ANTIBES

Después del finde ajetreado hoy, lunes, solo playa. Aunque el día ha amanecido un poco gris, esta misma mañana la profe te ha dicho que aquí no llueve nunca porque las montañas empiezan casi a ras de litoral y raramente llueve en la costa. Hoy ha llovido todo lo que no llueve «nunca». No me queda más remedio que meter mano a la bolsa de folletos que me dieron en la Oficina de Turismo y a ver qué saco: «esto» tiene buena pinta.
«Esto» (Antibes) es una de las ciudades más reconocidas de la Costa Azul: a) por estar justo en mitad del medio de la Riviera Francesa, b) por un casco histórico apañadito y bien conservado, c) porque la puso de moda la Casa Real Británica y la Reina Victoria se pasaba aquí el veranito, y, sobre todo, d) porque nuestro Picasso (que los franceses a la mínima se lo apropian) estableció aquí su residencia y tras él varios pintores famosos más.
Te montas en el bus en el que no cabe una cerilla,  justito en hora punta, por una carretera de costa en pleno mes de julio, lloviendo: el atasco es bestial. Tardas hora y media en llegar. Todo el tiempo de pie en mitad del pasillo con un calor humedo y sofocante, te dan ganas de marearte solo pa que alguien te abanique. El bus de la Ligne d´Azur, tan alabado en la anterior excursión, hoy es un calvario y aquí dentro no me volvéis a ver, palabrita.
Ya en la ciudad te metes a la oficina de turismo para que te den un algo pa orientarte. Como llevas 10 días sin decir una palabra en cristiano te diriges a la chica en cuya solapa aparece una banderita española para que te atiendan en español. Como debe estar en prácticas o algo así se pone nerviosita y comienza a balbucear algo ininteligible,  ella rojita de pura vergüenza y yo de vergüenza ajena,  asi que de vuelta al francés.
Y qué bonito: Museo Picasso, Museo de Arqueología, Museo Peynet, Museo Fort Carré, en total 60 € en entradas. Pero como es lunes están todos cerrados y no voy a poder entrar en ninguno,  ¡con lo que a mí me gusta ver cuadros y vasijas romanas ¡, jó qué pena.

Recorres el casco antiguo y reconoces el espléndido edificio que acoge el Museo Picasso. Luego mucho turista, muchos bares y mucha tontería. Y  te preguntas que si eso es todo. Miras el mapa y sí, es lo que hay. Al final sales por una puerta de la muralla y te encuentras con un puerto deportivo lleno de barcos ostentosos. En la Costa Azul ya se hace cansino tanto yate, pero si la  misma estampa te la encuentras saliendo de la muralla de Galisteo patrás que te caes de culo de puro alucine.

Te vas de Antibes leyendo en un folleto la exquisiteces de la especial luz mediterránea de la bahía que ha enamorado a los pintores de todos los tiempos. Yo solo he visto llover y llover, no sé si se refieren a eso.

Como haga sol cuando llegue a Niza me cago en tó por haber perdido la tarde aquí.

Menos mal, sigue lloviendo.

PROVENCE: Saint Paul / Vence

En español no resulta muy elegante pero este viaje debería estar etiquetado con el nombre de PACA. Esas iniciales engloban las regiones del Sureste Francés: Provence-Alpes-Côte d´Azur, históricamente sus límites hans sido muy imprecisos y para designarlas a todas juntas se utiliza el término PACA que nada tiene que ver con nuestra Francisca.

Hoy os llevo a la Provenza, cuyo escudo es como la bandera de Aragón porque formó parte de ese Reino allá por el siglo… anda, qué calor hace, ¿no? . Por 80 euritos cualquier agencia caza-guiris te lleva a hacer esta excursión. Yo fui en transporte público: Lignes d´Azur cuesta 1 euro, lo mismo da que te muevas dentro de la ciudad destino Carrefour o que te vayas a otra ciudad distinta dentro de la red. Así que Niza-Saint Paul por un euro, Saint Paul-Vence acoquina  otro, Vence-Niza otro eurito. Total de la excursión: 3 euros, bien es verdad que te tienes que tragar todas las paradas del trayecto.

