Silistra, otro intento.

No te pongas pesad@ con lo de querer ver Silistra porque no es una ciudad turísticamente mostrable, aquí vienen los turistas a pernoctar porque en el Parque Nacional que hay al lado no hay hoteles. Así que mira, te voy a poner la foto del Palacio de las Artes que es lo único fotografiable que he visto y se acabó la ciudad. Además de 8 de la mañana a 8 de la tarde te van a tener ocupado haciendo/viendo/oyendo/hablando. Hoy de turismo tampoco sales.

Primero al Insti, pero esta vez te lo vas a pasar pipa. Reparto de clases, te toca la de inglés con alumnos de 14 años. Impresionante.

Los búlgaros por los pasillos se comportan como fieras: igual que en España. Pero en la clase ni un solo gesto entre ellos, ni una conversación a destiempo, interacción total, participación absoluta en las tareas…enfin, que tuve que sospechar que me habían puesto en la mejor clase. Mi sospecha también era la de los demás: todas las clases eran excelentes. El alemán va más lejos: asegura que en su grupo estaban pagados para aparentar. Pues no, por lo visto son así siempre. De la educación soviética que mamaron sus padres algo queda: disciplinados, respetuosos, motivados por aprender y espíritu de sacrificio…y encima simpáticos y sonrientes. Claro, ahora entiendo que los profes ganen tan poco, en España algun@ pagaría por tener a estos alumnos en la ESO.

Después de hacer bien el tonto toda la mañana, los alumnos de cocina preparan  una comida típica búlgara. Te digo yo que estos no tendrán un duro pero nos están tratando a cuerpo de rey (también es verdad que los organizadores nos han cobrado 80€ por llevarnos y traernos al Aeropuerto en la frugoneta, y teniendo en cuenta que son 150 km pa mí que de ahí tienen pa nuestra comida y para la suya durante varias semanas). Deja de hacer conjeturas maliciosas y vete al Ayuntamiento que tenemos recepción con el Alcalde de la ciudad. Y qué contento está el Alcalde, dice mi compa que tiene cara de beber Vodka. Pero no es por eso, se arremanga y te da una exclusiva: ayer la UE concedió al municipio una subvención para hacer una depuradora. Pues vaya cosa, dirás. El dinero para la depuradora duplica el presupuesto de dos años en un Ayuntamiento búlgaro de 40.000 habitantes…pues sí, para estar contento sí es. Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, vénganse para acá que está todo por hacer.

Ahora toca un Colegio de Primaria. Tú entras en una clase y dices «hola» y preguntas en inglés que si saben de dónde eres y un niño empieza a recitar: Fernando Torres, Iniesta, Cesc Fábregas, Iker Casillas… me arrepiento de haber pensado que el de ayer era un tontito, resulta que nuestra alineación entra en temario.  Como de España solo conocen a la Selección y a Shakira (¿?) les enseñas a contar hasta 10 y se lo aprenden en cero-coma que dirían mis alumnos.

Acomplejaito te dejan. Así que te metes en otra clase y te cantan una canción búlgara con tal desparpajo y con tanta entrega que te hace pensar que los han emborrachado para la ocasión.

El día se tuerce cuando llegas al SPA y el Jacuzzi no funciona. Ah sí… Premio de la Crítica, Premio del Público, y Premio Epecial del Jurado para la ponencia española. Ya te lo esperabas, ¿verdad?

Dobrich y Varna

Si la ilusión de tu vida era conocer Dobrich estás de enhorabuena. Entra en la frugoneta y hazte un ocho para ver algo por la ventanilla  (que te te llega hasta la barbilla) y en una horita te plantas ante una ciudad que todavía huele a stalinismo por sus viviendas en bloques, por sus estatuas, por sus espacios abiertos… de hecho Bulgaria fue el satélite más fiel de Moscú, y, por lo visto, se llevaba fatal con todo lo que oliera a occidente.

