9. Montevideo (I)

Me resultaba demasiado complicado ir a Uruguay por mi cuenta y visitar Montevideo, así que opté por la solución fácil: contratar un paquete turístico. Pero sólo a medias: yo hacía el viaje por mi cuenta y ya en Montevideo me añadían al rebaño.
El Río de la Plata separa ambos países. Parece un río porque el agua no se ve azul sino tirando a marrón, pero en realidad es un estuario que se adentra en el continente hasta la desembocadura del río Paraná, allí el agua del mar se mezcla con la del rio, por lo que el agua no es dulce ni salada sino todo lo contrario. En la foto dejando atrás Buenos Aires.
Tras tres horas y medias navegando llegas a Montevideo, capital de Uruguay y del mate. En Argentina también se bebe mate, pero aquí es puro vicio. Señoras que van a la compra, ejecutivos con corbatas, parejitas de paseo… todos con el cuenco de mate en la mano (por cierto, yo pensaba que era un licor y resulta que son hierbas que saben un poco como a trébol de la piscina cuando te caes de boca en el césped -no sé si tendréis referencias de ese sabor, yo sí-). Y lo de las banderitas de la izquierda es para que sepáis que esta gente le está preparando una entrada triunfal a su selección por haber llegado a semifinales, y como había  algunas banderas españolas en los balcones, yo les devuelvo el favor mostrando la suya en mi blog.
Llegas a la ciudad con ganas de conocer a tus acompañantes. Me toca en un autobús con un grupo de 15 brasileños. Nos paran en una plaza bastante chula y nos dejan diez minutos para la foto. Sin embargo, en la siguiente parada podemos «disfrutar» de 60 minutos: una tienda de souvenir (según el guía: una fábrica de artesanía). Respiro hondo.
Los 15 brasileños, todos/as con sobrepeso más que moderado, se compran sacos de patatas fritas y varias botellas de cocacola de dos litros y se pasan el día comiendo dentro del bus como auténtica piara. Respiro hondo varias veces más.
El guía, para complacernos a todos, habla en español y en portugués, pero a la vez. A veces el crujir de las patatas lo interrumpe y tose como diciendo: «sois unos cerdos impresentables», pero los brasileños no lo pillan. Casi todo lo dice en español pero con marcado acento portugués y de vez en cuando dice a la «dereita» o «muitos» y así los brasileños se creen que habla en portugués y se quedan tan felices…aunque pa mí que no le están haciendo mucho caso y su felicidad proviene de que alguien ha abierto otra bolsa y esperan llenar de nuevo sus manos ya grasientas.
Mañana, o cuando sea, os enseño Montevideo más detenidamente, pero antes tenía que contar la experiencia de mi viaje organizado. Como diría el guía: ¡ nunca mais !