En hora y media te plantas en otro mundo. Montañas, bosques, profundos valles…naturaleza en estado puro que diría un publicista. A lo lejos ves Saint Paul y te bajas a echar una foto en una de las paradas y a punto estás de ser abandonado en mitad del campo porque, según las intrucciones que recibes de una señora vestida de hurdana, eso no se puede hacer porque si no no llegaríamos nunca. Pero claro, desde dentro del pueblo no podría haberte enseñado su porte, ahí lo tienes.

Accedes al pueblo por una de las puertas de la muralla y te da la sensación de que lo han hecho para ser escenario de una película de la Edad Media. Pero no. Lo han hecho para que todos los japoneses esparcidos por el mundo vengan a comprar cuadros y joyas. Yankis también a patadas.
 En el pueblo se organizan prestigiosas exposiciones temporales de artistas contemporáneos reconocidos: Léger, Braque y Giacometti entre otros (sí, lo he leido en una puerta y no tengo ni puñetera idea de quiénes son). Cuando ya lo das por pateado (al pueblo) te vas a la oficina de turismo y te encuentras por primera vez con turistas españoles: dos chicas que enseguida me dicen que soy el primer español que ven por la zona. Asombroso sí es. Bueno,que no me metí en la Oficina para conocer a las dos madrileñas, sino para que me «recetaran» otro pueblo. Y me recetaron Vence.

Seguimos la carretera de puerto de primera categoría y sigues alucinando con el inesperado paisaje que te encuentras. Vence es más grande, así que no todo el pueblo es turisteable (si no existe el término me lo pido como inventor, del verbo turistear: hacer cosas que nunca harías en tu lugar de residencia). Te vas al casco antiguo y otra vez Galerías de Arte por todos lados. Y artesanos. Pero no artesanos de esos que hacen botijos, sino cosas supermonas de diseño-total para guiris  superfashions. Esos mismos guiris fardarán con «el retrato que me hice en Vence, aunque el pueblo ni lo ví: las dos horas que me dejaron para visitarlo me las pasé posando», y a mí, sin embargo, me bastaron unos segundos para que pudieras disfrutar de este enfoque. Puro arte.

Y así a lo tonto que te llega la hora de comer, y viendo el panorama te inclinas por un Bistrot en el que no percibes muchos yankis. Cuando  ves sus mantelitos individuales de hule, sus hamburguesas y sus patatas fritas te parece un sitio sin demasiadas pretensiones, justo lo que busco. Cuando ves la cuenta sales de tu error: ! acabo de comer en un restaurante-rural-con-encanto ¡, con mucho encanto. Y eso que en tu plato parecía un huevo frito con perejil era, ni más ni menos, un huevo a la provençal, que dónde va a parar ¡

MÓNACO (concert J.M Jarre).

Hasta el último momento esperé y los Borbones ni pío. Que no me designaron representación oficial. Para mí han caído, pero… arrieritos somos. La invitación de la foto me la enviado una lectora del blog, desde aquí te lo agradezco pero no la he podido usar (ya sabía yo que me tenía que haber traido impresora). Así que pasé de la boda (que dicho sea, como al Rey, me importaba un bledo). Pero el viernes, día de la boda civil , Jean Michel Jarre (sí, aún vive) daba un espectacular concierto en Port Hercule en el que se esperaban -fuentes de Le Figaro- 100.000 personas. Una de ellas yo.

Te montas en el tren a las 8 de la tarde y en 20 minutos estás en Montecarlo. Como aún es de día puedes ver las estructuras gigantes que hacen de escenario: 7 torres de altura superior a edificios de 8 plantas. La que se va a liar, pensé. Y para calmar la excitación te vas a dar un paseo viendo los yates más suntuosos que te puedas imaginar. Por el paseo todo son flores, policías vestidos de almirante, fotógrafos de prensa, hordas de turistas y banderas por todos lados. Entre cientos de banderas de Mónaco se colaba alguna un tanto extraña, parecida a la de Kenia, y ya cuando la vi en un puesto de recuerdos me lancé: «¿qué bandera es esta?», le dije a la sonriente vendedora. «La de Sudáfrica, claro», me dijo como si debiera ser obvio. Pero la obviedad no es un término absoluto. «¿Y por qué la de Sudáfrica?», y la vendedora simpática me miró como se mira a un idiota profundo y me dijo: «¿sabes que hay una boda, no?». En ese momento supuse que la novia era sudafricana, le dije «ahm», y me fui to digno.

