Suspensión cautelar de la información.

Lo primero las caras: fliparon con el destino, casi se llegó al desmayo con el Hotel. Los Insensatos empiezan a sospechar que trapicheo con algo y que estos viajes son solo una tapadera, ellos más allá del carnaval de Badajoz no se veían.

Se hace saber …. a ver si me explico. Entre la pateada del día de hoy y el comienzo de la noche de hoy nos hemos dado una tregua de hora y media. En otras ocasiones aprovechaba ese momento de «relax» para escribir la crónica del día. En otras ocasiones no tenía toda clase de «cacharritos» acuáticos (sí el de la foto de la primera entrada es el SPA del hotel)  donde aliviar el atracón turístico.

Es decir, que esta vez las crónicas serán cuando llegue, en riguroso diferido a partir del martes. Seguro que lo entiendes.

Abróchense los cinturones…

(Esta entrada esta temporalizada para que los curiosos que se acerquen al blog sepan el destino al mismo momento que los Insensatos).

Miras los 200€ que gestionas por cabeza para cuatro noches y te acuerdas con melancolía de otras convocatorias (Senegal, Noruega…) de un poquito más de presupuesto. La primera noche toca en un hotel madrileño bastante digno que hace temblar el fondo, y el resto…

Pensando en el destino buscas un sitio donde puedas patear calles chulas, las ciudades Patrimonio de la Humanidad suelen ser baza segura. Y puestos a pedir, te gustaría que hubiese algo de movimiento por eso de echarte unas cervecinas, y así a lo tonto encuentras un sitio donde se celebra el Carnaval.

Y echas cuentas. Y a ver si puede ser que el alojamiento no sea muy cutre. Al menos limpio y con camas decentes… y con SPA. Y si está  a pie de playa ya sería cojonudo. Y te salen las cuentas. Y vas y pillas un Hotel de cinco estrellas. Claro, mosquea, no sabes si el error está en el precio o en las estrellas. Y te metes a ver opiniones en foros: todo el mundo dice que es de lo mejorcito que hay por la zona. Disipado el mosqueo.

Vale, pero hay que llegar hasta la costa, y no está tan cerca. Y estupefacto quedas cuando compruebas que da para el viaje, para el Hotel-Spa de 5 estrellas  (desayuno incluido), a pie de playa, en una ciudad Patrimonio de la Humanidad y con celebraciones carnavaleras. P´alante.

A ver qué cara ponen esta vez los Insensatos, ya te lo iré contando.

 Por cierto, no me llames, estoy en Malta.

V Edición "SST"

Para nuevos lectores: Existen personas que se atreven a pagar un viaje sin saber dónde irán. Así no tenemos que discutir por el destino: lo impongo yo, pero también los libero de comparar, comprar, organizar…de pensar. Y tós felices. «Insensatos» es la denominación oficial de los participantes en cada edición del SST (sin sentido travelling), y muy mal no se lo pasan, esta es la quinta convocatoria.

No enloquezcas con las rebajas que tienes que reservar un poquito para participar en esta quinta edición del SST. Como las reglas ya te las sabes (o si no pincha en la etiqueta SST para ver ediciones precedentes) aquí solo voy a recordarte mi inmunidad diplomática para demandas judiciales derivadas de la gestión de este evento. Ahí van las bases:

  • Provisión de fondos: 200, incluye… hasta donde llegue.
  • Fechas: 18-21 febrero, para no entrar en cuaresma.
  • Equipaje: Pequeño, por si hay vuelo sin facturación, quizá una máscara por eso del carnaval o, en su defecto, pintura pa hacer el indio.
  • Temperatura en destino: Pues febrero es febrero y del trópico no vamos a pasar. Te cuento la previsión para mañana y así te haces una idea: vientos flojos del sudeste y temperaturas en ligero ascenso.
  • Requisitos de inscripción: Declaración jurada de que protestas poco, que duermes en cualquier sitio y que comes lo que te pongan. Pasaporte en regla. Y certificado de antecedentes penales actualizados, que desde el año pasado a saber qué has estado haciendo.
  • Plazo de inscripción: pues ya, lo que se dice YA ¡.

Au révoir, NICE.

 La Costa Azul suena a dinero, a destino exclusivo, a coches de lujo y a público selecto. Sí, inevitablemente algunos prejuicios siempre se cuelan en tu maleta, ciertos estereotipos que difuminan la visión real de un país o una ciudad. A medida que pasan los días te vas deshaciendo de ciertas ideas o refrendando otras,  tres semanas dan para contrastar lo que te esperas con lo que te encuentras.