8. Saboreá Argentina

Cuando salgo de España intento probar comida del país, a veces con inusitado sacrificio para mis papilas gustativas.  Argentina era baza segura en este tema, aquí tampoco tienen la triste costumbre de matar los sabores con miles de especias, que es lo que hacen en casi todos los paises que he visitado. Realmente las parrilladas argentinas no difieren mucho de las de los domingos con mi familia, así que como en casa, por tanto genial. Por el equivalente a 5 € te puedes jartar en restaurantes con camareros vestidos como tales y en locales chulos.
Lo que ha sido un verdadero hallazgo es la pasta: yo en Italia no he comido pasta tan rica como aquí…y eso que en una ocasión estuve 8 días en Génova comiendo y cenando pasta de todos los colores (alguno de los que estáis leyendo sufristéis conmigo tan espantosa y cansina experiencia).
De pasta no tengo fotos, eso que veis a la derecha es un plato con harina de maiz, que ni sé cómo se llama ni qué más contenía (el camarero tampoco, eso me inquietó), pero estaba rico.
Y de postre…Buenos Aires tiene unas pastelerías que quitan el hipo, es sacrificado caminar por Corrientes y no meterte en todas ellas, e intentas resistirte porque eres consciente de que acabas de desayunar hace un rato… pero la tentación te supera.  Te dan ganas de comprarte uno de cada pero como en el fondo soy medio racional sólo me compro uno, eso sí, el más grande. Opto por un pastel muy típico y con una pinta a chocolate negro buenísima. En la  foto parece mucho más chico de lo que era, y pesaba más que bastante. Como curiosidad diré que te lo servían en un mostrador, te lo envolvían y te decían el precio, pero sin ticket ni nada, y cuando salias le tenías que decir al de la caja (bastante alejado de la barra y con muchos clientes de por medio) cuánto costaba lo que llevabas y te cobraban lo que tú decías. Uno que es honrado dijo lo que le habían dicho, pero me acordé de algunos/as de vosotros/as con un paquete de docena y media de pasteles…
Bueno, a lo que iba, le das el primer mordisco con ansia y…joder, qué cosa tan asquerosa. Era una especie de perrunilla bien mantecada con tres cms de crema de caramelo dulcísima y bien compacta que provocaba empacho inmediato. Pero ya que habías sido honrado y habías pagado lo que costaba te lo acabas con terrible esfuerzo, y al rato te tienes que ir para casa y te metes al baño rememorando la masa explosiva que te acabas de tragar a ver si con las naúseas que provoca su recuerdo vomitas lo que tienes dentro. Pero tanto asco me da la idea de volver a ver, aunque molidos, sus componentes que decido tan solo tomarme un almax (para mí tampoco ha resultado agradable contaros esto, pero es lo que hay).
…me acaba de decir la novia de mi casero que estos dulces suelen ser pequeñitos, y que si era grande es porque también se venden como postre para comida familiar…nos ha jodío ¡

7. illa, illa, illa…ESPAÑA maravilla !!!!!!

Mi bufanda recorrió media explanada de San Martín de mano en mano.
Seguro que en España esta siendo un acontecimiento y también me da pena no poderlo vivir allí. Aquí está siendo una experiencia inolvidable, y justifica que, por primera vez, la foto tenga alguna cara conocida (Señores Consejeros Delegados de Cruzcampo -que de seguro seguís este blog-, ahora que ya me conocen les dejo una propuesta: puedo pasear su bufanda por cuantos sitios del mundo tengan a bien destinarme. Sí, lo que estaban esperando: acepto su patrocinio) .

No tengo tiempo para escribir más, ya empiezo a estar ajustado de tiempo…y por “culpa” de la Roja tengo que volver a cambiar mis planes para el domingo.

6. Congreso y Recoleta.

Eso de tener la ciudad perfectamente cuadriculada parece que facilita las cosas, pues no, al contrario. Puedes llegar a la calle de destino…pero 5 kms más alejado del punto donde quieres ir. Y como aún no me manejo con las distancias en «cuadras» lo pago con ampollas en los pies. No hay curvas ni otras referencias, sales del subte y no sabes si tu calle es la paralela o la perpendicular, nunca sabes si vas o vienes. Menos mal que no soy de los que prefieren perder un riñón a preguntar una dirección, asi que me paso el día molestando a policias y peatones, y, en vez de molestarse, suelen soltarme: «¿vos sos español?» y luego, aparte de indicarme amablemente por dónde tengo que ir, me cuentan el lugar de origen de su familia.
Bueno, al lío. El Palacio de Congreso Nacional es un edificio impresionante, está ubicado en una gran plaza con una explanada con fuentes y estatuas que otorgan aun mayor monumentalidad al edificio. Un día de esto me voy a verlo por dentro, aunque ahora que me he vuelto a cambiar de alojamiento el Congreso me cae lejos, que era lo único que me caía cerca antes. Y todo lo demás me cae un poco más cerca, porque aunque el alojamiento estaba bien el barrio de Monserrat a Constitución no era lo más aconsejable, además no estaba en mis planes alojarme en un hotel. Me llamó uno de los que alquilan casa a turistas, que yo al principio rechazé porque en el mapa me parecía muy lejos, pero una vez aquí resulta que está mucho más céntrico que donde yo estaba. Fui a ver mi habitación y la verdad es que me gustó 100 veces más que el hotel. Aparte de ser más barato ahora ya estoy en plena inmersión argentina, y con guía privado que me presta la bici y me indica los colectivos que tengo que tomar sin tener que marear a toda la ciudadanía. Podés tener más información en la entrada nº6 si pinchás en la etiqueta de Montreal ¿viste que ya cambié, boludo? 