Los monegasgos tenían una explanada para ellos solitos donde el Príncipe les había invitado a un macrobotellón con champán y canapés. Mucha pamelita y mucho traje de los domingos, pero como lobos estaban todos empujándose en las barras; y es que, como ya hemos dicho otras veces, en lo gratis solemos sacar nuestros instintos más básicos. Así que yo, fuera de redil de los invitados ilustres, tuve que conformarme con las barras que habían puesto para los guiris extranjeros. Me tomé una cerveza por «curiosidad». Y mi curiosidad fue satisfecha: 7 €. Pero el «atraco» mayor era el de llevarse un «souvenir», ahí os dejo lo que valía una taza de café conmemorativa del evento (harto estoy de decirte que si pinchas en la foto la ves mejor).

Y empieza el concierto, o mejor, el espectáculo. Tienes que irte bien lejos del escenario para poderlo abarcar completo. Las siete torres cambian de aspecto, se visten de figuras geométricas y de dibujos. Una cámara con forma de yogurtera sobrevuela sin cables el inmenso escenario, como un ovni. Luces, láseres, fuegos artificiales, música sin género definido… parecía que te habías encerrado en una cabina de rayos UVA gigante después de comerte unos tripis. Qué mareo. Y qué chulo.

Fue impresionante, pero no por la música del Jarre,  con semejante despliegue si me ponen a mí con una pandereta la gente también se habría ido encantada (y quizá tú ahora estarías en Mónaco porque eso no te lo hubieses perdido).  Si ves este video a partir del minuto 3 te haces una idea.
Cada 15 minutos habían salido trenes con dirección a Mónaco durante todo el día, supongo que igual para los que venían desde Italia. Pero el regreso, a las dos de la mañana, no iba a ser escalonado. Miles de personas al mismo tiempo queríamos acceder a la estación. Y para evitar aplastamientos la policía cierra un pasadizo interior y nos hace subir por unas escaleras que bien pensé yo que veía algún infarto en directo.
Y no exagero cuando hablo de peligro de aplastamiento. La foto la hicé desde arriba, sale borrosa, pero podéis ver la altura que había que sortear por las escaleras y la multidud errante. Yo me acordaba de los que dan vueltas en La Meca y a veces mueren aplastados.
Al final del recorrido accedías al andén subterráneo  bajando  por unas escaleras mecánicas y la policía te indicaba que llegaras al fondo (a un lado la pared a otro las vías). Yo estaba en el fondo, medio axfisiao pero seguro, el andén ya estaba más que completo, pero los que bajaban por las escaleras mecánicas no tenían retorno; desembocaban sobre la gente que ya no tenía espacio para moverse, era como echar agua en un vaso que ya rebosa. Las vallas que guardaban la distancia de seguridad con las vías no parecían gran protección,  la policía gritó un par de veces …si llega a venir un tren en ese momento creo que salimos en todos los telediarios, hubiese sido como una estampida de búfalos por el tunel ferroviario. Como no vino os lo tengo que contar yo porque seguro que esto nadie lo ha contado. Así que la orgarnización, digamos que regular.
En el tren, de dos plantas y larguísimo, ibas como en el metro en hora punta. Aplastadito, me puse en la puerta para salir corriendo porque para volver a casa tenía que pillar una de las 12 bicicletas que hay en la estación de Niza. Salí impulsado por la presión de la multitud y me puse a correr a por una bici. Llegué justo cuando quedaban dos, casi al mismo tiempo una chica cogió la última y a los dos segundos llegó su amiga jadeando, y me sonrió como diciendo: «¿no me la vas a ceder?», y le sonreí como pensando: «ni de coña, bonita».

NICE

Bar Niza, Hostal Niza, Cafetería Niza, Pensión Niza… ¿me vas a decir que en tu pueblo no hay uno de estos? entonces será «Florida». En cualquier caso estos establecimientos son, normalmente, cutres y con el nombre querrán, digo yo, darle el carácter distinguido y elegante de la ciudad. El caso es que estoy un poco arrepentido de haber comparado Niza con Torremolinos, y nada tengo yo en contra de los torremolineros, pero oye, he de confesar que esta ciudad no es solo playa ni Lamborghinis chuleándose en el paseo marítimo.