Callejuelas estrechas buscando la sombra en la vieja ciudad de pescadores, edificios burgueses de un pasado señorial, hoteles de cinco estrellas y hostales de dos, limusinas y bicicletas,  marisquerías repletas pero McDonalds también. Cosmopolita pero cercana. Acogedora. Niza no es solo turismo elitista de Chanel o Armani, también son muchos los del bocata en la playa con su cervecita del Dia. No es solo  yates y pamelas, también pescadores de puerto afanándose por reparar las redes. En definitiva, Niza es más de verdad, menos de cuentos de joyas y champán.

Bulliciosa día y noche como cualquier destino turísitico de primer orden, tan pronto te encuentras una banda de Jazz en el mercado como a una «gitana-rumana-con-niño-dormido-en-bandolera». O a un grupos de breaker haciendo piruetas  al lado de «tullido-mendigando-deslizándose-sobre-muñón».

El clima, la luz y el  paisaje han atraido a personajes famosos de todo el mundo que a su vez han supuesto magnífico reclamo para convertir a la Côte d´Azur en una referencia mundial del turismo, donde compartes playa con hindúes, californianos o vietnamitas…ahí en la foto vienen unos cuantos. El aeropuerto está pegando con la ciudad, los aviones hacen la Promenade como un paseante más. Con tanto turismo internacional el inglés se impone como idioma de calle. Aunque no te hace falta inglés para entender a los italianos dando voces. Son legión, esto se preveía por la cercanía. 

No me esperaba tantos rusos. Los Zares hicieron de la ciudad su destino habitual, así que históricamente todos los rusos de bien acuden en masa, incluso hay tiendas de alimentación especializadas para ellos.
 Y piensas que te ha dado mucho el sol cuando aparece ante tu bici la Plaza Roja y te acuerdas del frío que pasaste en Moscú aquel agosto. No era una alucinación. De frente la mayor catedral rusa fuera de Rusia. No te pienses que está ahí solo para adornar, fui a verla un domingo y la misa de 12 estaba petá, de rusos de bien, claro. Te pongo también la catedral «normal» (la católica) para no herir susceptibilidades.

Tardo entre 2 y 4 minutos (depende de si el semáforo está en rojo) en cerrar la puerta de mi estudio y meter un pie en el agua. No te extrañe que concluya que Niza sea, sobre todo, Mediterráneo. Abierta al mar y siempre con el mar de referencia. Mar de aguas cristalinas, sin medusas. Mar del que tienes que salir arrastrándote (como Ana Obregón en sus posados) porque tu verticalidad no es compatible con  los guijarros que forman la playa; playa sin estampas de playa:  nadie enterrado hasta el cuello haciéndose la foto del sombrero y las gafas de sol; riesgo nulo de pelotazos de palas porque tendrías que llevar chirucas para poder moverte. Ya están llegando (blanquitos, blanquitos) la nueva hornada de guiris, los de la segunda quincena…(cabrones ¡),qué envidia me dan.

Lo que no acabo de entender es por qué se llama Costa Azul, ¿tú lo sabes?.

Ha sido todo un lujo y un placer.

Hasta la próxima, amiguitos.

Au révoir, Nice ¡

Fête National: 14 Juillet.

Una breve entrada para dejar constancia de la invasión por parte de tropas italianas de la Promenade des Anglais. Bueno, más que tropa, un autobús de militares italianos que acompañaban a otros cuantos franceses. Pena que no podáis ver los tanques (dos), se me olvidó la cámara. La cogí cuando me fui a casa a cambiar de playa pa noche y así de galano me encontré el Negresco, vestido de marsellesa.

Dicen que la ciudad alcanza el millón de personas en verano: todos presentes en la Promenade esperando los fuegos artificiales. Los de Niza y los de los pueblos colindantes que también se veían por el mismo precio. Los que se ven a lo lejos son los de Cagnes Sur Mer, que es a Niza lo que Getafe es a Madrid.  Y mucho «aaaah» y mucho «oooooh», me recordaban a los de Mónaco… con la ventaja de no tener que soportar a J.M Jarre ni tener que pensar cómo leches vamos a caber todos en el tren.

Y después de los fuegos, unos cuantos escenarios móviles repartidos por todo el Paseo. El más animao el que cantaba en español…salsa (qué poca cosa seríamos en el mundo sin esos a los que algunos llaman sudacas), pero yo no estoy pa salsas que esta mañana, aprovechando que era festivo y apenas había tráfico,  me he recorrido de punta a punta la ciudad con la bici, por si me quedaba algo.

