Jaipur (II)

Tú llamas a tu primo porque tienes una mudanza y, a lo mejor, se ve comprometido y te echa una mano. Aquí, sin pedírselo ni nada, cooperarán en el bien de la familia en otros menesteres.  Mientras escuchas la flauta y baila la cobra te voy a contar cómo se desarrolla comúnmente una boda concertada (mayoritarias en el país).
Padres y tíos buscan candidato/a. Una vez encontrado, recaban información a través de tres elementos: foto, curriculum vitae y carta astral. Cada familia contrata a un astrólogo quien evaluará la compatibilidad con una nota máxima de 36. Si la nota es superior a  20 puedes pasar a la siguiente fase. Para detectar vicios ocultos los primos de la novia quedarán con los amigos del novio para obtener información, irán a su trabajo o a sus clases, entrarán en sus redes sociales…. Con el chivatazo los padres deciden si la cosa sigue p´adelante. Si son muy enrollaos preguntan al hijo que a estas alturas sólo conoce a la novia en foto.
Ves mirando el Palacio del Lago para descansar el sofoco. Seguimos con los preparativos. La primera cita la tienen solo los padres y los suegros para conocerse. En la segunda ya va el hijo, y hablan de la dote (no económica sino en bienes). Y, si no la cagas con algún improperio, seguramente te acabes casando en una boda que dura 5 días y que pagan a medias entre las dos familias con independencia de que una  haya invitado a 30 y la otra a 300, que, para no desentonar, es igual de racional que todo lo anterior.

Camino al Fuerte de Amber te resulta difícil digerir el brusco cambio de paisaje que se ha producido desde aquellos secarrales de Manwara y Puskhar a los exuberantes montes que rodean Jaipur. A ti también te cuesta hacer una estimación de cuántas costillas te romperías si te caes del elefante que te sube hasta el castillo, porque, como yo, no te has criado en un circo y nunca te has subido encima de semejante mole.

Ahora que ya estás arriba y no te has roto nada entras en el Sheesh Mahal para decir, posiblemente con absoluto desprecio al sentido común, que te recuerda a la Alhambra. Así que te pones a hacer fotos como si fueras tonto con tu nueva cámara, porque a la tuya se le acabó la batería con lo de los elefantes y tuviste que amenazar a la zarceña que compartía tu elefante con eso de “o me das tu cámara o te tiro del bicho”.

Bajarás del castillo en jeep, que para eso estamos tocando todos los palos, y llegas al minibús donde se nos monta un mago de esos que sacan monedas de las orejas de la gente y poco más te puedo contar porque enseguida estás en el Palacio del Lago cuya foto ya viste con lo de la boda.

Luego ya te vas a la City Palace y al Palacio de los Vientos, y, entre bocinas estallando en nuestras cabezas y señores de las tiendas, cada vez pronuncias mejor el  “We´v already bought one” (que me dejes, so pesao, que ya lo tengo) y acabarás metiéndote en un tuc-tuc para regresar al hotel…y cuidadito con lo que allí te encuentres, dicen que han empezado a aparecer cabezas de caballo en algunas camas. La expedición se está empezando a desmadrar.

Jaipur (I)