Si la ilusión de tu vida era conocer Dobrich vaya vida más triste la tuya. Te meten en la Escuela Universitaria de Hostelería «donde estudian alumnos de todo el mundo» (sí, y qué más¡). Aparte de colaborar a desescamar un salmón, lo más impactante de la visita lo encuentras en una vitrina donde guardan como oro en paño la participación de la Escuela en la Feria de la Tapa de Valladolid 2011.

Venga tira p´al bus, casi mejor sigas rumbo al Mar Negro. En el siglo pasado, ahí es ná, te bañaste en este Mar en la costa rumana y, a pesar del tiempo transcurrido, te encuentras el mar como entonces: lleno de agua. Tres horas de viaje para que te metan en un hotel vacío que solo abre de abril a septiembre: el Gran Meliá Hermitage. Aquí hacen prácticas los de la Escuela de Dobrich. Aparte de esa circunstancia…¿para qué has venido a un hotel vacío?, pues para ver lo siniestro que puede llegar a ser unas macroinstalaciones con todo el mobiliario cubierto, y también para sacar pecho y decir que la empresa es española porque el resto (sobre todo los franceses) se pasan el día midiéndosela (nótese, aunque metafórica, la elegancia de la expresión).

Ah, que no lo he dicho, el Benidorm búlgaro se llama Varna y es, como ya sabes, la tercera ciudad más importante del país. Si te bajas del bus en la catedral se te acercará un búlgaro balbuceando en francés lo bonita que es Francia. Le dices que eres español y te suelta de carrerilla la alineación de la selección de fútbol, te gustaría decirle: «tú estás tontito, ¿no?», pero le sonries y, aunque no te lo haya pedido, le atizas un levi (50 centimos) de pura penita que te ha dado.

 Date una vueltecilla por el centro para confirmar lo sorprendente que resulta la calidad y cantidad de escaparates de tiendas, bares y restaurantes en un país donde el sueldo medio es de 140€. Comer en un restaurante de gama media viene a costar unos 7 €, que para tí es muy barato pero para un búlgaro es una clavada en toda regla. Y ya si entras en un supermercado (sí, ya sabes que eso me entretiene más que la Capilla Sixtina) la desproporción se dispara (huevos, leche o pan cuestan aproximadamente un 20% menos que en España), por lo que te cuestionas cómo puede aparentar esta gente  buena salud nutricional. Quizá mañana me entere.

Escasamente Silistra.

Aún no te puedo enseñar Silistra porque solo conozco los 500 metros que separan el hotel de nuestra emboscada de hoy. Ahí tienes el Insti donde me he pasado el día (a saber cómo se pronuncia). No te alegres de mi cautiverio porque si a mí no me sacan de turismo tú tampoco vas a ver gran cosa, pero al menos tú te has librado de varias horas de ponencias variopintas, de un señor de la embajada francesa que no calla, y de otros ponentes que triplican el tiempo estipulado para su exposición haciendo demorar hasta el miércoles mi puesta en escena.


Muy mal se nos tiene que dar para que la intervención española no sea más entretenida que la de hoy, a nuestro favor juega la presencia de una «simpatiquinha» gallega que también participa en este lío y que habla seis idiomas…más que todos los demás juntos.

Puesto que a nadie le dio por mirar el hotel ninguno sabe que hay Spa y piscina y han venido sin bañador, cirunstancia que casi agradeces porque te permite aislarte de la mundanal francofonía por un buen rato, lo que a su vez determina que no encuentres luego a nadie para ir a cenar. Hecho que ocasiona que te busques la vida por tu cuenta (que es lo que en realidad te gusta) y acabes en algo parecido a una hamburguesería pidiendo una hamburguesa con «solo carne» porque no reconoces las hierbas picadas a las que te apuntan. Así que niegas con la cabeza a todo, y erre que erre con el «only meat, only meat». Al menos eso lo están entendiendo, supones.