Y esto es todo por hoy, que mañana es mi último día de «cole» y tengo examen. Ojalá me hagan repetir.

ALPES MARITIMES: Villefranche-Sur-Mer

 Otra vez estás montando en el tren por el litoral de la Costa Azul. Villefranche ya lo conoces porque has pasado por ahí cuando volvías de Eze. Te pareció entonces lugar bonito con una bahía muy de postal. Pero resulta que en una punta de la bahía está el pueblo, oculto por una muralla, y esta mañana te han reñido en la Escuela porque no me había parado a visitarlo, así que con «mucha» pena no puedo acompañar a mis compas a ver Harry Potter hechizando en francés. Sin darte cuenta ya estás en el pueblo.

Dudas si primero quedarte en la playa y luego te dedicas al turismo o a la inversa. Afortunadamente me decidí por la inversa. Ya a estas alturas sabes perfectamente que hay que estar medianamente en forma para patearte estos sitios. El pueblo es pintoresco, muy colorido, puro mediterráneo de anuncio de agencia de viajes. Te adentras en él y acabas en una fortaleza que es donde empieza la Citadelle de Villefranche, la verdad es que es muy bonito. La fortaleza la mandó construir Carlos V…con resignación te apenas del imperio perdido.

En esto que te encuentras unos servicios públicos y entras y no hay qué pagar y eso, por estas tierras, mosquea bastante. Sigues por el pueblo y te encuentra el Musee Volti, un escultor italiano de principios del s.XX que seguro conoces. Entras esperando encontrarte con una especie de galerías comerciales de un artesano porque el museo también es gratis,  pero te encuentras con unas esculturas muy chulas  metido por  los pasillos de unas grutas por el interior de la fortaleza, como catacumbas, en uno de los museos más bonito que yo recuerde. Asi que el mosqueo de lo gratis se acentúa.

Sigues caminando y te encuentras con otro museo, esta vez el de Goetz-Boumeester, pintura figurativa y surrealista de uno de los más grandes  maestros de la técnica (esto lo he leído, claro). El edificio no es tan chulo como el otro pero la panafernalia de luces y audioguías te hace pensar que este hombrito también es conocido. En los paneles dice que ha inventado más de 70 procesos pictóricos, que debe ser a los cuadros como las recetas a los macarrones. Sales y buscas la cámara oculta porque también ha sido gratis, ¿dónde está el truco?,te preguntas. Sigo buscando la respuesta.

Con el bolsillo intacto y el alma serena te vas a la playa que la tarde ha sido redonda. El agua cristalina de la bahía de Villafranche te hace presagiar un baño largo. 
Lo bueno de tener los Alpes aquí al ladito es que la vista es tan impresionante frente al mar como a sus espaldas. Lo malo de tener los Alpes aquí al ladito es que, de vez en cuando, algunas nubes logran flanquear las cimas y llegan hasta el mar. Y cae una tormenta que riete tú del diluvio universal. Llego al tren como si los mozos del pueblo me hubiesen tirado al pilón.

Ah, una cosa, cuando vengas navegando a la Costa Azul te recomiendo que dejes tu yate en el puerto de Villefranche… seguro que es gratis.

"ACTILANGUE", L´ÉCOLE.

Deshaz la mochila que no hay excursión. Voy a hablarte de la Escuela donde paso las mañanas, que esto, aunque te parezca coña, es la memoria oficial de mi PALE y digo yo que habrá que mencionar las clases. Por si te piensas que estoy de vacaciones que sepas que me levanto todos los días a las 8, acumulo un deficit de sueño importante que ya compensaré cuando vuelva, aquí hay mucho entretenimiento por la tarde y por la noche…por si te piensas que no estoy de vacaciones.
A lo que voy, que me lías. Al llegar a Actilangue te hacen un examen oral, te colocan en el nivel que les parece y te asignan un grupo. Todos los viernes acaban las clases algunas personas, todos los lunes se incorporan otras, así que todas las semanas ganas algún compañero y pierdes otro…. sí, sí, ya sé que esto te aburre y que empiece a despotricar (mucho no puedo, alguno tiene la dirección del blog, y, aunque españoles no hay, mis compas son multilingües).