Vimos en la lección anterior, por lo tanto ya lo sabéis, que Recoleta es el barrio distinguido, elegante y pijo, el equivalente porteño al madrileño Barrio de Salamanca. En la Plaza de Francia (donde hay una estatua de la Libertad como la de NY pero más chica, regalo también de los franceses) suele haber espéctaculos y música en vivo, es un lugar de esparcimiento y, supongo, de retozo porque el césped es blandito y el parque acogedor.  

 Pero lo que más me impactó de Recoleta es su cementerio. Muchos de sus mausoleos han sido declarados monumentos históricos, y aquí traen a todas las visitas de Estado. La verdad es que impresiona. Cuando consigues dar con la puerta te rascas el bolsillo y otra vez piensas que los argentinos son, en este aspecto, tan tontos como los extremeños: todo es gratis. Te metes por las calles del cementerio entre mausoleos y panteones y asumes enseguida que te vas a perder. Y no soy el único:  las «calles» estrechas, los panteones enormes, a falta de GPS todo el mundo andaba preguntando cómo se salía de allí. Realmente no sentías la «angustia» de estar en un cementerio, porque es como un parque temático… un monumento a la estupidez humana, a lo absurdo, pero enfin, nosotros también tenemos lo nuestro con el Valle del enanito.

 
En las fotos muestro sólo dos ejemplos (por su sencillez y colorido) pero era imposible elegir quién consiguió fardar más con su última morada. Lo malo es ponerte a pensar en lo pretencioso, lo irracional,  y la miserable hipocresía de las familias que hacen alarde de sus bienes terrenales para conseguir, más que descanso,  la ostentación eterna…porque ni descanso ni leches que esto siempre está petao…pues ahora que se jodan oyendo todo el día: «¿vos sabés cómo salir de esto?»
Hoy he sacado la bufanda y los guantes, y la cosa va a más…eso por bocas.

5. Plaza de Mayo y San Telmo

No había señoras con pañuelo blanco cuando llegué a la Plaza de Mayo pero había un grupo de militares veteranos reclamando las Malvinas (no a mí). 
Pensaba encontrarme una plaza simbólica, poco más. Casa Rosada (sede de la Presidencia)  a un lado, catedral a otro, Banco Nacional, y otros edificios históricos hacen que la plaza supere con creces mis expectativas. De nuevo Bs As me sorprende, siempre gratamente. 

Y por fin, San Telmo. El corazón de Bs As, eso dicen algunos, otros prefieren considerarlo República Independiente de San Telmo (por cierto, cuando llegué os dije que vivía en San Telmo, mentira joía, yo no sabía ni pa donde estaba canteao). Aquí se establecían los ricos del pueblo  hasta que la fiebre amarilla asoló esta zona a principios de siglo pasado y  se trasladaron a lo que hoy es la zona más pija: Recoleta.

San Telmo constituye hoy un barrio bohemio que conforma el mayor mercado de antigüedades del continente. Cosa que a mí, entre tú y yo, ni fu ni fa. Así que mejor eliges un domingo para pasear por sus calles porque, aparte de antigüedades, te encontrarás con un mercado enorme. A diferencia de otros paises de América latina (África ni te cuento) aquí nadie te acosa para vender, los precios están marcados y no se regatea, y, a diferencia de  España, aquí no hay gitanos desgañitándose. Los vendedores argentinos son amables y muy educados, es decir, civilización a precio de ganga.

Y en San Telmo….el Tango. Puedes encontrarte gente cantando tangos en cualquier momento, sin pedir nada, simplemente van andando y cantando. Sólo bajan la voz cuando se encuentran con alguno de los muchos artistas callejeros que bailan tango en la calle…y así no provocan un Tango-mix de imprevisibles consecuencias.
¡ Vaya lío de piernas y giros ! creo que mejor no lo intento, necesito los dos tobillos sanos,  me queda mucho por patear.