Si tú fueras indio pertenecerías a una de las cuatro castas, de mayor a menor nivel: Sacerdotes, Guerreros, Comerciantes, Intocables, y esto con independencia de que seas relojero, catedrático o carnicero. India es la democracia más grande del mundo, sus leyes establecen el principio de igualdad entre todos los ciudadanos y la división de castas no tiene cobertura jurídica… pero sí social. En un país donde el 85% de las bodas son concertadas la pertenencia a una casta inferior me da a mí que no se lleva esta temporada. Si vieses a nuestro indio particular tratar con la gente de la calle o de los hoteles no te albergaría ninguna duda: Kuki es Guerrero. Aunque a veces, cuando estamos en algún sitio y nos advierte de que primero las explicaciones y luego las fotos, se desmorona y se le oye decir “todo el mundo en su mundo, ¡qué barbaridad”. Qué poco tacto el nuestro, hoy que llegamos a su ciudad.
 Los 3 millones de habitantes de la “Ciudad Rosa” -llamada así porque su parte antigua es ocre (¿y por qué no Ciudad Ocre?)- te evitan seguir pegando saltos mortales en el minibús porque las carreteras se adecentan. Si tienes toda la tarde libre para que cada uno haga lo que le apetezca resultará que lo que le apetece a cada uno es ver, todos juntitos, una película de Bollywood  en unos de esos cines antiguos y majestuosos que raramente encontrarás en tu pueblo. Te espera una sala con una capacidad para más de 600 personas pero con demasiadas butacas vacías para captar toda la esencia del espectáculo, pero un poquito sí y con eso te quedas.
Para acabar tu tarde “libre” déjate llevar por Kuki a una fábrica de alfombras. “¿Alguien quiere un ron con cocacola?”, osan preguntar cuando nos enseñan la mercancía, pues claro coño. Y, mientras te enseñan alfombras de seda pura te tomas un cubata (con exquisito sentido del humor te dirán que es un indialibre porque el ron es indio y no un cubalibre porque…bueno en fin, pa partirse de risa). Y mientras bebes reflexionas sobre cuántos  indialibres necesitarías para pagar 3000€ por alguna alfombra.

Pushkar

Como nadie va a ponerse a fabricar una montaña rusa con raíles de sierra, lo mejor, si quieres sentir el mismo efecto, es que te sientes en la parte trasera de un minibús atravesando el semidesierto de Rajasthán. Pero que no te confunda nuestra dosis diaria de  polvo y  mugre ni de calor sofocante porque lo de sufrir no más que lo imprescindible. Así que si no quieres pasear por Pushkar coge la toalla y vete a la piscina del hotel.
Ya veo que no te has quedado en la piscina, así que te cuento. El contacto con el suelo caliente estimula los Chakras de nuestros pies que, a su vez, inyectan un chute de energía positiva que afectan a los demás Chakras instalados por nuestro cuerpo y el subidón es la leche. Así que si nos has visto descalzo por una calle del pueblo es justamente por todo esto, para vitaminarse y remineralizarse – SuperRatón dixit-,ah, y también porque si no no entras al templo de Brahma porque no te dejan. Tú recorres el templo al buen tuntún, y, si miras hacia el lugar donde habías quedado con el resto correrás hacia allí temiendo cualquier desgracia, y lo que te encuentras detrás del gentío es parte de la expedición posando mientras los nativos le hacen fotos. Lástima que no pudimos grabar rito tan solemne  porque Kuki nos confiscó las cámaras antes de entrar al templo porque, según él, estaba prohibido… aunque los nativos sí pueden hacerlo porque ninguno de ellos mataba mosquitos esta mañana en el minibús mientras Kuki explicaba las cosas hasta que se le oyó decir : “ qué indisciplina¡ ¡ qué barbaridad¡”
Si vas a alguno de los 52 Gaths no te quedará otra que ver un lago. Baja las escaleras, hazle una ofrenda con flores y ahora báñate: hala, redimido de todos tus pecados. Es supermilagroso, como nuestros confesionarios. El sitio esta lleno de vacas y alguien te insinuará  tentar a una vaca a ver si acaba en el agua, pero mejor te lo piensas no sea que te metas en un lío porque ya sabes que a Shiva le gustaba mucho la mantequilla de las vacas (recuerda que aún no se había inventado la nocilla) y por semejante capricho va y convierte en sagrada a toda la especie, circunstancia que impiden a los budistas saborear un entrecot de ternera o un bocata de jamón, esto último  por respetar a los musulmanes que, a su vez, respetan a los primeros y jamás comen un chuletón de ternera. De ahí que en India no  se coma ni cerdo ni vaca. De ahí que no pongan tapas con las cañas porque no saben qué poner y porque tampoco hay cañas.