Cometí la torpeza de no fotografiar la «hamburguesa» y no veas qué rabia da quedarse sin el recuerdo gráfico de dos trozos de pan con dos generosas cuñas de queso blanco, coles de distintos colores, algo parecido a pepinillos, y mayonesa (esto sí lo entendieron).

Cuando vengas por aquí no olvides que el idioma es indescifrable y los gestos… contradictorios. Recuérdalo: aquí si niegas con la cabeza estás diciendo que sí. No estaba malo el queso. De la «meat» ni rastro.

България, que es mucho decir.

Sí, ya sé que unas jornadas sobre Formación Profesional y Mercado Laboral en la UE no parece un plan digno de este blog, pero si la Agencia Estatal de Programas Europeos decide enviarte a 3000 kms para asistir  a este tinglao pues no te puedes negar, que pa eso te dieron aquella cosa , y de aquellos barros estos lodos.
Así que haces las maletas y picas billete con una compañía rumana para volar hasta Bucarest, y cruzas los Balcanes y cruzas también los dedos para que en el aeropuerto haya alguien esperándote para llevarte por carretera hasta Bulgaria. Y sí, había una frugoneta más digna de malocotones que de 12 espécimenes venidos de varios países europeos vete tú a saber pa qué. El trayecto  te recuerda al suplicio por Rajasthán (aunque aquí las carreteras sí son carreteras, pero no hay coches). Son las cinco de la tarde y es noche cerrada, con una niebla que dan ganas de untar pan, si el Conde rumano más famoso resucitase por aquí aparecería. Como Drácula no aparece, sin más entretenimiento que la parada en la frontera para que el policía que entra en la frugoneta nos hable a cada uno en nuestro idioma, tras tres horas llegas a Silistra.

Y ya que estás aquí te lees lo que nos tienen preparado para la semana…sí, visto el programa, si tiene pinta esto de ser digno de un blog de viajes. Seguro que nunca te habías planteado conocer estas tierras, pues mira por donde.

¡  Bienvenid@ a Bulgaria !

(iba a cambiar el mapina para agregar este país, pero casi mejor me preparo un poco la ponencia de mañana -en francés, idioma oficial de estas Jornadas-, aunque realmente me gustaría empezar así: «voy a hablar en español y quien no me entienda que se joda»…ya me lo voy pensando).

Kopan… y fin de nuestros servicios.

Om mani padme Hum…On mani padme Hum…On mani padme Huuuum…On mani padme Hum… recitando este Mantra a dúo con el conductor de la furgoneta hasta el Monasterio de Kopan, así te tienes que ver esta mañana. Si lees este post con la música de la izquierda alcanzarás el Nirvana, palabrita. No lo niegues, a tí el Monasterio de Kopan te suena de aquel niño granaino que era la reencarnación del Dalai Lama y que hoy quizá sea concejal de urbanismo o corredor de seguros.


 Llegas al templo y  te llama la atención el «aislamiento» de los Lamas y los elevados precios de su bien surtida tiendas de souvenir. Aún no has estirado las piernas y la expedición ya ha encontrado una actividad místico transcendental a la que nos unimos precipitadamente. Sin la prudente y necesaria preparación sicológica te quitas los zapatos, te coges un cojín y una colchoneta y ya no hay marcha atrás. Te ves con unas treinta personas (o guiris, como te resulte más clarificador) en un templo con columnas doradas con un gran Buda de fondo y con un maestro de ceremonia que te va a  sumergir en la meditación profunda.