4. La Boca.

Para «llenar» el área metropolitana de Buenos Aires tendríamos que juntar Madrid y Barcelona y al resultado añadirle Londres o París. Es decir, es inmenso. Aquí está la Av. más ancha del mundo (Av. 9 de julio) y también la más larga (Av. de Rivadavia, me ha dicho el locutor de la radio extremeña en Bs As que llega hasta el número 20.000. Y sí, hay una radio extremeña en Bs As, pero  ¡céntrate en lo que estamos !, bueno, la de Zarza no: esta gente me pregunta por tus padres y por tu familia y tienen un disgusto tremendo porque no te ubican, exijo datos).  A lo que iba, que Bs Aires es mu grande,  así que he pensado, si a ti te parece bien, que lo voy a ir haciendo por barrios, aunque quizá mañana cambie de opinión.

Empezamos por los inicios históricos de la ciudad y por uno de los barrios más pintorescos: La Boca. Te pillas el metro hasta que se ya no hay más, luego el colectivo hasta que te dice el conductor que ahí acaba la línea, y te ves en una dársena portuaria abandonada y te preguntas que qué pintas tú allí. En esto que llega un bus con turistas y me infiltro entre ellos, es fácil: sacas la cámara y te la cuelgas.  El barrio es atravesado por el Riachuelo, el primer asentamiento surgió en la «boca» de la confluencias del Riachuelo con el Rio de la Plata porque había mucha pesca, sobre todo pulpos (Aviso importante: la información ha sido facilitada por el el guía de la excursión brasileña a la que me adherí, así que lo mismo no eran pulpos…tratándose de un rio ya me extraña un poco). La singularidad del barrio la encontramos en el colorido de algunas de sus calles, esto es debido a que las primeras casas se hacían de madera y zinc y se aprovechaba la pinturas sobrantes de los astilleros, y como les quedó resultón pues siguieron con la faena, y ahora viene la gente a sacar fotos, así que el reciclaje de la pintura industrial en elemento decorativo fue un éxito comercial para el barrio, que, dicho sea de paso, es lo más cutrecín que he visto hasta ahora de la ciudad.
 

Los brasileños se meten en su autobús de turistas y yo me meto en mi colectivo (la cámara otra vez al bolsillo). Llegamos al mismo tiempo a la cancha de Boca: La Bombonera. Con la misma táctica de transformación en turista convencional me pego de nuevo al grupo, se abren las puertas del Estadio y tós pa dentro. Me sabe mal porque alguno se habrá quedado fuera: nos iban contando según entrábamos. Yo hacía el 32.

De vuelta al centro me encuentro con algo que ya había visto en Callejeros Viajeros o Españoles por el mundo (esos programas que tanto daño me hacen y que me incitan a hacer estas cosas en vez de irme a la playa): los paseadores de perros. Te los encuentras por toda la ciudad, y no me voy yo de aquí sin preguntar cuánta plata se saca por pasear un caniche al lado de un pitbull. Lo mismo me animo.

3. Waka, waka…

Argentina eliminada. Aquí no se lo esperaba nadie. Me fui a ver el partido a la plaza de San Martín (foto de abajo). La plaza haciendo la ola, todo el mundo cantando (a veces al compás), enfocan a Maradona y enloquecen, luego a los jugadores, impresionante con el himno…catarsis colectiva.
Que sepáis que los argentinos no son tan peligrosos: un grupito de tres alemanes con sus banderitas campaban en mitad del medio sin que les desollaran vivo, tan siquiera un puñetazo represivo y ejemplarizante.
En el descanso, temiendo que este fuera el último partido de Argentina, me voy al Obelisco. Otra pantalla gigante y otros miles de personas (foto izquierda; para haceros una idea de la pantalla pensad que el edificio que la sujeta tiene 11 plantas). De la euforia a la desolación en 90 minutos. Pues sí, me ha dado pena, es algo muy contagioso.