En este pueblo también te pasará que te dejen una tarde a tu bola porque el grupo lo compone gente de espíritu independiente acostumbrada a viajar por su cuenta  y necesitamos un descansito de guía y de expedición. Y de dos en dos te desparramas por las calles entre bocinazos y más vacas.  Decides subirte a una terraza  que vio Ro en Lonely Planet, y desde arriba ves pasar a Kuki y le gritas que suba. Dos sevillanos suben al vernos. A los de Madrid también les gritamos que p´arriba. Junto a las vascas, Valencia se une a la inesperada concentración. Kuki dice que se va con unos amigos, pero tú sabes que no: se va a buscar al resto porque se acaba de ir la luz en todo el pueblo.  Al final acabamos todos juntos …qué bonita estampa  la de estos viajeros-de-espíritu-independiente camino del hotel siguiendo al líder ¡…menos mal que a Kuki no se le ocurrió que fuésemos cogidito de la mano, en fila de a dos, y cantando. Lo hubiésemos hecho

De Delhi a Rajasthán

Me gustaría despotricar de la expedición que eso da mucha risa, pero no puedo porque me caen bien y por otras dos poderosas razones: a) tienen la dirección del blog por lo que pondría en riesgo mi integridad física, y b) uno ha traído una botella de ron.
Según recientes estudios estadísticos, si abandonas un hotel en Delhi para poner rumbo  a Rajasthan probablemente alguien del grupo sea atropellado por un carro portamaletas con consecuencias leves pero tirando de botiquín. Yendo conmigo que no te atormente la estadística: el atropellado seré yo.

Antes de abandonar la ciudad no te marches sin visitar un templo hindú para que te pinten el circulito rojo en la frente que es signo de sabiduría e inteligencia y, que si te mueves cuando te marcan, parecerá que te acabas de caer del andamio. El hinduísmo es la religión mayoritaria en India, y, como dice Kuki, no solo es rito religioso, sino que conforma una actitud vital que impregna todo comportamiento, una forma de vida (como el surf). Clase magistral de hinduismo dentro del templo que tú no puedes disfrutar  porque no has pagado el máster.. Yo solo te diré, que Narendra significa “Dios de dioses”, y es el verdadero nombre de Kuki, así que ándate con ojito.

Dos asientos por personas para los 4 que conformamos el GRUPO extremeño y un asiento por persona para el resto de la EXPEDICIÓN (denominaciones en mayúsculas para que interiorices su significado para sucesivas menciones), más la plaza de Apu, digo Kuki, digo Narendra. Así se distribuyen las 18 plazas del minibús que nos acompaña en todo el trayecto. En total somos 16, el GRUPO dispone de dos asientos por persona, sí, pero en las últimas plazas, hecho con devastadoras consecuencias por estas ¿carreteras?. Aunque mejor que en transporte público sí que vamos… o si no, mira a esos en el techo.
Entramos en la fase “PekínExpress” camino de Rajasthán, que, como bien sabes, es el Estado que linda con Pakistán. Como disponemos de 8 horas por delante, este post lo estoy haciendo en  el minibús. No veas qué saltos damos. A veces veo el portátil a la altura de mis ojos de los botes que pega, y si me doy la vuelta puedo ver los dos de atrás estampados en el techo. Me estoy empezando a marear de mirar hacia abajo y soy muy capaz de acabar echando algo más que palabras…ya te contaré si consumo la hazaña..
Tú saltas de párrafo como si no hubiese pasado nada, pero sí, han pasado dos días. Es lo que tiene estar en mitad del monte, que no hay wifi. Como el hotel está en mitad de  la nada llaman a algún pariente con el vente-pacá-que-tenemos-guiris y se montan un espectáculo de marionetas mientras una pareja  con voz de lijadora eléctrica nos ameniza la inmersión en la auténtica esencia.
Por Nawalgarh pasaban los mercaderes paquistaníes en su ruta de la seda camino a China, y era un pueblo muy rico y tal y la gente se hacía unos caserones de vértigo, y vinieron los ingleses a malmeter y trasladaron la ruta a los barcos, y cogieron los comerciantes y se fueron a Bombay, y cogimos nosotros y nos fuimos a ver sus ricas casas ahora inhabitadas. Si te vienes con unos cuantos llegaras a un colegio desquiciando la paciencia del guía y que sea la última vez.Y ahora a tu bola para que pasees por el pueblo y te impregnes de las estampas más tópicas del país. Imprescindible para impregnarte del todo: mientras ves las fotos ponte un par de bocinas en cada oreja y pitas cada dos segundos. Pero no compres mucho que lo dejamos para mañana.
Mañana es hoy  (para ir compensando el desfase temporal que acumula el blog. Por cierto, deja ya los bocinazos.) Estás en Manwara, aunque yo esté otra vez dando salto mortales escribiendo en el minibús. Aparte de las clases magistrales prepárate con los ejercicios prácticos  para aprobar el Kukimáster…
Hoy tienes que gastarte 20 rupias (unos 0,40 €) en el mercado de Manwara para llevarle regalos a los niños de otros sitios más aislados. Como intuyes que la prueba pretende evaluar  tu capacidad de regateo vas y compras 4 bolsas de patatas fritas y cuando te piden 10 rupias por  cada una tú le señalas el precio impreso en la bolsa (5 rupias) y se acabó el regateo. Por aquí no te encuentras con turistas, así que si ves un séquito de niños rodeando a algo que camina no dudes que ese “algo” forma parte de nuestra expedición. En eso consistía la prueba, en arrojarnos a los leones…qué cabrón el Kuki.
Acaba de pasar otro día. La razón “b” del primer párrafo ya no existe, en parte por culpa mía. Entre eso y frenazos por  cabra/vaca-en carretera y socavones varios ya no puedo escribir más. Además va a empezar la 2ª clase de la mañana. La primera ha sido de economía, ahora toca  Conocimiento del Medio:”¿por qué las vacas son sagradas?”. Voy a escuchar.

Delhi (II)

Que no te falte un paseo en ricksaw por las laberínticas calles de Chandni Chowk. Viendo la ciudad en global uno llega a pensar que si estas calles del centro no las arreglan es porque constituyen la imagen típica que viene buscando el turista occidental: caos, bullicio, bocinas, gallinas… quizas  incluso las moscas que revoletean a miles en las carnicerías al aire libre forman parte de una meditada puesta en escena para que los «civilizados» occidentales hagamos «oooh» y «aaah» y, sobre todo, «aaagggh» (si pinchas en la foto tienes mayor posibilidad de ver las moscas en la carne).

Pero mira tú que aún no había llegado lo más sorprendente. Resulta que te vas con toda la tropa a ver unas ruinas del siglo XII bastante interesantes. Por lo visto la impresionante torre de  Qutub Minar es la más alta de la India, quien mandó construirla (sí, ese que tienes en la punta de la lengua, Qutub-ud-Din-Aibek) pretendía que la torre simbolizase su rango y su poder. Pero, aunque es bien chula, tampoco es eso lo sorprendente.
Te desvelo mi consternación: somos exóticos. Mientras Cuqui (digo, Apu) nos abronca por despistarnos en sus explicaciones, se van uniendo a nuestro grupo diferentes hindúes que sutilmente nos echan fotos. Supongo que son gente de campo que han venido a la ciudad y que pocas veces ha visto un occidental en vivo.
Alguno nos graba, y, si tu mirada se cruza con la suya, se hace el tontito y apunta para otro lado. Otros no se cortan y buscan el mejor enfoque para captarnos en su foto y convertirnos en recuerdo pixelados de su visita. Es decir, exactamente lo mismo que hacemos nosotros con los nativos pero al revés.
 Es como si pretendiesen reeducar la arrogancia y los modos de algunos turistas pagando con la misma moneda…y nosotros encantaítos, sobre todo «ellas».

 Así que les facilitamos las cosas y… para qué un robado pudiendo posar. Lástima que nuestras chicas casi no dejaran hueco en el photocall a la familia hindú que reclamaba la instantánea.

Delhi (I)

Familias de cuatro miembros en un ciclomotor, gente enjabonándose en la calle, atmósfera de olores intensos…sí, sí, todo eso ya te lo esperabas, así que no te causa la menor sorpresa. Lo que sí te sorprende son las muy decentes infraestructuras de carreteras y autovías en esta megaciudad de 20 millones de personas. «Pero adéntremonos en los detalles sórdidos» -estarás pensando-, ya llegarán, de momento te saco de turismo.

En Delhi solo falta una Catedral gótica para tener a todos los dioses contentos. De momento te llevo a Jama Masjid, que dicho así no te dice mucho pero si te digo que es la mezquita más grande de la India ya sí que caes.

 Ahora que las tienes puestas ya sabes para qué tenías que traer las zapatillas de baño del hotel, y, no contentos, te atizan un pañuelo a modo de falda porque sí (los hindúes van tan normalitos), porque eres guiri y punto.

Como el guía ve que la experiencia caranavalera anterios no nos amedranta da otra vuelta de tuerca y te lleva al templo Sikh de Gurudawara Bangla Sahib (leélo otra vez que te has comido dos sílabas), y aquí ni zapatillas de baño ni leches, descalcitos por la calle (con el asquito que a mi me da) y, además, te tienes que colocar  un pañuelo como si fuéramos a la Carrera de la Mujer de la lucha contra el cáncer.

Los Sick son esa religión que no tienen Dios sino que todos les valen, lo malo es que si te haces Sick ya no te puedes cortar nunca jamás el pelo ni las barbas y por eso llevan esos turbantes abultados con todo el pelo y, supongo, indescriptible fauna en su interior.

 Si te pilla con hambre has llegado a buen sitio. Los Sick hacen comida para todo el que quiera comer sin importar religión, mirad en la foto qué tropa esperaba en la puerta su turno.Me ha dicho el guía que luego encuentran el apoyo político de toda esta gente y así compensan el gorroneo (la interpretación en mía).

Y ya me gustaría a mí decirte a la primera cómo se llama el Palacio de la izquierda, solo recuedo que un general se cayó por las escaleras y se mató y mandó construirlo, no sé si antes o después de muerto, y … pues no, creo que no escuché todo lo que dijo el guía, así que, temeroso por si la bronca, se lo vuelves a preguntar y te dice amablemente que es el Mausoleo del Emperador Humayun y que hay que prestar (le) más atención .  Él no lo ha reconocido pero con seguridad es el hijo de Apu (el del badulaque de los Simpsons), hablan igualitos.

Para despistar nos ha dicho que se llama de una forma muy rara y para que sus clientes hispanohablantes  lo denominen con facilidad se ha puesto un nombre de tronío castellano, contundente, elegante, masculino, y marcial: Cuqui. Entre tú y yo lo llamaremos Apu….pero no se lo digas.

Welcome aboard ¡

Cómo me lo estaba pasando yo con el deficit público y el IVA que iba a arreglarlo; y qué risas con la Merkel jugando con nuestra prima de riesgo carnal, con el Banco Central Europeo pagando el rescate del secuestro del futuro del país, con  el «tú-más» de la privilegiada casta de corruptos de traje y corbata y con las insolentes pijas de salón de plenos echando exabruptos; descojonaito con el desmantelamiento de lo público y con los abortos prohibidos de adoctrinados dioses, con la tasa de paro, con los copagos, con los recortes…

Bueno,  pues te decía que pasaba yo un plácido veranito entre estos entretenidos divertimentos y voy y lo interrumpo ná más que pa salir al mundo a malcomer y maldormir, a soportar calores sofocantes y lluvias monzónicas, a madrugar con horarios imposibles, y a confiar (cruzo los dedos) en que la prevención contra las fiebres tifoideas y la malaria tengan plena efectividad.
Tú, mucho más práctico, lo puedes vivir desde el sofá o desde la toalla tomando el sol.
 ¿Ves?, algunos hemos tardado casi 24 horas desde que salimos de casa, pero tú, sin darte cuenta y sin colas de facturación, ya te has subido en un avión y, vía Bruselas, en un plisplás te has puesto aquí. Además te has librado de la bienvenida con ramillete de flores para que, desde el principio, sepas que aquí eres un guirí y que vienes a eso, a hacer el guiri. Mira ahí tienes a uno que no tuvo escapatoria.

La agencia MarcoPolo en la que hemos puesto nuestra confianza, y nuestras perrinas, nos ha prometido un viaje apasionante. Yo creo que sí. De momento en Delhi hemos sido bien atendidos…pero ya mañana ya te cuento más.

Welcome to India ¡

Three Cities and… goodbye Malta.

Una isla que mide poco más que un término municipal no da para demasiadas concesiones viajeras por tierra, asi que hoy la excursión la hacemos en barco.

Te recogen en un furgón en el que te llevan al centro de la ciudad para coger un bus que pasa de nuevo por la puerta del hotel y que, finalmente, te lleva al puerto de Sliema. Puerto al que podríamos haber llegado andando desde el hotel en mucho menos tiempo.

 Cuántas cosas os podría contar si hubiese atendido y entendido al guía del barco, pero ni lo uno ni lo otro, prefiero no plantearme qué es causa y qué es consecuencia.

Lo más fotografiado en La Valeta es el imponente perfil que ofrecen las ciudades que tienes al otro lado de la estrecha lengua de mar que nos separa, son las Tres Ciudades: Vittoriosa, Senglea y Cospicua (en la foto). En ellas se asentaron inicialmente los Caballeros de Malta por lo que sus fortalezas, palacios e iglesias son más antiguos que los de La Valeta. Como el barco no para, y el agua debe estar fría, te quedas sin ver las ciudades por dentro. Pero no te importa porque en popa vas tomando el sol  tan ricamente, y te vas quemando la cara sin sospechar que en febrero también puedes coger el tonillo de nariz-fresón-de-huelva.

Tras 90 minutos de minicrucero te llevan al puerto del que saliste (Sliema) y tardas 5 minutos en volverte a montar en un taxi acuático para regresar a La Valeta.

Tras encadenados fracasos por comer el plato tradicional (conejo) hacemos una concesión a la comida maltesa. Un plato degustación hunde la presentación gastronómica de la isla. No quiero yo decir que en Malta se coma mal, pero aquello estaba asqueroso. Y, por hacernos los cultos, nos metemos en la Biblioteca Nacional (estilo Harry Potter) y el bibliotecario nos riñe de mala manera por flanquear la fina línea que separa a los visitantes de los investigadores, y ni yo me atrevo a sacar la cámara por miedo a una severa represión de tan malhumorado caballero de Malta.

Desembarcas en Sliema y te vas hasta St.Julian por la playa. Con el contradictorio término de «Playa Rocosa» los malteses confunden al turista veraniego y los hay que, llevados por el engaño, han intentado echar aquí unas palas acabando con los pie hecho jirones y con varios dedos rotos. Eso sí, la espectacular transparencia de sus aguas lo compensa, además han tallado una especie de piscinas en las rocas que tienen muy buena pinta para permanecer en remojo sin las infinitas amenazas que te acechan en mar abierto (en ambas fotos puedes ver al fondo Portonasso Tower).

Aunque cierta dosis de tensión se puede echar en falta en el SPA, así que sacas tu cámara (expresamente prohibido) y te pones a hacer tu «Especial Balneario». Pero ni te pillan ni ná, así que sin pena ni gloria os lo muestro desde dentro.

Y ya, metidos en Cuaresma, te despides del país. Malta está muy bien para un finde largo, no da para más… a no ser que te quieras venir en verano a pasar calor, a hacer submarinismo, a emborracharte como un hooligan, o a partirte los pies jugando en la «playa» a las palas. Además, me temo que en verano no te podrías permitir el Hotel que hemos disfrutado cuyo nombre no voy a desvelar porque, aunque me lo han suplicado, no pueden sufragar el coste promocional de salir en este blog. 

Hasta la próxima, amiguitos. O dicho en maltés … Sakemm il-vjaġġ li jmiss ¡ (menos mal que son bilingües).

Sigthseeing, North Route

Esta gente conduce por la izquierda, hecho que de por sí desaconseja la opción de alquilar un coche para visitar la isla. Para qué complicarse si existen unos autobuses turísticos que la recorren y de los que te puedes bajar cuando quieras, visitar lo que te plazca y volverte a montar para seguir la ruta. Además desde el hotel lo organizan todo para que tú tengas más tiempo de atiborrarte en el buffet del desayuno como si fuera tu última cena.

Dos itinerarios a elegir: rojo o azul. Como elegimos el azul en la foto te pongo el rojo para que lo completes por tu cuenta.Primera parada: La Valletta. Este país es la consecuencia de una historia turbulenta de invasiones y guerras, así que fortificaciones por todos lados para defenderse de los fenicios, de los griegos, de los romanos, de los turcos, de los españoles… al final pa los ingleses. Y Caballeros de Malta (que, curiosamente, eran de aquí) en todas las tiendas. La ciudad es bonita, caminas sin ton ni son hasta que miras el reloj y recuerdas que aquí oscurece mucho antes (es lo que tiene compartir huso horario dos mil kms más al este) así que hay que montarse en el siguiente bus para continuar la ruta.