Las tres primeras horas de clase son de gramática y vocabulario. Infumables. La profe es simpática y guapita y tal pero ahí acaban sus virtudes docentes.  Esta mañana hemos sido agasajados con el empleo del subjuntivo +  vocabulario de insectos, si hubieras estado habrías aprendido a decir joyas como esta:   «Que pretendas parecerte a las abejas no significa que lo seas,  susurró la araña sabia a la joven avispa». Frase que, como bien sabes, da mucho juego en cualquier conversación. Estas entretenidísimas clases la comparto con otros 9, un grupo hetereogéneo en cuanto a edades y nacionalidades : Rusia, EEUU, Serbia, Suiza, Alemania, Italia, Bulgaria, Pakistán y Australia, este último se toma con cada sorbito de Minute Maid un sorbito de café. Cada Minute Maid le da para tres cafés que se engulle en las dos primeras clases, daría para un reportaje aparte la criatura.

Luego viene la clase oral (de francés -del  idioma-). Se habla de lo que primero se le ocurre al primero que habla, todo metódica improvisación. Como nos entendemos bien el profe no corrige, así que no sabes si aprendes o desaprendes: si hablas después de  la americana te sale francés con acento de Texas y si quien habló antes es una rusa te sale polaco. A pesar de todo, os presento a Michel, mi ídolo: un profe de unos 60 años, con un humor ácido corrosivo que tan pronto le planta a una rusa que si viene para encontrar marido o a una sueca que cuánto dinero le da su padre para drogas. Pero todo con gracia, caminando, con éxito, en la cuerda floja que separa lo gracioso de lo ofensivo. Todas se parten de risa.

 Y hablo en femenino porque todas son chicas, entre 20 y 25. Todas hijas de papá (divorciado), orgullosas se autodefinen como BCBG (bon chic, bon genre), en cristiano «pijas de manual». Hablan varios idiomas, y todas muy risueñas, simpáticas, divertidas, frívolas, inteligentes… no siempre: el domingo se fueron en barco a Saint Tropez, el lunes aparecen achicharradas. Una ha estado dos días con fiebre. Otra, que no había ido en el barco, cuenta que ha dedicado el finde a hacer compras, «pero eran rebajas». «Pues mejor, ¿no?» dice el profe. Al unísono replican que es un horror: en rebajas tienes que hacer cola. El profe me mira, «¿las matamos?», eso le oí pensar.

En cualquier lugar te encuentras a alguien sin querer o queriendo. En la playa  siempre buscas a cualquiera para dejarle a cargo de la mochila mientras tú te estás una hora en el agua. Como desde que les conté que me colé en el Negresco soy su referencia mediática (muy por encima de Paris Hilton) se alegran cuando me ven aparecer. Así  que haces una concesión y les acompañas a Phoenix Park, un parque que hace 30 años tendría su gracia pero que ahora es un poco simple, imagínate que solo cuesta 2 €. Allí le enseñas a estos muchachos que aunque haya una valla que impide el paso al acuario tú la puedes apartar y p´adentro (que para eso has pagado y no hay nadie vigilando)  y  luego la vuelves a poner en su sitio cuando sales. Los peces ni lo vieron de la risa nerviosa que les producía la emoción de lo prohibido.

Y son todos muy pijos sí,  pero por las noches bien que acuden como moscas al botellón de la playa y se arrean una botella de dos litros de cocacola rellenada, mitad y mitad, con whyski (no he medido el porcentaje de la mezcla, pero sí lo he probado).

Ahora me salen en el facebook invitaciones en todos los idiomas, pero como esto no pasa de un romance veraniego me hago el duro y a la  mayoría les voy dando largas, que, si os acordáis de mis compas de Montreal, hasta un Consulado preveía y de momento ná de ná.

ALPES MARITIMES: EZE

Mucho más fiable que la oficina de turismo es pararte en una tienda y ver postales, camisetas y magnetos de souvenir: en toda la parafernalia de recuerdos imborrables aparece EZE. Así que, tempranito, te pillas una bici y te vas a la otra punta de la ciudad desde donde parten los buses hacia Eze. No te creas que es fácil: aquí carriles-bicis poquitos y, cuando los hay, los conductores aprovechan para invadirlos «un momentín» para comprar el periódico o el pan -por si te pensabas que esto es la meca del civismo-. Llegas a la Plaza Garibaldi y te montas (sí, me declaro reincidente) en un bus de la Ligne d´Azur.