Dejas la bici y siempre te viene algún guiri (preferiblemente ruso o alemán) a preguntarte que cómo coños se pueden alquilar, y con lo complicado que es el sistema lo mejor es que le digas que no sabes inglés (los guiris ricos no caen en la cuenta de que en Francia se habla francés)  y los dejas conmocionados y te pones a subir por unas escaleras que asciende hasta la Coline du Château. De castillo, la verdad, es que no queda nada, esto era un emplazamiento griego que luego aprovecharon los romanos y patatín patatán que ya sé que rollos los justos. El caso es que la panorámica de la ciudad es única. Por una parte el Puerto, por otro lado Le Vieux Nice (el casco antiguo) y la omnipresente Promenade des Anglais (pa ti y pa  mi, el Paseo Marítimo), sitio donde la gente viene a correr y a patinar ná más que para acomplejar a esa parte de la humanidad con cuerpos normalitos.

Bajas de la colina por un sendero totalmente agreste que si no es porque a lo lejos veía el mar hubiese jurado que en cualquier momento me aparecían los Pilones. Y entro en el casco viejo sin saber muy bien de donde ha salido la ciudad por no plantearme que de dónde he salido yo. Las callejuelas de la parte antigua te sorprenden cada pocos metros con palacios, iglesias barrocas, fachadas siempre coloreadas, y con un montón de gente en terrazas y bares que te reubica en el Mediterráneo. Y es que, a pesar del «glamour» cosmopolita que intentan vender, los nizardos (vaya gentilicio feo) se confiesan orgullosos de su esencia latina y mediterránea y a la mínima te sueltan que cocinan con aceite de oliva y con ajo.

Y ya camino a darte un baño, pasas por la puerta del Hotel Negresco, mítico hotel donde se ha alojado toda la Realeza mundial y las divas y divos americanos que quieren aparentar. Dicen que es el Hotel más bello de Francia y uno de los diez mejores del mundo (pa alardear, los franceses no tienen parangón). Pues bueno, por ahí pasaba yo (con mis bermuditas y mi mochila, camino a la playa) cuando aparcan unas furgonetas negras y se bajan un montón de guiris que vendrían de safarí o qué sé yo, el caso es que pensé que yo pegaba en aquel grupo, y como confundirme entre las masas es una baza que me suele salir bien… p´adentro con otras 30 personas.

Todos llevaban una chapita en la solapa (con su nombre y empresa, supongo que eran touroperadores) así que se me diferenciaba un poquito…para qué contarte que casi todos eran orientales. «Bueno, pues que me echen, pero las fotos las hago», pensé. En eso estaba cuando nos abren un salón y aparece un cocktail, y ya que estaba allí no era cosa de hacer el feo, así que me comí unas croquetas y un vaso de ¡¡mosto!! , sí, me equivoqué de bandeja. Y en esto que abren otras puertas dentro del salón en el que estábamos y aparece un salón mucho más grande con mesas preparadas para cenar. Y eso ya no, me cagué y me fui. Al salir, dos porteros vestidos de sota de oros me dijeron: «Buenas tardes, Señor», y creo intuir que me hacían una especie de reverencia. Recuerda, yo en bermudas.

Y antes de volver a casa, a la playa a darme un bañito que aún me dura el sofoco de subir la colina y de subir estamento. Por cierto, ni un granito de arena y el agua cristalina… que me está gustando este pueblo ¡

PALE 2011

Hace dos años creé este artilugio para hacer una Memoria Académica que al final resultó el mejor recordatorio de mis viajes. Pues bien, justo dos años después otra Memoria del PALE (Programa de Aprendizaje de Lenguas Extranjeras) me trae por este rincón del Mediterráneo. Resulta que yo ya había estado aquí con 20 años y acabé durmiendo en la playa…y me lo tuvo que recordar un amigo hace unos meses, así que ya ves que lo de la Memoria Académica me importa bastante menos que lo de mi Memoria personal (al igual que la tuya, en absoluto declive).