A la de una. Miras a tu alrededor y ves a tus compas de expedición en posición de loto, manos hacia arriba y mirada perdida, “sé fuerte, resiste”, piensas. A la de dos. Ro te mira de refilón, “no me mires que la lío”, le dices moviendo los labios y sin mirarle a la cara. Tiras de responsabilidad adulta y reflexionas: “no arriesgues más, cierra los ojos para aislarte, que parezca que estás meditando”, pero… cómo combatir el silencio. Y a la de tres. Tu más que  previsible explosión se precipita a los primeros compases de la carcajada estrangulada de Luisa.  Ella corriendo y yo a gatas salimos del templo avergonzaditos. Tres minutos, no ha estado mal. Como sales del recinto del Monasterio pensando en que ya eres persona non grata y que no te van a dejar hacer más actividades no te enteras de que el 60% de la expedición ha salido del templo con idéntico procedimiento, lo que te da una idea del percal del grupo.
Definitivamente convencido de que este viaje no te ha servido para indagar en tu interior, regresas al mundanal ruido copilotando la furgo y el conductor hace como que se pierde para decirte luego que qué causalidad  mira ahí está el colegio de mi hijo y tengo que entrar cinco minutos (para llevarle el donuts o qué sé yo). Desde la furgoneta ves a un grupo de niños con un balón y te visualizas ya en la pachanga. Eugéne y Quico completan el trío que dejan muy alto el listón de los campeones del mundo y mareamos a los niños (de unos 8 años) con un tikitaka de manual. A punto del soponcio regresamos a la furgo. Menos mal que solo debía ser lo de darle el donuts…si tiene que hablar con el tutor allí morimos.
El Élite donde te esperan siempre sonrientes Pasang y Buddhi y las interminables tiendas de Katmandú aniquilan el resto de tu tiempo en Nepal. Así que ve recogiendo.

La aventura ha terminado, tan solo queda el capítulo del vuelo Katmandú-Delhi para cerrar el círculo de nuestro itinerario. Y luego ya: de Delhi a Bruselas, de Bruselas a Madrid, y de Madrid al cielo (de cada cual).

Inolvidable experiencia. Difícil de narrar lo visto, lo vivido, los olores, los sabores, los colores… pero aún más difícil reflejar las risas de un grupo genial con los que he compartido 19 días (sin quinientas
 noches).

Espero que a ti también te haya gustado. Te dejo con el saludo de Pasang, para tí, y para todos los marcopoleros que han vivido este viaje: Inma, Concha, Patri, Maria del Mar, Jose, Pilar, Luisa, Luz, Eugéne, Dora, Ángel, Pablo, Rocío, Esther, Quico…ha sido un placer.
           Namasté ¡

Y de propina….

¿Te acuerdas del madrugón de las 4 de la mañana para ver marihuana en el monte?, si eres paciente el destino te lo compensará. Cuando tomes el vuelo Katmandú-Delhi pide ventanilla derecha, y no te duermas porque en unos minutos aparecerán las majestuosas cumbres de los Himalayas…

…y cuando boquiabierto estés a punto de levitar (porque los templos no, pero la naturaleza sí te arrastra al misticismo) tu compañero de asiento, indio él, te señalará con el dedo y te dirá sonriendo: The Everest ¡ …om mani padme hum, om mani padme hum, om mani padme  hum, ommmm…

Changu Narayan y Bhaktapur

Hoy te voy a meter en una furgoneta a las 4 de la mañana. El despropósito queda justificado si te digo que vamos a ver el amanecer en los Himalayas, que dicho asi queda muy bucólico pero créeme si te digo que nuestras decisiones a veces distan de lo sensato.

Alcanzamos los 2000 metros de altitud cuando ya es de día porque aquí amanece a las cinco, y a esas horas casi con toda probabilidad las nubes que descansan sobre la cordillera se presentan en todo  su esplendor dejando entrever vagamente algunos picos de esos que salen en Al filo de lo imposible. Así que, en vez de nubes, ilustras este párrafo con la marihuana que nace libremente por la montaña por si algún día te apetece pillar. Y no te preocupes que, aunque carteles de SanMiguel por todos lados, te juro que no hemos visto ni un solo Guardia Civil en este país. Ah, y del Yeti ni rastro.
Ya que estás por aquí, ponte la mochila y date protección solar que nos vamos de senderismo. Tras dos semanas de bullicio constante lo de la caminata por el monte te resulta mucho más transcendente que los discutibles ritos de los templos. Te dije que te pusieras protector, ahora no te quejes si te has quemado el cuello y los brazos. Acabas de llegar a Changu Narayan que es el más antiguo centro de peregrinaje de todo el valle de Katmandú. Una calle de tiendas te lleva al Templo, y, pese a que ya has amenazado a varios miembros de la expedición con confiscar sus monederos, siguen enloqueciendo cada vez que pasan por los puestos.