Casi todos los pasajeros son orientales (que no chinos o japoneses, aquí también hay turismo camboyano, surcoreano o vietnamita, será cuestión de irlos diferenciando) y esta gente antes morirían achicharrados que sacarte del aprieto. Así que no te queda otra que ir a hablar con el conductor para que ponga el aire acondicionado que estamos a punto de un pasmo colectivo. Y el conductor (un chaval de unos 20 años) dice que ya le gustaría pero que le da y no funciona. Le propones abrir el portón superior y te dice que no sabe y que si yo sé. Te quedas de pie porque sentado te falta el oxígeno.

Llegas vivo al pueblo de purito milagro y, lo de siempre, el pueblo está en la cima del monte. Es realmente bonito, todo es un laberinto de estrechas callejuelas medievales. Lo malo es que no tienes vistas porque ninguna calle tiene mirador al exterior y tú subes y subes esperando llegar a la «azotea» porque la panorámica debe ser espectacular.

Cuando ya no queda pueblo que subir ves las ruinas de un castillo culminando la montaña, pero un torno te impide el paso: «Jardín Exótico». Consiste en unos cactus que han puesto para justificar que tengas que pagar 5 euros para acceder a la cima, qué jodíos. Las vistas impresionantes: a un lado los primeros macizos de los Alpes, al otro el Mediterráneo. Por lo visto, por aquí Alfred Hitchcockt rodó varias series con Grace Kelly y Cary Grant, y aquí han vivido (no al mismo tiempo) Guillermo de Suecia, Romy Schneider, Alain Delon, y Bono (de U2).

Por culpa de otro «famosete» que vivió aquí largas temporadas me metí en un jardín…agreste: Sendero de Nietzsche. Leo en una placa que por estos caminos, este filósofo tan simpático, se inspiraba para escribir «Así habló Zaratustra» (peligrosa lectura para un adolescente que me obligaron leer en el insti allá por el siglo pasado y que, en su momento, me provocó cierto desasosiego existencial). Tras los pasos de Nietzsche me adentro en el sendero no sin antes informarme de que por él llegaré hasta la estación de tren en el mar, en una hora aproximadamente. Una hora de bajada continua zigzagueando por la montaña. A veces el desnivel es tan fuerte que en algunos tramos facilitan la bajada con escalones (obra,supongo, de la Escuela Taller).  En todo el recorrido solo me encuentro con un senderista… y subiendo. Suda como una fuente y trae un cinturón cargado de botellitas de diferentes colores, pero como viene vestido de deportista profesional supongo que está probando todos los productos dopantes del mercado en vez de suponer que es un palestino a punto de inmolarse.  La caminata chulísima pero te deja las rodillas tocadas de tanta bajada. Ahora me explico la mala leche de Nietszche.

Llego a Niza y dejo la gorra en el tren. Me meto en una tienda «cualquiera» y veo con estupor, casi con miedo, que existen personas dispuestas a pagar 92 € por una gorra. Salgo casi aterrado de aquel sitio (como si intuyese que están a punto de echarme) y me meto en unas galerias más convencionales. Y sí, había españoles por aquí, no los habíamos visto porque estaban de tiendas.

CANNES

Abandono temporalmente mi inmersión francófona porque…quizá recuerdes a Rocío agitando la bandera canadiense mientras aplaudía a los independentistas quebecois en Montreal, pues por aquí aparece otra vez. Tras arduos preparativos conseguimos vernos en la estación de Niza, más o menos a la hora prevista, para visitar una de las ciudades más sofisticadas y distinguidas del planeta: Cannes.

 Para la reafirmación de los adjetivos anteriores no ayuda mucho entrar en la ciudad entre unos bloques de viviendas sociales. Tampoco la estación de tren, que en Francia suelen ser monumentales y esta es, digamos, tirando a cutre. La ciudad no es muy grande  y enseguida encontramos lo más visitable: el Teatro de la Croisette que acoge el Festival de Cannes. ¿Bonito?, pues no. Pero la alfombra roja provoca poderosa atracción sobre las cámaras de todos los turistas que imposibilita una instantánea personalizada como tienen los famosos de verdad.
 La Palma de Oro para los mejores posados quedó en manos extremeñas, las risas se la quedaron los que nos hacían las fotos. Nuestro sentido del ridículo no se sabe en qué manos estará.

La playa, tan abarrotada como la de Chipiona (aunque ya les gustaría a éstos poner aquí una playa gaditana), no te causa la más mínima emoción. Te pones a andar por el Paseo Marítimo por recomendación de la Oficina de Turismo, y a tí, que no vienes ni de Burundi ni del Nepal, este paseo te resulta más bien normalito. Algún edificio señorial que normalmente es un hotel de lujo, y vale sí, como siempre, mucho yate. Menos mal que te da por mirar hacia atrás y ves una fortaleza y lo que parece el casco histórico de la ciudad.