En este nuevo PALE me prohibieron salir de la UE por lo que nos quedamos sin destino exótico, y, puestos a elegir en Europa, te elegí la Costa Azul. Así que dejé los Sanjuanes a medias, con amigo en el hospital por asta de toro (recupérate chavalote, en agosto cambiamos el pádel por el parchis y tó resuelto) y me vine a enseñarte la Costa más pija de Europa.

Estaré por aquí tres semana aunque me temo que poco jugo le puedo sacar a las costumbres ancestrales de este país en el que casi me puedo empadronar este año; en el que me sé los estribillos de la música de moda y los anuncios de la tele; en el que, si se te ocurre fumar en la calle, 12 personas (más o menos) te pedirán con exquisita educación  un cigarro, «desolé» les dices, por no decirles que un carajo.

Así que a ver qué te cuento. Niza es como Torremolinos solo que en supercaro. Supongo que con esta precisa descripción (que nadie osará rebatir) ya tendría que dar por acabado este viaje. Pero no, algo más te enseñaré, aunque estoy en una ciudad en la que ayer por la noche (lunes) parecía nochevieja por el gentío que había por todos lados, además, hace un calor sofocante y vivo a 100 metros de la playa… uf, no sé yo si habrá muchas entradas al blog. De momento, para seguir la tradición de Montreal y Buenos Aires, me recorreré la ciudad en bici. Me he hecho socio de VéloBleu la compañía de préstamo de bicicletas. El paseo marítimo ya me lo sé así que en cuantito me baje de la bici y me meta en el casco viejo te enseño la ciudad.

Además, ya haré alguna excursioncilla a esos sitios que te gustan ver en el HOLA; ya te  presentaré a mis compas de Escuela (sin deperdicio); y … ¡ tachán ¡ el domingo me enteré que a 15 kms tengo Boda Real el finde, y recibo noticias de que no vienen los Reyes. Por si me leen en la Zarzuela: me pido para representación oficial del Reino. Espero confirmación.

Amsterdam (II)

Con los brazos cruzados y la mirada perdida en las sublimes pinceladas de «Los Girasoles»debo tener una imagen culturalmente impactante. Pero a estas alturas ya no os engaño, a mi también me gustaría disfrutar con el arte pictórico como aparentan que disfrutan los que abarrotan las salas del Museo Van Gogh pero… me aburro soberanamente. Sí, ya lo dije. Puedo tirarme 10 horas pateando una ciudad, viendo sus edificios, sus gentes, sus tiendas, cualquier detalle cotidiano me suscita interés, pero el cansino caminar de cuadro en cuadro me agota, me aturde, me desquicia. Bien que lo siento, no sé sacarles jugo a estas obras de arte, me debe faltar algún gen. Así que lo más me gustó del Museo de Vang Gogh fue la terraza de donde se veía el magnífico edificio que acoge al Rijksmuseum.

No pasa nada, ha sido lo único que no me ha gustado de la ciudad. Bueno, algunos precios tampoco. La pinta de cerveza de la foto en una terraza en pleno casco histórico costó 2,5 €, lo mismo que el billete de metro (el más caro de todas las ciudades que he visitado), igual el de tranvía. Así que nos hemos visto obligado a tomar la justicia por nuestra mano para reducir a la mitad el precio, a todas luces desorbitado, del transporte público  ¿cómo?…pues pagando una vez sí otra no, eso sí, sin ánimo delictivo,  simple reivindicación social. Este ánimo educativo también lo tienen ellos:
unos chavales de uno 18 años cruzan la calle con el semáforo en rojo, la policia les increpa no muy dulcemente (con 25 consonantes en cada sílaba) y, sabiéndose mirados por un público expectante (nosotros lo que más), vuelven a cruzar sumisos y resignados (y otra vez en rojo -paradojas de la educación policial-) para pasar en verde. Oh ¡, sin duda exclamaréis, qué magistral clase de educación cívica ¡, y luego posiblemente hagáis comparaciones por el previsible proceder que se esperaría de los mismos protagonistas en España. Pero ya sabéis que disfruto deshaciendo mitos: aquí los pasos de peatones se respetan ná más que regular, además, una vez esquivado el coche, puedes ser perfectamente arrollado por una bici; el metro está más bien guarro, con colillas incluidas; y las holandesas no llevan un cántaro de leche en la cabeza. Por lo demás, todo previsible.