A lo largo del viaje has entrado a varias escuelas de pintar Mandalas y de sobra sabes que es una técnica para meditar y concentrarse que incluso te lleva al Nirvana que ahí es ná. Así que si entras en una tienda a que te enseñen Mandalas lo haces con el único ánimo de esperar a la sombra a los compradores compulsivos. Por pura generosidad compartes tu feliz idea con la primera que pasa. Y el pobre vendedor nos explica toda la técnica y la vida de Buda en verso y, pobrecito, qué tupa de hablar se está dando a lo tonto porque todo eso ya nos lo sabemos y no tenemos intención de comprar. Entre la primera que pasa y el que buscaba sombra  acaban comprando tres.

 Monta en la furgo que nos vamos a Bhaktapur, conocida como capital cultural de Nepal y con gran relevancia en los siglos…vete tú a saber. Como estuviste atento ya sabes que pueblo histórico que pisas billetera que se abre. Duele menos si piensas que contribuyes a la conservación de estas calles Patrimonio de la Humanidad, pero muy poco menos. 

El pueblo es impresionante pero entre el madrugón y la caminata por el bosque notarás que tu estómago empieza a manifestarse, así que te subes a un restaurante con vistas panorámicas y te echas una cerveza y te comes un arroz con su naan, y el camarero te aconseja de postre requesón, que es lo más típico,  así que tú te pides chocolate…y esto te lo cuento para que cuando te pases por aquí le hagas caso al camarero.

Casi mejor te llevo al hotel que pronto será de noche, has madrugado la leche, y el monzón está a punto de manifestarse. Pero antes de salir a cenar un bañito en la piscina formando barullo mientras cae la lluvia quizá te resulte divertido. No podemos confirmar si al resto del hotel le pareció tan genial.

Como la foto titulada «Gente haciendo el ganso en la piscina» no quiere subir, te tienes que conformar con la Pagoda de cinco pisos de Bhaktapur,no es tan refrescante pero mola.

Kathmandú y alrededores

Ya te produjo cierta sorpresa cuando tuviste que atrasar el reloj 3 horas ¡ y media ¡ con respecto a la península, tú que pensabas que los husos horarios no se fragmentaban ¡. Ahora que ya lo sabes te sigues sorprendiendo porque en Nepal tienen 15 minutos menos que en India, y esto ya pasa de castaño a oscuro porque los nepalíes y los indios no se toman juntos las uvas por una minucia de un cuartito de hora.
Ahora que ya has puesto el reloj en hora ves sacando el monedero si quieres entrar en las ciudades nepalíes. Así te lo digo, y no te hagas el tonto porque a todos los turistas nos ponen un cartelito amarillo a modo de “eh, que yo he pagao” para que no te venga un guardia a decirte que te has colao porque no necesita sexto sentido ni radiografía dental para saber que tú no eres nepalí. En Boudhnath  no te olvides de dar 108 vueltas a la estupa para alcanzar un trocito de Nirvana, si tienes una plaza de toros cerca creo que también te vale (para que te hagas una idea de la dimensión de la estupa). Hoy es el único día de los de Nepal en el que nos acompañará un guía profesional y, en vez de mano dura (que es lo único que entendemos), sonríe y mira el reloj porque no atendemos a razones y el sitio este es chulísimo. O KukiQuico colabora o pobrecito la que le espera.
No te hagas el remolón y vente a Pashuatinath que te espera una experiencia parecida a la de Vanarassi, aquí arrojan las cenizas al río Bagmati que es un afluente del Ganges así que todo va a parar al mismo puchero. El muerto que tenemos frente a nosotros debió ser un teniente, coronel o algo de eso pues una cuadrilla del ejército nepalí ameniza la función con honores militares. La cremación empieza por la boca porque es por donde sale el alma para comenzar el nuevo ciclo vital de la reencarnación. De encender la llama se encarga el hijo mayor si el difunto es el padre y el hijo menor si es la madre, los del medio se evitan el trauma. Después de lo de Varanassi esto no te da tanta impresión porque todo parece mucho más organizado, dicho de otra manera: no hay vacas ni perros hurgando entre los cadáveres.