Me voy al hotel a por la bufanda de la selección, y me dejo la cámara de foto. España-Paraguay sin documentación gráfica. El Centro Extremeño caía demasiado lejos, así que me meto en la Casa de la Rioja que me cae cerquita, en este hemisferio como que lo del regionalismo no procede. Se estropea la tele antes de empezar el partido. Tomo el colectivo que me lleva de nuevo a la Plaza de San Martín. Estaba de nuevo repleta, aunq no tanto como en la foto de la derecha (partido de Argentina), ahora estábamos más centrados en el parque y todo el mundo sentado en el césped.
Pienso que será fácil distinguir a los míos: todos los que superen 1.65 cms. Yo tampoco sabía que los paraguayos constituían el grupo más numeroso de inmigrantes en BA. TODO el mundo paraguayo. Veo una bandera española, la lleva un catalán: su madre de Jaraiz, lo juro. Está con su compañero de trabajo, un madrileño, ambos llevan una semana en BAires, por eso no se han enterado dónde van los españoles a ver la selección (hay varias pantallas diseminadas por la ciudad).

También se une, como yo, una malagueña con su novio argentino. A los dos minutos una tinerfeña al refugio de la Roja. Seis personas, os aseguro que éramos seis personas los que íbamos con España: la pantalla está en una especie de anfiteatro en un parque, todos sentaditos, por lo que cuando los paraguayos atacaban con peligro se levantaba todo el mundo, y nosotros nos quedábamos sentados, y a la inversa. Así que nos significábamos claramente en las pocas ocasiones de peligro…y en los penaltis. Cuando falló Paraguay el suyo nos pusimos como locos, unos segundos antes (cuando lo pitaron) todo el auditorio estalló en palmas y vivas; cuando marcamos el penalti nos volvimos a exaltar, cuando lo anularon  todo el mundo se agarraba sus (diminutas) camisetitas y nos la mostraba a nosotros sacando pecho.

En ese momento alguien nos tiró una botella de cocacola de plástico (vacía) y le dio en la cabeza al madrileño, y ¡ sorpresa¡ el público increpó duramente al agresor con silbidos y repitiendo una durísima palabrota: «¡ maleducado ¡». Nosotros flipando. Se nos unen cinco mejicanos,  nos dicen literalmente que se vienen con nosotros porque «nos está dando pena». Aunque agradecemos su gesto, ellos no se levantan ni se abrazan formando un círculo como si fuésemos amigos de toda la vida gritando Goooool , y lo de Villa, Villa, Villa… En esto que viene el corresponsal de la COPE en BAires, y nos dice que después del partido suelen hacer conexión, y que si queremos salir en antena. Obviamente sí. Yo en la COPE ¡ quién me lo iba a decir !…nos aburrimos de esperar a que llamaran de Madrid, y al final disolvimos la concetración sin salir en las ondas. Hemos quedado para el miércoles, los que trabajan aquí han prometido enterarse dónde leches se reúnen los españoles para ver la selección.

Me he extendido y no os he sacao de turismo, pero es que no me quiero olvidar de lo sucedido esta tarde, además estas cosas me parecen mucho más interesantes que ver museos. Ha sido épico.

2. Vení y entrá a la Argentina ¡

Extásis líquido. Eso era, según un amigo, lo que contenía la lata de aceite que traía en la maleta, un encargo de mi compa argentina para un amigo suyo aquí en BAires. Sí, Mariel, tu lata de aceite suscitó un encendido debate sobre las leyes de la física y la posibilidad de que mi ropa acabara pringada de aceite de oliva Extra «La Chinata». El más alarmista vaticinó que la lata contenía droga y que acabaría (yo) en un penal de la Pampa. Para tu tranquilidad, y sobre todo para la mia, en la aduana no me hicieron ni puñetero caso. Aún queda la entrega de la mercancía y,  por si acaso, desde aquí proclamo al mundo mi inocencia.

Me decepciona un poco mi primer contacto con Argentina, de exótica regular: la radio del taxi hablando de la subida del IVA en España, a continuación Corbacho hablando de los datos del paro,  llego a Buenos Aires y me recuerda a Madrid; entro en una cafeteria antes de entrar al hotel y está el Bisbal con el Al-Andalus, y entro en el hotel y me encuentro una foto del acueducto de Segovia. ¿Pa esto tanta kilometrá?
Llego al hotel en el barrio de Almagro. Cegado por mi sorprendente enriquecimiento de los días anteriores, no me gusta y me voy a uno más caro, creo que estoy en San Telmo aunque no me hagas mucho caso. Y sin deshacer la maleta me tiro a la calle (metafórico).