Nos adentramos en la isla (si por adentrarse entiendes una decena escasa de kms) y te preguntarías, una vez más, qué extraño virus ataca al turista si nos hubieras visto camino de Mdina en un bus descapotable en pleno febrero.  Evidenciando que su virus particular está en su fase más aniquiladora, alguien sugiere que visitemos Mdina en calesa. Un chaparrón rehabilitador le cae al sugerente.

La ciudad es pequeñita y resultona, en esta época escasean los turistas así que la ciudad  se evidencia como si fuera un decorado de cartón piedra, hecho que explica que los malteses se estén forrando cediendo sus ciudades para rodar pelis.

A escasa distancia aparece Rabat, el virus agilipollante del turista se debilita y nos ponemos en la parte inferior del bus. Pero las consecuencias ya son irreversibles así que pasamos de Rabat porque tenemos el frío metido en el cuerpo y ansiamos más la sauna filandesa y el hidromasaje que las catacumbas al relente que nos ofrecen nuestros auriculares de audioguía.

El resto del trayecto transcurre entre valles de calabacines y pimientos, difiere bastante del secarral árido que te encontrarás si vienes en verano. También destacó la voz grabada de nuestros auriculares una pequeña playa de arena (una atracción en una isla sin playas), y la ciudad de Bugibba, la más poblada de la isla como único mérito de presentación. Así que poco más que comentar. Bueno sí, quizá tendría que dejar esta reflexión para que generaciones venideras la tengan en cuenta:  las posibilidades de hacer turismo fuera de tu alojamiento es inversamente proporcional al confort que te ofrezca el mismo. Pa la próxima alquilo un sótano, si puede ser con ratas.

Welcome to Malta.

Digamos que es sábado 18 de febrero. Acabamos de llegar.

De punta a punta, la isla no tiene más de 30 kms. Tan siquiera he tenido que cambiar el mapa coloreado del encabezamiento porque este país tan chiquitín no abarca ni medio pixel, así que ni se nota. 

Con mi recién adquirido «dominio» del inglés me doy cuenta de que en Malta se habla maltés. Ellos dicen que son bilingües (por eso de vivir de los cursos de inglés) pero en realidad entre ellos hablan su lengua que es una mezcla entre italiano, árabe y torrejoncillano (reseña cultural no contrastada).
Salimos del hotel, intentamos picar un poquito para no perder tiempo pero nos ponemos a reventar de spaguettis y pizzas, y para bajarlo recorremos  la bahía. Cuando estamos ya cansainos hacemos como que queremos seguir haciendo cosas y nos metemos en un barco, más que ná, para sentarnos. Nos hubiera dado igual porque ni preguntamos, pero afortunadamente el barco no iba a Libia sino a La Valeta, capital de Malta y ciudad de obligada visita que ya mañana os enseño mejor.

Es sábado noche y estamos en Carnaval y me acuerdo de un tal Javi que me desaconsejó alojarme en La Valeta porque «es una ciudad turística de día pero muerta de noche», ya te pillaré tío listo. Así que de vuelta, esta vez en bus, a St.Julian´s donde no hay Carnaval pero sí nos espera nuestra primera inmersión en el peazo SPA del hotel.

Y después del remojo habrá que tomar un algo por ahí. La zona de copeo se llama Placeville, y nos gusta regular así que nos vamos a la discoteca más chic del país, no por la discoteca en sí sino porque sabéis por otras veces que tiendo a encaramarme en lo más alto que me dejen. En Malta lo más alto es Portomasso Tower. En el único rascacielos del país puedes mirar a todos los malteses por encima del hombro, por altura y por… ¿clase?. La carta de las mesas incluían champán  de 999€, así que nos resultaron bastante cutres las Paris-Hilton locales cuando pedían a nuestro alrededor champán de 200 € la botella. Ni un culín nos ofrecieron. Ordinarias.
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