Entras en Patán (mejor así que en nepalí) y retornas al estado de atontecimiento en el que se sume el guiri cuando algo le impresiona. Vaya estampa la de la plaza ¡ , y como el shock turístico da hambre, te pones a comer en un restaurante-mirador frente a todo este tinglao por 350 rupias (1€ = 110 rupias nepalíes).

Monta en el bus que te llevo a Swayambhunath (también conocido como “Templo de los Monos”…casi mejor así), el bus sube la colina y tú subes unas cuantas escaleras. Aparte de muchos monos y chinos, también verás en este sitio la estupa budista más grande del valle de Katmandú (si no te he explicado que una estupa es un monumento que alberga alguna reliquia de Buda es porque supongo que lo sabes). Tremendas vistas del Valle de Katmandú pero rapidito que viene el monzón vespertino.
Deja un poco de aliento que aún no has llegado a la Plaza Durbar, centro histórico de la ciudad de Katmandú declarado Patrimonio Universal. Tú llegas y no te queda otra que exhalar interjecciones  como si estuvieses tontito sin retorno. Date un paseo por los alrededores que está repleto de palacios y templos y entra al templo de Kumari que es muy chulo. Resulta que este templo alberga la niña virgen, encarnación de la Diosa Kanya Kumari. La niña está preparada para “actuar” en cuantito aparecen turistas: sale unos segundos al balcón con semblante estudiado (o impuesto)  y los turistas dejan propina en una hucha preparada al efecto, eso sí, prohibido echarle fotos porque ya te las venden ellos. Así debe pasarse el día la pobre criatura, separada de su familia y vestida de atracción turística y fanatismo religioso. Con su primera menstruación la niña es devuelta a su familia (de la que seguramente ni se acordará) y nadie se querrá casar con ella por ser la reencarnación de una diosa. Y la familia tan orgullosa. No hay religión buena, que te lo digo yo.
Arriba a la izquierda está la Kumari, he tenido que echar una foto a unas postales para poder abarcar las innumerables estampas de este país en el que ya llevamos 3 días y que nos está fascinando.

 La tropa, sin líder, cada día está más desmadrada. Estoy escribiendo esto desde la terraza de un restaurante y como me he hecho amigo de Pasang me ha servido a mi primero. No sé si ois los gritos de indignación.

Welcome to Nepal ¡

Abandonas India y allí dejas el Guerrero que todo lo resolvía, echaremos de menos la disciplina y la kukipedia. Huérfanos de liderazgo tiramos de los más parecido (fonéticamente) y un sevillano toma el mando: señoras y señores, ha nacido el KukiQuico. Échale paciencia a los trámites burocráticos y de seguridad en el aeropuerto de Benarés y tira de Sakras sagrado para hacer el visado de Nepal.
Tú ni te enteras de que ésos de la foto ya no son indios y que no ha cambiado nada. Vaya que sí. Nepal es un país más atrasado que India según el IDH (Índice de Desarrollo Humano), pero algo debe fallar en este índice porque la apreciación general es de: “joder, qué alivio”. Los “cuadros” (in)humanos presenciados en  India aquí desaparecen, los bocinazos no te torturan, los vendedores no te acosan tan cruelmente, todo parece un poquito (tampoco te pases) más ordenado, puedes encontrar fácilmente una cerveza…y, sobre todo, el calor se hace mucho más tolerable. Ya cuando te vas al hotel y ves el agua marrón y los continuos apagones en la ciudad te das cuenta de que esto tampoco es Copenhague, pero también te digo que estos sonríen más que los daneses.

