», pido. El conductor, mal aparcado, sopesa la situación. Concedidos. ¿A tí no te pasa que de tu boca salen a veces palabras que tu cerebro no ha procesado previamente?, a mí sí. ¿Has buceado alguna vez en un puerto?, yo sí, hoy. En la plaza colindante con el puert, a unos 200 metros de la Zona Cero,  la expectación es máxima.

Ya todos en el autobús aguardan mi entrada. Cincuenta personas de diferentes nacionalidades aplaudiendo, chillando, vitoreando, chocando manos mientras cruzo el pasillo. La víctima en la última fila con la cara desencajada y bañada en lágrimas se te abraza como si hubieras salvado la vida de su madre. ¿Tú te has sentido alguna vez héroe?….pues mola.

Panaitolio y Lago Triconida

Ya sabes que el Peloponeso es una península unida al continente por un cachín de tierra ridículo, pero suficiente para que los barcos atenienses tuvieran que dar un rodeo importante para conectar con Italia. «Cavemos una zanja, y a hacer puñetas la península!» pensaron los antiguos. Pero a zacho chungo. Así que tuvieron que esperar a los últimos años del siglo pasado para remediar la situación y hacer que el Peloponeso técnicamente ahora sea isla. Y ya estarás bien intrigado que qué me trae por estas tierras en esta época. Venga, te saco un poco de dudas: esto es fruto de un Programa Comenius, que consiste básicamente en asociarse con otros instis de Europa para trabajar un tema en común (nuestro tema es el agua) y quedar cada vez en un país. Y, claro, no vas a soltar pahí solos a chavales de 14 años, hay que acompañarlos. Y aquí me tienes a mí, y ahí te tengo a ti.

Qué bonito es todo, eh?. A lo mejor cambias de opinión en el minibús que nos lleva al pueblo (cuatro horas desde Atenas) si te ves rodeado de los siete alumnos turcos que se empeñan enenseñarte en su idioma todos los saludos y los números hasta el diez, también las alineaciones del Galatasaray y el Fenerbache, y los colores, y los días de la semana, y todos sus parentescos, madres que los parió incluida. En fin, que ya te quería ver yo a tí, tras quince horas de viaje, rodeado de adolescentes chillones en mitad del Peloponeso contando hasta diez en turco…a lo mejor no te parecería un plan tan bueno esta escapada. Tampoco te inquietes si miras por la ventanilla para comprobar que vamos circulando por el arcén, es una forma barata de crear una autovía de una simple carretera. Y «has llegado a tu destino», como te dice tu GPS. Afortunadamente ya has dormido y, sin cambiar de párrafo ni nada, estás en el día siguiente. De la mañana poca cosa que no sepas: que el griego hace bailar no te va a sorprender, como todos los vinos.

Deja la Gran Boda Griega con la que nos han recibido y monta que nos vamos a Lago Triconida, el más grande de Grecia con un perímetro de 58 kms2 y con más de 50 metros de profundidad de un agua cristalina, por lo que sorprende que te digan que el lago no se usa  demasiado con fines turísticos porque dicen que el mar queda cerca y que prefieren la playa, y yo te digo que aquí toda la comunicación es en inglés por lo que te conviene saber que quizá lo que me dicen no sea exactamente lo que yo entiendo, avisado quedas. Montaña p´arriba, montaña p´abajo, adolescentes chillando y ya estás otra vez comiendo como en un banquete nupcial. En vez de Comenius este programa se debería llamar Comemos, que te lo digo yo.

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