Bueno, no todo. Anoche entramos en un tranvía y el cajero, también conocido como Farruquito, me preguntó si éramos italianos, no lo somos, pero debió pensar que los españoles también podemos ser mafiosos sin escrúpulos. Le di un billete (esta vez tocaba pagar)  y me devolvió, a sabiendas, más dinero que el que me correspondía, no me di cuenta, le pedi los tickects, él se reía y no me los daba, los retiraba de la mesa y me decía que ya estaba todo. Entonces lo comprendí: me reducía el precio a pagar a cambio de no darnos los billetes… los euros pa su saca. Qué cabrón el Farruquito. Espero que las autoridades holandesas lean este blog y sirva como denuncia de este personaje.

A pesar de Farruquito, la ciudad es muy recomendable. El centro histórico de Amsterdam se puede recorrer a pie, cada rincón es una parada para echar una foto porque todo te gusta, todo tiene buen enfoque (joder, no es por ná, pero peazo foto la de la izquierda). El Barrio Rojo es una experiencia inconcebible en otras ciudades, por respeto (y por temor a la multa) no hice ninguna foto de las chicas que se exhiben con descaro en los escaparates. En los Coffee Shops puedes pedirle al camarero en la misma frase un menta poleo y dos gramos de marihuana… y así es Amsterdam, tolerante con naturalidad, sin estridencias.
Algún día volveré. Afscheid ¡¡¡ … o hasta pronto, como mejor te salga.

Utrecht

Desayunar en el hotel cuesta 22 €, imagínate el bufé. «Creo» que estaba incluido en el precio…y ese verbo puede resultar, que lo sé, muy traicionero. Realmente el único que me lo ha garantizado (con gestos) es un camarero que después me ha dicho sin ton ni son: «el cóndor pasa» testimoniando así, eso cree él,  que sabe español. Tiemblo por lo que me pueda venir (cargado a mi tarjeta). En fin, que nos hemos puesto bien, sobre todo yo.
 Si te vas a una estación de tren donde no hay nadie que te atienda  sino unas máquinas expendedoras que hablan en neerlandés posiblemente te pasarán dos cosas de signo contrario. La buena es que como no te enteras no pagas, la mala es es que coges el tren en sentido opuesto al que querías. Esta última ircunstancia te obliga a bajar en una estación con gente, la de Shiphol, y allí ya te entonan hacia donde tú quieres ir (pero esta vez pagando). En el trayecto, en contra de lo que pudieras pensar, no hemos visto ni vacas, ni tulipanes ni molinos: ha sido un idílico transitar por polígonos industriales.
Utrecht es una ciudad que te suena por un Tratado que algún día estudiaste en historia pero del que hoy no sabes nada más que eso, que te suena. Está todo petao de gente porque no hace mucho frio, es sábado y hay rebajas. Lo más interesante de la ciudad es su catedral: hace años un huracán se llevo enterita la parte delantera, así que sólo queda la parte posterior y la Torre, tan grande que incluso puede haber ganado monumentalidad con el cacho que le falta por lo que el viento se llevó.

Si sigues el paseo posiblemente no pasará mucho rato antes de que llueva con fuerza, y como pasas por otra iglesia te acoges a sagrado y, sin venir a cuento, te topas con Zapatero en brazos de la Virgen María. Quizá en la foto no se recoge toda la esencia, pero ya te digo que ninguno de los presentes en tan inédita revelación hemos dudado de su identidad.
En Amsterdam hay bicis por todos lados,  en Utrecht sólo se ven circular bicis. Al menos en el centro. Es entretenido sentarse en una terraza y esperar a que el viento tire una bici para ver si el efecto dominó hace caer a todas las demás. Y con tan intrigante divertimento regresamos a Amsterdam.
Como ya no pillamos abierto el museo de Vang Gogh, hacemos comida/cena con el jamón extremeño porque, aunque aquí hay comida rápida (y barata) por todos lados, tenemos interiorizado el Síndrome de Noruega (donde un sandwich con una cerveza nos costó 30 euros), así que nuestro jamón nos acompaña siempre. En ese momento me encuentro ahora, todos los insensatos dormidos hasta la hora de poner dirección al desenfreno bullicioso de Amsterdam Night, y yo, que me debo a mi público, aquí con esta tarea. Mañana más.
PD. Me escribís al email diciendo que los comentarios no entran. Esto ya ha pasado otras veces, alguien me dijo algún día que desde su PC solo entran cuando le da dos o tres veces al «enviar», pues eso, si quieres… insiste.

Amsterdam (I)

Tienes poco tiempo para ver la ciudad, ya llevas cuatro horas pateando sin sentido sus calles, hace un frío del carajo, y la bruma se convierte directamente en lluvía…casi va a ser bueno hacer alguna concesión al turismo tradicional. Así que te metes con otros cuantos turistas en un barco que recorre los canales y que te da la verdadera perspectiva de una ciudad que, sin iconos monumentales, te asombra en cada rincón con su permanente aspiración a postal.

El barco estaba acristalado, y como bien sabrás por otras veces, si llueve en un cristal la visión a través del mismo no es todo lo nítida que cabría esperar del precio que has pagado por el paseo. Además los turistas empañan los cristales por esa costumbre tonta (y en este caso insolidaria) de respirar. Menos mal que la tecnología punta hace su aparición en forma de rollo de cocina que nos vamos pasando de proa a popa, y empezamos a abrir ventanas con explícito desprecio a la latitud y al mes en el que estamos. Y…vaya que sí, merece la pena.
A las 5 y media de la tarde ya es noche cerrada y no tienes más remedio que meterte en algún bar que se parece al de Cheers y después de un rato te sientes homeneajedo escuchando todo el plantel de rumba y Julios Iglesias que aguarda en todos los bares del mundo en espera de un grupo de turistas españoles.
Y después de otro rato el homenaje roza el delirio cuando te ponen Los Pajaritos, y ya casi que nos sentimos tan colegas que que insinuamos que nos inviten a la siguiente…y en este momento todo colegueo se evapora como un sueño al despertar.
No doy pa más, he dormido muy poco y la calle me espera. Esta noche, si eso, os saco otro rato y os enseño más cosas.

Amsterdam

Cuando supe que aterrizábamos en un municipio llamado Haarlemmermeer deduje que el neerlandés no iba a ser tan sencillo como tú posiblemente piensas. Así que, conociendo el plantel de acompañantes y su ¿precario? (por ser condescendiente) nivel de idiomas, me propuse estas navidades refrescar mi «inglés-pa-emergencias». Quedó en simple propuesta. Pero aquí estamos, confiando que a esta gente se les haya pasado el berrinche de la final de Sudáfrica y esperando que sean pacientes y, sobre todo, gesticulantes.

Como los «insensatos» son reincidentes profesionales se hace difícil introducir circunstancias sorpresivas. Casi milagrosas en este caso. Qué caritas se les ha quedado cuando hemos llegado a nuestro alojamiento y, en vez de toparse con una horda de desheredados compartiendo barracón en un albergue, se han encontrado con un Hotel de 4* con su sauna, su gimnasio, su desayuno de bufé, y sus camas de 2×2.
Y en marcha. Dispuestos a aprovechar cada segundo en estas tierras de canales, biciletas, quesos, tulipanes, molinos, marihuana, y escaparates de putas (creo que no me ha quedado tan poético como yo pretendía).

¡ Vístete, que nos vamos ¡

Esta moza que os pongo en la imagen expone gráficamente el bulto que puede representar vuestro equipaje. Nada de maleta llenas de «por-si-acaso», únicamente podréis llevar un equipaje de mano. Como esto ya lo habéis hecho más veces no os tendré que indicar que si queréis llevar más de lo que cabe solo tenéis que llevarlo sobrepuesto (evitad esta técnica con la ropa interior, resulta muy embarazoso).
Complementos playeros ni uno. Id abrigaitos que la primera noche va a ser larga, pero esta vez no llevéis mortadela ni sardinas: el destino es barato…este dato  fulmina vuestras previsiones, lo sé . Ah…si tienes dólares u otra moneda extranjera quizá los quieras usar para un posible canje.

Aquí tenéis la misma foto que os envié al email  vista desde arriba. Efectivamente, era una isla. No habéis acertao ni uno, es La Gomera…y eran los Santos Inocentes.

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