Al menos el paisaje es espectacular, pensarás desde el avión cuando, tras las montañas, aparece Katmandú  con pinta de ciudad en guerra. Ya en sus calles te acordarás de que alguien dijo que Katmandú es una de las ciudades más contaminadas del mundo debido, entre otras cosas, a la mala calidad de la gasolina. Y, un poco decepcionado, afrontas tu primer día en Nepal. Y la decepción se te quita en este mismo renglón porque empieza el desfile de monumentos espectaculares que tú hasta mañana no podrás ver.

Varanassi

Nos despedimos del minibús que tantos saltos mortales nos ha hecho dar por los caminos de Rajasthán. Te espera una noche en el tren-litera Agra-Vanarassi, que no es asunto menor.
Te bajas del minibús y en momento aparece  un sequito de porteadores  arreando con toda la carga mientras el hombre-blanco enarbola su única arma, repelente antimosquitos, en una estación de ferrocarril no apta para estómagos delicados. El hombre-blanco no sabe que tan pobre munición de nada sirve para las ratas del servicio de la estación ni para las cagadas de pájaro que caen desde los barracones de los andenes. Ya en el tren, mujer-blanca pide una almohada. El revisor, por atender su petición, le pide la almohada a un indio acostado en el segundo piso de la litera de la mujer-blanca. Ni indio ni blanca celebran tal decisión. Llegas a Vanarasi, ciudad de Shiva, ciudad más sagrada de India.
Buda nació en Nepal pero casi toda su vida se la pasó en India y por eso esta mañana la kukipanda ha ido al templo de Sarnath donde Buda predicó el Dharma por primera vez, hecho que convierte a este sitio en uno de los 4 lugares sagrados para los budistas. Para los hindúes el budismo no es una religión, porque, como sabrás, Buda es la octava reencarnación de Vishnu y por  tanto no deja de ser otro dios hinduista, bueno, su reencarnación, mejor dicho…que no sé, que preguntes p´ahí que yo tengo un lío de dioses y religiones que ya no doy pa más.

Dicho esto, que sepas que a mí  la misticidad de la India no me ha calado en absoluto, así que, ya que hace años que no voy a una cristiana, me voy a una misa hindú… a ver qué pasa.