Pateando al buen tuntún (mucho más entretenido que saber por dónde ando) me he encontrado el obelisco (a tu derecha) y con bastantes cosas más que iré mostrando de manera más ordenada en cuantito me centre. Cuando me he perdido del todo me he metido en el «subte» que es el primer metro que se construyó en el hemisferio sur, allá por 1913, aunque la línea que he tomado aparentaba mucho menos, de 1970 o así.

Por la Av. de Santa Fe, un bocinazo, dos, quince, cientos: un tremendo accidente, quizá una lluvia de ranas, o un meteorito de lejana galaxia, una explosión nuclear…. el estruendo cada vez se hace mayor. Pero la gente no parece asustada. Corro hacía un bar creyendo saber lo que pasa. En efecto: segundo gol de Holanda contra Brasil. Me quedo en el bar hasta finalizar el partido. Todos los coches (perdón, carros) pitando sin parar, la gente aplaudiendo en la calle: Brasil eliminada.

La jornada de mañana estará muy condicionada por el Mundial, y no supone un desperdicio de tiempo. El fútbol aquí es un espectáculo, una cita imprescindible. Lo de la foto era la tele de una peluquería en el partido de Uruguay, estampa que se repetía en los escaparates de todos los locales con televisor. Por tanto, mañana a las 11 de la mañana estaré en el Parque Centenario con todos los porteños.
El partido de España lo veré en lugar más apropiado, porque, por supuesto, también quieren ver perder mañana a España: esta gente por ganar el Mundial son capaces de vender a su madre (patria). A por ellos, oé.

1. ¡ Cosas que (me) pasan ! (incluye crónica suplementaria del segundo día)

Primer día.
Desde Buenos Aires… así debería haber comenzado esta entrega. Pero mejor os cuento alguna cosilla que han determinado que en estos momentos acabe de comer en un restaurante finísimo y esté acostado en una cama de 2×2.
Huelga salvaje en el metro de Madrid. Durante el trayecto en tren dicen que Madrid está colapsado. En una hora tengo que estar en Barajas. Pues, milagrosamente,  lo consigo…¿ya pensabas q había perdido el vuelo, eeeeh?. Me pongo a facturar.

Oigo en el mostrador de al lado que a una chica zarapastrosa le hacen una propuesta. No la acepta. A mí,  supongo que por mi distinguida elegancia (con la camiseta del HOY)  ni me preguntan. Propongo que me propongan la misma propuesta. Acepto sin pestañear. Y conmigo otros dos voluntarios: un argentino y un chileno. Nos llevan juntitos a ver el partido a un hotel de lujo, de esos con bandejas de comida interminable, neceser completito en baño, chicas rubias y sonrientes en recepción,  y piscina en plan Caribe (la foto desde mi habitación en el intermedio del partido -recuerda que si pinchas en ella la puedes ver en grande-)
Total, sigo en Madrid, me cambiaron el vuelo para hoy. Esta mañana he estado de guia turístico con mis dos inesperados acompañantes, el de Buenos Aires me viene bien porque va a buscarlo su hermana al aeropuerto y a mi me ha incluido en el lote de recogida. Ahora piscinita en el hotel con todo incluido. Y, para compensar las «molestias», viajaré en primera clase y …me han atizado 300 euros como compensación ¡¡¡.
Esta noche volveré a prestarme voluntario si hay overbooking. Es lo que tiene ser un tio comprometido, prefiero «molestarme» yo.  

Y esto empieza cojonudo, cambiando de planes ná más salir de la provincia. Promete.

Segundo día.

Claudio (el argentino) se retrasó en el hotel, llegó al aeropuerto y facturó sus maletas sin conocer la conversación que media hora antes habíamos tenido en el mismo mostrador Juan (el chileno) y yo:
– ¿Faltan plazas hoy?, dije sonriente a la chica del mostrador.
– Sí, varias.
– ! Pues no quedamos ¡ …Juan, que nos quedamos ¡
– Pero qué decís ¿Sos loco?
– Podemos aprovechar para ir al Palacio Real y al Prado ¡…y son 300 € más ¡
– Dale, nos quedamos ¡

Pero resulta que los voluntarios hoy superaban a las plazas, así que teníamos que estar atentos. En esto que llega Claudio y nos aturde con sus batallitas (pelin plasta sí es), y cuando vamos a ventanilla todos los voluntarios se nos han colao. Sólo sobra una plaza en el avión, Juan dice que él en Madrid se queda para conocer  el centro histórico (el primer día le hice un fantástico recorrido en un plano por el Madrid monumental: llegó a la plaza de España, le ofrecieron un tour al Bernabeu y allí echó el día), pero que si yo no me puedo quedar él prefiere irse (es Teleco en Amsterdam, quizá no le motive mucho el dineral). Resultado: me quedo yo. El trío iberoamericano se deshace definitivamente.