Y, como siempre por estas tierras, para acceder a la ciudad vieja tienes que sudar una colina y ya me está resultando cansino esta tendencia a la escalada urbana.  Y oye, que te digo que esto no mejora, que las vistas desde arriba muy bonitas (casi idénticas a las de Niza, Mónaco o Antibes),  alguna callejuela más o menos pintoresca, pero por lo demás mucho glamour  y tó lo que tú quieras pero que esta ciudad, aunque fea no es, desde mi pueblo me parecía otra cosa . Desde aquí, ni fu ni fa.

Menos mal que me tengo que ir enseguida a Niza porque he de hablar urgentemente con los de mi apartamento: cogí el vuelo de vuelta un día después del fin de mi alquiler, qué listo. A ver si lo arreglo y me pego un bañito en mi ciudad, que ésa sí que mola.

PRINCIPAUTÉ DE MONACO.

Volvemos, ya sin fastos memorables, a los Mundos de Yupi. La Escuela te cobra 30 euritos por llevarte a Mónaco en bus, yo propuse a algunos compas que los llevaba por la mitad en tren, que es más rápido y el trayecto es espectacular por la línea de acantilados de la costa. Valeria (rusa) y Maurizio (alemán, pese al nombre italiano por su abuelo) se vienen conmigo, y en vez de pagarme los 15 € me pagan los 7 que cuesta el billete i/v y se toman a broma mi lucrativa propuesta. Pues vaya negocio.

El tren otra vez abarrotado pero sin peligro de estampida, será que estamos en el país más densamente poblado del mundo. Mónaco va por barrios. El de la Condomina, que es el del Puerto de Hercule, ya lo vimos el otro día. Así que derechitos a Monaco Ville (la Roca), que es el casco histórico al que accedes subiendo y subiendo, y sudando y sudando. Lo primero a la Plaza Grimaldi a ver el palacio de esta familia tan mediática. Te decepciona un poco no ver a nadie asomado a los balcones dando alguna exclusiva así que te metes por las callejuelas del pueblo y acabas en el Museo Oceanográfico que, si yo fuera el Príncipe, me mudaba ahí, es más chulo y tiene unas vistas al mar de lujo.

Como mis dos acompañantes se están poniendo rojísimos con el sol mediterráneo de las 4 de la tarde sugieres que mejor que nos vamos que no quiero lios. De la catedral te sorprende los confesionarios: en cada uno de ellos pone la lengua que habla el confesor. En uno ponía 5 banderitas diferentes por lo que debéis saber que hay personas en el mundo que pueden absolverte de tus problemillas con el sexto (mandamiento) en cinco idiomas.

Sin confesarte ni nada, pillas un bus (que estos están a punto de ebullición por el sol) que te lleva al barrio más residencial, municipalidad conocida como capital del Principado: Montecarlo.  Está justo en el otro extremo del pais. Tardas 8 minutos en llegar, con dos paradas. Y es que 2 km cuadrados no dan para mucho. Bueno sí, dan para blanquear capitales y para atraer turismo de pasta con las tontunas del glamour. Así, los monagescos son los seres más privilegiados del mundo en cuanto a derechos sociales y renta per cápita. Y todo eso sin agricultura, sin industrias, sin materias primas y sin pagar impuestos, es decir, viviendo del cuento (el del Príncipe Encantado).  Para que este milagro económico subsista tenemos que venir muchos guiris a dejarnos la pasta en recuerditos ñoños o pagando  7€ por una caña, o 10 € por visitar el Gran Casino de Montecarlo. Menos mal que por fuera es gratis, también para tí, ahí te lo dejo.

Accedemos a la estación y, mientras esperamos en el andén, les cuento el épico retorno del otro día. Tan interesante es el tema que no escuchamos que viene un tren de Marsella con una hora de retraso y que entra por la vía que teníamos asignada (te recuerdo que el andén es subterráneo, por lo que no tienes puntos de referencia). Ya en el tren empiezas a preocuparte cuando ves que los acantilados y el mar siguen a la derecha, igual que cuando veníamos de Niza. «Creo que estamos yendo a Italia», dices tímidamente a tus acompañantes. «No puede ser», dicen los incautos como si a ellos nunca le hubiese pasado. A dos kms de la frontera (italiana) nos bajamos para coger otro tren en sentido correcto y la risa tonta de estos dos les dura hasta Niza. Se han enviciao, mañana quieren más.

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