Pues lo que pasa es que te embarcas en una especie de cayuco en el Ganges, frente a la ceremonia.
Pon 30 barcas a 20 personas por barca. Es de noche, pero hace un calor brutal. Ni una brizna de aire. Sofoco absoluto, sudas a chorros. La estética del “espectáculo” está bien, pero la espiritualidad que transmite a ti plim, así que  te entretiene más los rayos que se ven a lo lejos. Respiras, parece que se ha levantado una brisa. En la orilla ves correr precipitadamente a unos vendedores quitando los puestos. Un minuto después, monzón en estado puro. Flipante.
No creo que el agua de tu ducha caiga con tanta fuerza. Al embarcadero solo se accede saltando de barca en barca hasta llegar al muelle. Cobran sentido las sabias palabras de tu padre cuando te dijo: “llévate esto”, y me pongo el poncho impermeable que le dieron en Benidorm vete tú a saber p´a qué, hecho que atrae mochilas ajenas al refugio del poncho paterno. Te mojas igual, pero ahora con carga.  El desembarco, en lo épico, en nada tendría que envidiar al de Normandía, y entre el tumulto saltando de barca en barca recuerdas que alguien te explicó que esta ciudad es un lugar propicio para morir porque proporciona el Moksham, liberación del ciclo de nacimiento y muerte. A ti el Moksham ese te la refanfinfa bastante así que procuras llegar hasta el muelle.
Las calles se convierten en arroyos ya quisiera yo decir cristalinos. Y, mientras caminas aceleradamente por unas calles inundadas pisando a menudo en blando, te acuerdas de las plantillas tan caras que llevas puestas por aquello de la fascitis plantar. Tras una carrera enloquecidas entre agua, lodo, gente, vacas, motos y ricksaws llegas donde te espera el tuc-tuc para emprender 20 minutos de trepidante carrera hasta el hotel bajo un monzón impecable. Ha sido inolvidable.
Unas horas más tardes vuelves al lugar de los hechos. Son las 5 de la mañana y tú te dirás que si esto son vacaciones que venga Dios y lo vea. Barcaza y a navegar por el río Sagrado para sacar fotos a los Ghats y a la gente que se purifica bañándose y bebiendo de un río marrón. Para vivir nuevas sensaciones desembarcas en la zona de los crematorios donde las piras funerarias arden día y noche. Envuelven a los muertos en una túnica blanca y allí mismo te lo queman para tirar sus cenizas al Ganges. Te das una vuelta por la pira funeraria donde una vaca come las últimas ofrendas al difunto entre las llamas. Como el cuerpo no lo puedes apreciar por la leña quiere el destino que no te vayas sin esa sensación y te cruzas con una comitiva de unas 10 personas portando un muerto entre cánticos y oraciones.  Aunque con un nudo en la garganta, buenos pensamientos afloran: espero que en su próxima reencarnación le toque nacer en Noruega.

Agra

Camino a Agra gira a la izquierda entre unos arrozales y después de poco rato llegarás un pueblecito. Si te pierdes pregunta por Abhaneri  y allí algún paisano te indicará cómo llegar al pozo del pueblo.
Y cuando llegas al pozo aparece ante ti una construcción majestuosa que  si lo llamas baori quedarás mucho mejor en cualquier conversación con tus vecinos de escaleras, si pinchas en la  foto verás mejor la cantidad de escalones que tendrás que bajar si quieres llenar el cántaro, yo casi prefiero grifo.
Como veo que no tienes muchas ganas de llegar a Agra voy a parar un momento en Fatehpur Sikri, que dicho así no te dice nada pero si te digo que era la antigua capital del imperio Mughal ya te empieza a sonar. Se abre la kukipedia para contarte historias peregrinas de reyes y princesas mientras tú sudas  y sudas atravesando patios y patios. Y aparece, amenazante, el monzón allí a lo lejos.
Cuando llegas a Agra que no te quepa duda: el monzón se te ha adelantado y aparecen ante ti las imágenes que conoces por Informe Semanal cuando pasa alguna desgracia. Pero no te asustes: aquí esas imágenes son cotidianas en esta época, no van ligadas a drama alguno, y para ti, que te pilló en el minibús, pues menos aún.
Sígueme y convéncete de que el sustantivo “fuerte” a ti te suena a fuerte comanche, pero en India quiere decir más bien Palacio, y no uno cualquiera, si no el de reyes o emperadores. El Fuerte de Agra es una imponente fortaleza en cuyo interior te encontrarás numerosos palacios. Para que lo mires con mayor detenimiento te diré que es Patrimonio Universal de la Unesco y que está lleno de gente que, una vez más, nos sacan fotos.
Ya no me acuerdo muy bien qué hicimos al levantarnos…ah sí ¡

Recuerdo que el despertador sonó a las 4 de la mañana porque teníamos que ir a ver un templo al amanecer. También oí en la kukipedia que en su construcción se emplearon 22.000 hombres durante 20 años; que fue una ofrenda del emperador mogol Shah Ahan a su esposa muerta;  que menos mal que pesaba un huevo porque si no los británicos se lo hubiesen llevado en su época colonial (al parecer desterraron la idea cuando se echaron a la espalda el primer bloque de mármol). También oí que era una de las siete maravillas  del mundo moderno…y que se llamaba algo así como Tah Mahal, quizá te suene.

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