Hoy el grupito queda así: un asturiano, una pareja francesa, una señora peruana, tres maestras manchegas, una argentina y yo. Anoche cené con el asturiano, la pareja y la argentina. Nos bebimos 3 botellas de vino entre los cinco (en el restaurante finísimo), y brindamos por Aerolíneas y su exitosa demanda. Ahora hemos quedado para ir a la piscina y sopesar las posiblidades de hacernos voluntarios profesionales.

De momento solo os puedo poner la foto de los folletos turísticos y del plano de BAires  que me han dado mis amigas de Aerolíneas Argentina. Pero no os preocupéis creo que esta noche ya me voy porque nos ponen un JUMBO, por lo visto ahí cabemos todos, incluso los voluntarios (solidarios) con antigüedad en el cuerpo. Aunque es uno de julio…ya veremos.

Lillehammer

Anoche se produjo una escisión: dos insensatos (los más) después de llegar de Göteborg a las tantas se metieron en otro tren para allí hacer noche viajando hasta el Tren de Flam , un tren turïstico con muy buena pinta que va por un fiordo. El resto nos hemos ido al norte, casi al buen tuntún…un poquito documentados sí que íbamos, que el google hace milagros, y una moneda a cara o cruz hizo el resto.

Espectacular. Sólo salir de Oslo el tren se ha metido en bosques interminables y hemos ido a parar al lago Mjøsa, el más grande de Noruega…totalmente helado.  En el trayecto hemos acabado con las baterías de las cámaras de fotos. Han sido dos horas de ¡haaaala¡. Como se debería haber previsto, casi todas las fotos han salido movidas, y cuando llegamos al destino ya no quedaba batería en ninguna de las cámaras, así que hemos tenido que tirar de móviles (no del  mío, que si lo conoces sabrás que en vez de fotos sacaría una pintura rupestre).

Tan siquiera os puedo enseñar a unos pescadores perforando el lago para pescar, igualito en la tele. Total, la documentación un desastre.

Te sonará Lillehammer porque ya tienes una edad para recordar que allí se celebró en 1994 los juegos olímpicos de invierno. Es una ciudad pequeñita y superpija, a la orilla del Lago. Te metes en un restaurante y ves a un montón de noruegos bebiendo, comiendo y hablando animadamente, incluso a veces gritando. Y te tomas dos cervezas con un sandwich de pollo con huevos y patatas fritas y te quedas tan pancho cuando te dicen que vale 250 coronas (algo más de 30 €).

De vuelta, el tren se para antes de llegar a Oslo, dicen muchas cosas por megafonía, pero para nosotros el noruego es como para tí el afgano. Una chica supone (acertadamente) que no nos hemos enterado de nada y nos dice en español que ha habido una avería y que tenemos que tomar un bus. Al final volvemos en un minibus y sin indemnización y sin nada…para que veais que en todos sitios cuecen habas.

Mañana regresamos, esta será la última entrada de este viaje. Pero antes de irme no quiero dejaros con una idea equivocada de los noruegos. Sin contar los que nos riñeron en el tren, TODO el mundo con el que hemos hablado siempre nos ha ofrecido una sonrisa de oreja a oreja y una paciencia digna de salir en este blog (el que nos informaba en la estación de tren de Oslo a puntito ha estado de invitarnos a la comunión de su hija). Así que el único «pero» es que es tan caro como dicen y te cobran hasta por mear (10 coronas, concretamente).

Y nos vamos a tomar una cervecina, que es Jueves Santo y seguro que vemos alguna procesión.

Y si quieres… ! hasta la próxima ¡

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar